Desde La Habana


Blanqueando a Batista (III)

La movida del blanqueamientotambién incluyó a Rubén Papo Batista, uno de los hijos del General, y hasta a una escritora con sede en París, quien después de publicar un texto con pretensiones ex catedra (“La verdad sobre Batista”) anunció al gran público una novela que abarcaba “desde Quintín Banderas hasta la muerte de Batista". Se trata de una persona a quien la palabra Política, así con mayúsculas, profesionalmente hablando, le queda demasiado grande como para ser tomada en serio. Brevemente, dos botones de muestra de esta peculiar relectura.

El primero, por supuesto, es de Zoé Valdés,  quien de entrada  se delata a sí misma: “la figura de Batista comienza a engrandecerse. Comparado con Castro, no fue el dictador que se dijo, hizo mucho bien a su país y vivió un exilio digno hasta su muerte”. “Fuerte cosa es” --dijo Goya, como lo estampó Alejo Carpentier en El Siglo de las Luces. O tal vez mejor aún: “el lobo se nos disfraza de cordero”, según sentenció el Esteban de los capítulos finales. Y pudiera añadirse, ya no sin mucho asombro, que hasta llega a presentarlo  como un estadista de talla mundial porque, según nos propone, Batista “fue admirado por personalidades del mundo entero, entre ellos el presidente Franklin Delano Roosevelt”. Antes, había asegurado a los lectores del periódico El Mundo que el morador de “Kuquine” había llegado adonde llegó “gracias a una formación autodidacta, gracias a la lectura y a su inmenso deseo de sabiduría y a su amor por Cuba”. Hay amores que matan, como en el bolero. Es cierto que leía textos de Historia, Geografía y Ciencias Sociales; pero derivar de ahí su condición de “hombre de éxito”, como si se tratara de una suerte de Pericles local, es tan light que equivale a levantar un abismo entre los papeles y la realidad.

Si por “bien a su país” se entienden construcciones e infraestructura, ya se sabe que ciertos dictadores suelen ser modernizantes. Eso lo determinan las circunstancias, el “estado del arte” del capital y en nuestro caso, además, la mano del vecino y ciertas asociaciones con los zares de los casinos, el juego y sus correlatos. Gerardo Machado había llegado al Palacio con el eslogan de “agua, caminos y escuelas” y mandó a construir la Carretera Central y a reprimir y a asesinar. El que ahora nos ocupa continuó, entre otras, con el Túnel de Quinta Avenida, el Havana Hilton, el Hotel Riviera y hasta le entusiasmaba la idea de levantar toda una línea hotelera en una zona del Malecón, y más allá, en contubernio con Meyer Lansky, con quien desde antaño se había aliado para sacarle jugo al trapiche, bañarse y salpicar sin dejar de sonar el cuero cuando lo entendió necesario, lo cual se tradujo en la tortura y el asesinato a mansalva de una juventud que había decidido cambiar la vida, aunque le tocara morir en el intento.

Lo interesante, sin embargo,  es acceder en Internet a las reacciones de los usuarios en algunos blogs de asuntos cubanos, no necesariamente ubicados a la izquierda del espectro. Un lector anglo, por ejemplo, dice en Amazon.com sobre la biografía de Argote: “el autor es muy pro-Batista, pero levanta algunas perspectivas interesantes sobre el hombre”. Otro es un bloguero presumiblemente español y obviamente muy claro de lo que se trata:

Parece que ahora le toca a Cuba. La reescritura de la Historia es algo saludable y beneficioso, siempre y cuando se trate de corregir equivocaciones y salgan a la luz datos que clarifiquen conocimientos. Lo que estamos viviendo en estos meses, primero con el artículo de Vargas Llosa sobre el Che, y ahora con el de Zoé Valdés sobre Batista, no pertenece a esta modalidad. Son, en el mejor de los casos, pura propaganda (…) No podemos olvidar que en España hay mucha gente que se crea una opinión leyendo diarios como El País o El Mundo. Este es el público a que está dirigida esta basura mediática.

Este otro es de un cubano de la Isla, quien afirma:

Intentar reivindicar a un criminal horriblemente salpicado de sangre; intentar reivindicar a Fulgencio Batista, el hombre que estaba permitiendo que Cuba fuera convertida en un Estado de corte delictivo, en el que todo fuera permisible para los proyectos del hampa norteamericana y todo tipo de opresión (…) es ofender la dignidad humana, la justicia y la verdad.

El segundo botón era un poco más sofisticado. Estaba a cargo de Rafael Rojas, a quien  la palabra “política” no le es ajena, porque sí la ha estudiado a fondo desde instituciones mexicanas y norteamericanas. Emprendía la tarea de re-visitar a Batista con un patrón cognoscitivo y no gruesamente ideológico, aunque al final del día lo que se quería botar por la puerta le acabara entrando por la ventana. Según su perspectiva, el análisis de Alberto Lamar Schweyer sobre la caída de Machado resultaba también válido para explicar la de Batista, debido a tres razones: 1. “El malestar de la clase media (…) 2. La formación de un nuevo ejército y (…) 3. La intromisión de los Estados Unidos. Esa idea del libro Cómo cayó el presidente Machado (1934)” --dice a modo de hipótesis-- “podría ser la clave para entender lo que sucedió en diciembre del 58 en Cuba: entonces también hubo una clase media inconforme, un nuevo ejército, un dictador abandonado por Washington y una revolución popular y bien vista en los Estados Unidos”. Pero el paralelismo, que no deja de ser interesante, hay que hilarlo más fino, entre otras cosas porque excluye que la burocracia norteamericana apoyó hasta último momento a la dictadura y luego se movió en el tablero, con sus peones internos, para tratar de “modular” con la tercera fuerza el triunfo final de los barbudos de la Sierra: ni Castro ni Batista. Suspendieron el envío de armas al tirano cuando el agua les estaba llegando al cuello, y todavía el mismo 31 de diciembre de 1958, en una reunión en el Departamento de Estado, consideraron las maneras de “impedir que Castro tomara totalmente el poder”. No era la América de Lincoln, sino la de Walker la que ahí estaba hablando.

Por su parte, Papo Batista le dijo a Emilio Ichikawa:

A mi padre lo hicieron casi una personificación del mal. Y el acoso fue internacional. La suerte es que ya hay historiadores desprejuiciados en el exilio, y quiera Dios que también dentro de Cuba, que pueden analizar los hechos. Esa objetividad ya la empiezo a sentir en el ámbito de la academia norteamericana. Se comienza a estudiar la época de Batista sin prejuicios.

Una declaración que, con el debido respeto a un fallecido, tiene todas las de un bluff, porque no se corresponde con la evidencia: excepto en el libro de Argote-Freyre, la academia norteamericana no se ha involucrado en este blanqueamiento y   ha visto a Batista con ojos más históricos, como lo puede comprobar quien acceda a las bibliotecas de universidades como Harvard, Yale y Princeton, a la Biblioteca del Congreso  y a los catálogos de varias de las más importantes editoriales que publican sobre Cuba. Era, obviamente, solo el intento de unos nuevos estenógrafos por echar nueva salsa al plato de Fulgencio, una verdadera afrenta a quienes estudian los procesos históricos con una cuota mínima de seriedad y rigor, aunque no siempre se compartan todos sus puntos de vista.  Escuchemos por última vez a Zoé, quien al menos en esto muestra alguna residencia en la Tierra: "Tampoco es un fenómeno masivo, somos dos o tres interesados nada más”...

Demasiados sicarios de dril cien. Demasiados jóvenes tronchados en su flor.

El pájaro lindo de la madrugá no tiene blanqueamiento posible.

Voló del nido del cuco desde el campamento de Columbia.

De una vez y  para siempre.  

 

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.

Sobre el autor

Alfredo Prieto - Escritor, investigador, editor y periodista cubano. Graduado de Lengua y Literaturas Hispánicas, trabajó,entre otras instituciones de reconocida solvencia acadèmica, en el Centro de Estudios sobe América (CEA) como jefe de redacción de Cuadernos de Nuestra América e investigador de su Departamento de América del Norte. Actualmente labora en Ediciones UNIÓN, que publicará próximamente su libro Ensayos para 7 Días.