El trazo y la grieta

Hay distancias que reverberan. Que nos acercan a cada origen conforme nos vamos alejando. Donde el espacio se nos ofrece como parámetro de identidad, reconociéndonos a cada paso. Que aquí se hilen las cuántas experiencias, que aquí.

Hasta nunca, Charlie Hebdo

Inédito el verbo que se presenta solo: sin contexto, sin lugar, dispuesto a todo. Enfrentándose al destino sin la mancha de la historia. Liberado desde siempre de su propia bisoñez. Criatura no nacida sino de su propia suficiencia, de la que se alimenta. Inédito el impulso desprovisto de sostén.

 “Cuando ya Cristino no servía ni para ordeñar una vaca, don Pío lo llamó y le dijo que iba a hacerle un regalo.”

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa se ha venido construyendo como un campo de concentración invertido. La Europa Fortaleza muestra cubista los dos torsos de la contemporaneidad. Hacia nosotros, la imagen martilleantemente soleada del Continente Resort, con mercado interno unificado en lo económico y libertades públicas en lo social. Canon institucional, medida en la historia de todas las cosas.

  “- Le voy a dar medio peso para el camino. Usté está muy mal y no puede seguir trabajando. Si se mejora, vuelva.

 - Mucha gracia, don. Quisiera coger el camino ya, pero tengo calentura.”

 También hacia nosotros timbrea insistente el peso de su razón: palizas sin marca en los Centros de Internamiento de Extranjeros, la espesura que nos dé el grueso de ese muro, cuchillas en la frontera orientadas hacia el sur.

Ambas realidades nos tienen que ser mostradas de una vez, una junto a la otra. Sólo así el paisaje adquiere todo su sentido. Realidades en singular, pues la protección ofrecida a un número invariable de ciudadanos temerosos de perder su situación de privilegio en el sistema internacional, y el mantenimiento de una zona de seguridad que aleje a los esperanzados candidatos carentes de todo menos de necesidad, son ambas plantas de un mismo retrato sin reverso.

Los atentados terroristas en distintos puntos de Francia, y en especial contra la sede de la revista satírica Charlie Hebdo, ha horrorizado a muchos pero sorprendido a pocos. Hace ya tiempo que venimos conociendo el creciente grado de crispación que las invasiones norteamericanas y de la OTAN (donde Francia ocupa un lugar principal) en el Medio y Próximo Oriente está generando en aquella gente. Con un mínimo ejercicio de empatía, hasta llegamos a comprender su pretensión de revancha. Si hacemos caso a las tres palabras que ondean irónicas en la bandera francesa, hasta apoyamos sin dudar a los orientales.

 “-Vea, don -dijo- aquella pinta que se aguaita allá debe haber parío anoche o por la mañana, porque no le veo barriga.

 Don Pío caminó arriba.

-¿Usté cree, Cristino? Yo no la veo bien.

-Arrímese pa aquel lao y la verá.

Cristino tenía frío y la cabeza empezaba a dolerle.”

Más extrañas son sin embargo las altisonantes y repentinas muestras de dolor por parte de muchos gobernantes a coro con los medios de comunicación. Como si este tipo de atentados y acciones violentas fueran desconocidos para el calendario. Memorable es el día que no sufrimos algún acontecimiento similar. Pero por alguna perversa razón, esta vez 12 muertes francesas valen y apenan más que las casi 1 millón que han dejado, y sólo es un ejemplo sin mayor trascendencia histórica, las invasiones de occidente sólo en las últimas guerras contra Afganistán, Irak y Libia. La OTAN ya cuenta con la ventaja de haber asesinado a tanta gente, que el número de 1 millón se hace etéreo, impersonal, insustancial frente a la concreción de 12 europeos blancos. Una vez más sólo la muerte blanca y cristiana vale este encoger de corazón con carácter universal. En la vida blanca y cristiana no está estratégicamente planeada sufrir la violencia por parte de un sujeto venido de lo exótico. Por enésima vez en la historia, sólo la piel oscura no es otra cosa que el lugar de lo geopolítico, y así debe seguir siendo.

“-Dese una caminata y me la arrea, Cristino -oyó decir a don Pío.

-Yo fuera a buscarla, pero me toy sintiendo mal.

-¿La calentura?

-Unjú, me ta subiendo.

-Eso no hace. Ya usté está acostumbrado, Cristino. Vaya y tráigamela.”

Con todo su cinismo malintencionado, la nueva propuesta absolutisma que es el fundamentalismo relativista pretende equiparar el discreto talento de oficina de unos dibujantes desconocidos y venidos a menos con la producción de una dimensión económica, cultural, política y espiritual de lo humano, como es el Islam, que aglutina a 1.500 millones de personas, la quinta parte de la población mundial. La desvalorización no es neutral. En occidente “la islamofobia es el antisemitismo del siglo XXI. Se está construyendo de la misma espantosa manera, en un calco histórico alarmante” a como hace un siglo se planificó la masacre institucionalizada de 6 millones de judíos (Brigitte Vasallo). El desprestigio recibe el rédito del apoyo de la opinión pública en coyunturas de crisis. A la Francia de la Modernidad y la Libertad, Voltaire y Sade le vienen como anillo al dedo para mantener su influencia sobre los países del Mediterráneo (al norte, alejando a Bulgaria y Rumanía; al sur dirigiendo Siria y Libia; Turquía como patizambo aliado principal). La Alemania de Carl Schmitt y la Inglaterra de Jeremy Bentham  favorecen la vigilancia completa sin las restricciones de una cuarta pared (los derechos humanos) que entorpecería los mecanismos de control social necesarios para mantener la seguridad y el orden establecido. Tres días le han bastado para un nuevo desembarco sin necesidad de orquestar. De repente se han visto libres de la molestia de la argumentación: “La Unión Europea reforzará el control de sus fronteras y de internet” (Abc.es 11/01/2015).

“-¿Va a traérmela? -insistió la voz.

Con todo ese sol y las piernas temblándole, y los pies descalzos llenos de polvo.

-¿Va a buscármela, Cristino?

Tenía que responder, pero la lengua le pesaba. Se apretaba más los brazos sobre el pecho.

Resonaron pisadas arriba y Cristino pensó que don Pío iba a bajar. Eso asustó a Cristino.

-Ello sí, don -dijo-: voy a dir. Deje que se me pase el frío.

-Con el sol se le quita. Hágame el favor, Cristino. Mire que esa vaca se me va y puedo perder el becerro.

Cristino seguía temblando, pero comenzó a ponerse de pie.

-Si: ya voy, don -dijo.”

Se nos muestra revelador que los mismos países que sustentaron su desarrollo tecnológico, industrial y cultural en el saqueo y dominación de grandes poblaciones durante los siglos XVIII, XIX y XX (Francia, Inglaterra, EEUU) promoviesen al mismo tiempo aquella idea de la libertad de expresión a ultranza por encima, apenas sin mencionar siquiera aquel otro derecho a ser respetado. Con aquel arrogante menosprecio al deber de respetar al Otro. Españoles y portugueses fueron buenos maestros. Y cuando aparece en escena en las constituciones fundacionales del XVIII el derecho a la libertad religiosa, ésta significa siempre en la práctica la libertad a imponer la propia religión, y en segundo término la libertad de que este estúpido piel negra acepte mi religión bajo algún tipo de ingeniosa amenaza.

“Paso a paso, con los brazos sobre el pecho, encorvado para no perder calor, el peón empezó a cruzar la sabana. (…) Don Pío lo veía de espaldas. Una mujer se deslizó por la galería y se puso junto a don Pío.

-No quería ir a buscarme la vaca pinta, que parió anoche. Y ahorita mismo le di medio peso para el camino.

Calló medio minuto y miró a la mujer, que parecía demandar una explicación.”

La libertad de expresión no puede tener limitaciones morales ni jurídicas, especialmente cuando nuestras cherchas van dirigidas a los saqueados y bombardeados de siempre. Qué poco sentido del humor demuestran, y ahí se expresa su salvajismo y falta de civilización, los pueblos a los que hemos dejado sin historia, cuando no nos agradecen que hayamos refinado nuestro desprecio, utilizando no ya la aspereza de la cruz sino las graciosas flechas de la ridiculización.  

“-Malagradecidos que son, Herminia -dijo-. De nada vale tratarlos bien.”

Las viejas dinámicas de dominio y discriminación se sirven intencionadamente de la ilusión de la ausencia de contexto. El gag, repetido una y mil veces, nos emociona en la tranquilidad de cuando no hay nada que entender. Nos regala el éxtasis y nos libera de la comprensión (Santiago Alba Rico). Si algo pueden los medios de comunicación contraponer a las todavía actuantes dinámicas de reproducción del dominio de amplias capas de la población mundial “periférica”, es la garantía de la narración. Soberanía se crea desde la mancha de la historia. Nuestra toma de la Bastilla, nuestro Palacio de Invierno pasa por mostrar la firmeza del hierro que da al encomendero sostén. La herencia familiar que da delicadeza a la mirada. El número de hectáreas que hacen posible la bondad.

 “-Te lo he dicho mil veces, Pío -comentó. Y ambos se quedaron mirando a Cristino, que ya era apenas una mancha sobre el verde de la sabana.”

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Sobre el autor

Andaluz afincado en Santo Domingo. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración y máster en Derechos Humanos. Se dedica a la enseñanza. Colecciona dinámicas de ruptura y continuidad social, a uno y otro lado del Atlántico. Lee a Simone Weill.