Un inicio legal

Me propongo hablar sobre temas actuales, pero desde el punto de vista de nuestras leyes, con lo cual busco que el gran público tenga una noción de que todo lo que le sucede está regulado por la Constitución y las leyes adjetivas, reglamentos y ordenanzas municipales.

Aquellos polvos, estos lodos

Hace ya unas semanas ocurrió en París, Francia, un hecho lamentable, la muerte de varios periodistas y colaboradores del semanario satírico Charlie Hebdo, por parte de una célula de ciudadanos franceses pertenecientes a Al-Queda.  Dicho acto, condenable como hecho en sí, fue la consecuencia del constante irrespeto por parte del semanario y sus directivos a las creencias religiosas de los musulmanes y de su máxima figura el profeta Mahoma.

Pero esa situación de enfrentamiento entre europeos y musulmanes no tiene su génesis en las publicaciones del semanario, sino, por el contrario, en hechos que se vienen dando desde mediados del siglo XIX, cuando los primeros se adueñaron del antiguo Imperio Otomano y se repartieron sus posesiones como las ropas del nazareno que relata la Biblia, en el famoso acuerdo  Sykes-Picot, concluido en mayo del 1916, mediante el cual “Los franceses administrarán directamente una zona que se extiende desde el litoral sirio hasta Anatolia; Palestina será internacionalizada (codominio franco-británico de hecho); la provincia iraquí de Basora y un enclave palestino alrededor de Haifa estarán bajo la administración directa de los británicos; los Estados árabes independientes confiados a los hachemitas serán divididos en dos zonas de influencia y de tutela: una al Norte, confiada a los franceses; otra al sur, confiada a los británicos. La línea denominada Sykes-Picot, que divide el Medio Oriente, debe permitir también la construcción de un ferrocarril británico de Bagdad a Haifa. Rusos e italianos aprueban este acuerdo, del que los hachemitas sólo reciben información velada y confusa”. (Cómo se repartió Oriente Medio, 1916-1920, Henry Lauren, Le Monde Diplomatique. 2003).   

No puedo ser Charlie pues entiendo que las creencias y religiones de los pueblos y los símbolos que las representan deben ser respetadas, aun no comulguemos con ellas.  No puedo ser Charlie porque eso significaría ir en contra de mis principios democráticos

Es bien sabido que el reparto se hizo con el único fin mercurial de procurarse el petróleo de Oriente Medio, por lo cual su población, costumbres, tradiciones y religión les ha importado un bledo a los europeos, y muy especialmente los franceses y los ingleses. Al discurrir el tiempo, los países musulmanes han tratado de cohesionarse en torno a su religión, que es el lazo común que los une, pues  en esa zona del mundo, otrora centro  político, de comercio y del saber, convergen varias naciones, y por ende, diferentes tribus que las forman.  El irrespeto a su religión y a su máxima figura por parte de los  periodistas franceses es una afrenta más de los galos hacia los musulmanes para mantener el estatus quo y seguir con la explotación de las riquezas de esa zona del mundo.

El Estado francés resolvió el atentado aplicando la misma fórmula radical de los perpetradores, en otras palabras, aplicando la famosa Ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente, en vez de hacer ingentes esfuerzos por capturarlos vivos, someterlos a un proceso legal y que sea la justicia francesa la que determine la suerte de los asesinos.  Esta demostración de salvajismo y fuerza bruta, traerá consecuencias nefastas para los franceses, pues en vez de apaciguar la furia de los musulmanes más  radicales, que los ven unos usurpadores de sus tierras, lo que han hecho es echarle más leña al fuego.

Esa conducta agresiva y despiadada a acompañado de los hijos de Robespiere y Fouché  desde hace mucho siglos, pues aun está fresca en la memoria insular del Caribe la forma en que crearon su colonia de Saint Domingue (hoy Haití) y luego su humillante manera de reconocerles la independencia, ahogándolos en deudas hasta el sol de hoy; sus cruentas conquistas de varios pueblos de África, como Argel, para solo poner un ejemplo. Además, para que no se olvide, los franceses e ingleses fueron los que incitaron el inicio del conflicto en Vietnam, pero cuando vieron que el negocio se les iba de las manos, le dejaron el muerto a los estadounidenses, quienes en esa época, neófitos en los asuntos de geopolítica mundial, cargaron el San Benito  de la derrota ajena.

Que no esperen los franceses y los europeos en general que esos grupos radicales les van a responder con flores las balas que les tiran.  No seamos ingenuos, pues la época en la que muchas de esas tropelías se hacían y nadie se enteraba, por lo distantes de los lugares, ya han pasado.  Hoy día la información llega en segundos a todo el globo, gracias a las nuevas tecnologías de la información.  El mundo está cambiando y el nuevo orden mundial se resquebraja a los pies de los señores que se creían dueños de la verdad absoluta, pues como dicen en el campo dominicano, esas lluvias traen estos lodos.

¿Por qué no puedo ser Charlie? No puedo ser Charlie para respaldar a un gobierno y a un pueblo que lo respalda, que ha creado toda clase de conflictos en oriente medio para llevarse sus riquezas. No puedo ser Charlie para apoyar que se asesine a los asesinos de los periodistas irreverentes.  No puedo ser Charlie para sentirme satisfecho por apoyar una causa que involucra a los explotadores de muchos pueblos del mundo.  No puedo ser Charlie pues mientras en París marchaban por la muerte de 11 franceses, el resto del mundo callaba ante la masacre en Nigeria de más de 2,000 seres humanos.  No puedo ser Charlie porque no me da la gana de que otros piensen por mí y me digan como debo actuar.  No puedo ser Charlie pues entiendo que las creencias y religiones de los pueblos y los símbolos que las representan deben ser respetadas, aun no comulguemos con ellas.  No puedo ser Charlie porque eso significaría ir en contra de mis principios democráticos.

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Sobre el autor

Abogado de profesión graduado de la PUCMM, con posgrado en Derecho Procesal Civil y Diploma de Estudios Avanzados en Derechos Fundamentales de la Universidad Complutense de Madrid, catedrático de Derecho en la PUCMM, árbitro de las cámaras de Comercio de Santo Domingo y Santiago y un dominicano convencido del potencial de nuestro país.