Palabras profanas


La agitación nacionalista, un callejón tenebroso

 “Si no fueran tan temibles nos darían risa.

 Si no fueran tan dañinos nos darían lástima”.

Joan Manuel Serrat

Desde las redes sociales llegan noticias de una inminente invasión. El territorio nacional se encuentra rodeado por ochenta acorazados de la marina haitiana y cuatro portaviones cada uno equipado con decenas de cazabombarderos. Al oeste de la frontera, hay todo un ejército con tanques de última generación e innumerables convoyes preparados para desplegar soldados altamente preparados. Existe un plan para socavar la infraestructura vial, eléctrica y comunicativa en dos días, además de rumores de que importantes funcionarios dominicanos son en realidad espías del gobierno de Haití. La soberanía, la patria misma está corre peligro, el país puede ser tomado en cualquier momento.

Se trata de un nacionalismo sin proyecto de nación, sin agenda y sin otra propuesta que la fobia.

O eso es lo mínimo que podría estar sucediendo a juzgar por la alarma nacionalista que cada vez suena más alto y que no quiere dejar que se escuche otra cosa. Es la bulla que alimenta y se alimenta de los más atrasados miedos en la psiquis  dominicana, que no razona, solo grita; que no analiza, asume; que no dialoga, amenaza; que desinforma y confunde. El nacionalismo, con sus nuevos elementos, va dando una interpretación de la historia que requiere ya menos raíces con claros matices mitológicos y de una instrumentalización religiosa. Ya pasó del discurso de la “invasión pacífica" al de "guerra de reconquista". Quieren un enemigo y están dispuestos a manufacturarlo como sea.

El nacionalismo ha venido revoloteando las fichas y trastocando los jugadores, cosa no muy difícil en el tablero de ajedrez de la política dominicana donde en vez de cuadros definidos los colores se mezclan como en un cuadro de Pollock, por lo que son difusas sus formas ideológicas. Se trata de un nacionalismo sin proyecto de nación, sin agenda y sin otra propuesta que la fobia. Su  único punto de confluencia es el odio, con el cual intenta unificar al país contra un adversario pero sin tocar la gran desigualdad que separa esta sociedad.

No hay dudas de que es un discurso muy conveniente para mantener en vigencia a viejos zombies

Esta oleada es peligrosa, aparte de por la irresponsabilidad de sus llamados a la violencia y a ocupar trincheras hediondas, porque desvía la atención de los verdaderos problemas nacionales, olvidando sus principales causas. Así la inseguridad nacional ya no se debe a la  falta de oportunidades y al grave involucramiento de las propias autoridades, sino a los atracadores haitianos. El colapso del sistema de salud ya no es por la falta de inversión, sino por las parturientas haitianas. El déficit habitacional de un millón de viviendas, ahora no es por la total falta de proyectos de vivienda social y por el alto costo del mercado inmobiliario, sino por la entrega de algunas casas por parte de un consorcio privado a familias haitianas. La situación de desempleo, bajos salarios y precarización de los trabajadores dominicanos no tiene nada que ver con la angurria del sector empresarial, sino con la mano de obra haitiana.

Si la campaña electoral gira en torno al “peligro de la invasión” hay muchas posibilidades de quien capitalice la agitación sean los peores sectores de la política dominicana. No hay dudas de que es un discurso muy conveniente para mantener en vigencia a viejos zombies del patio que cuando pudieron no aportaron una sola solución a los problemas nacionales y que, en muchos casos, son hijos directos de las dos grandes dictaduras.

Es un movimiento reaccionario particular: es la reacción de su reacción, dispuesto a morder su propia cola.Ese nacionalismo ciego solo puede llevar a un callejón sin salida y tenebroso en donde resulta fácil tender la emboscada de la sinrazón.                                          

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