Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

Sobre la libertad (III): la libertad y lo político

La libertad va más allá del solo hecho de hacer y de ser sin interferencias del Estado o de terceros. Existe un aspecto de moralidad sociopolítica que, ante el pluralismo de las comunidades modernas, se vincula con una dimensión distinta de la libertad.

Para que la cooperación social sea posible, y la justificación de lo que resulte de la cooperación sea aceptable, es necesario que los sujetos tengan una particular consideración mutua en sus relaciones. Esta consideración parte de la idea de libertad, y por ende de la igualdad. En el caso de la libertad, esta es relevante para lo político y sobre todo para la razón pública, que supone “una idea de reciprocidad en que los participantes se ven mutuamente como personas libres e iguales”.

Como plantea Rawls (2012:43), en una comunidad se concibe a las personas como sujetos que participan en la cooperación social bajo un estatuto de libertad e igualdad. Como participan en la cooperación en plena libertad e igualdad, tienen la capacidad de poseer un sentido de la justicia y la capacidad de poseer una concepción del bien. Al poseer estas facultades por sí mismas, las personas no solo son capaces de participar en la cooperación social, también de honrar sus posiciones y compromisos para hacer posible dicha cooperación.

Nadie más, ni ningún otro, puede ser quien interprete o imponga las reglas morales que una persona tenga respecto a sí misma.

Entender a los sujetos como libres,es entenderlos como personas moralmente libres. Según Gerald Gaus, esta idea de libertad implica que los sujetos son los jueces de su propia moralidad, es decir, que las personas se consideran gobernadas por su propia moralidad. Nadie más, ni ningún otro, puede ser quien interprete o imponga las reglas morales que una persona tenga respecto a sí misma. Además, esta concepción política y moral de la libertad tiene una faceta paralela importantísima, y es que entender a una persona como libre es entender que no está sometida a la autoridad o voluntad moral de otro; los juicios de los demás no tienen una autoridad natural sobre los juicios de la persona que es libre. (Gaus, 2012: 16).

De modo que considerar a las personas libres, es reconocer el hecho de que son soberanasa la hora de interpretar sus juicios morales por sí mismas; y si se les reclama paraque se adecuen a juicios distintos a los suyos, sería un irrespeto a esa libertad. Asimismo, como son libres, son capaces de cambiar la concepción moral que tengan del bien las veces que entiendan en base a buenas y válidas razones. Gracias a esta facultad, nos enseña Rawls, la identidad de las personas no se pierde con el paso del tiempo, lo cual es esencial en la cooperación sociopolítica que requiere la constante interacción con otros seres libres e iguales; y la actualización de su concepción moral de la justicia y del bien, en su desenvolviendo sociopolítico, ayuda a la estabilidad y ala no petrificación de la cooperación.

La cooperación social no sería posible si los participantes no son libres (e iguales): no podrían llegar a acuerdos ante la ausencia de una consideración política y moral previa que permitan a las personas justificar públicamente sus razones para que otros pueda endosarlas. Si no son libres, entonces, no están en posición alguna de tener ventajas sociales derivadas de la cooperación, como tampoco poder dictarse así mismos las reglas que gobiernen su propia moralidad. Libertad política inicia donde la persona no está sometida a la autoridad de otra persona, y este estatuto debe ser mutuamente reconocido.

Además, en el ámbito de las relaciones socio-políticas, la libertad (e igualdad) alude también la existencia de una autoridad mutua (Gaus), es decir, no como dominación de uno sobre otro. Aunque un sujeto no puede tener una autoridad sobre el otro, sí puede existir una autoridad mutua o relacional que permita el intercambio de reclamos o razones que hará que uno termine por aceptar al otro o viceversa. En efecto, la autoridad mutua refleja un estado de libertad e igualdad en la cual podemos presentar reclamos ante el otro, pero que este último aceptaría o endosaría esos reclamos sobre la base de buenas razones que así lo motiven a ello.

En consecuencia, la libertad no solo es para ser y hacer; la libertad es el punto de partida, junto a la igualdad, para la cooperación sociopolítica.

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