Mirando la Economía

Un espacio para tratar los problemas surgidos de la interactuación entre economía y sociedad, en especial los dominicanos.

El paso por las horcas caudinas del capitalismo

Las reformas para crear una economía de mercado en Cuba  tienen de frente a la ortodoxia revolucionaria, un difícil obstáculo que conspira contra el avance económico y el crecimiento del producto nacional cubano.

Con una población de 11 millones y un producto interno bruto cercano a los 75,000 millones de dólares, Cuba significaría el mayor mercado interno del Caribe y Centroamérica.

El deshielo con los Estados Unidos y el probable arreglo diplomático y levantamiento del bloqueo deben llevar a Cuba a acelerar las reformas.

Sin embargo, las reformas, económicas y jurídicas, avanzan a paso lento y en medio de crecientes obstáculos políticos y resistencia de la ortodoxia al cambio. La mejor expresión de la resistencia es el incumplimiento de los planes anuales que en materia económica elabora el gobierno. El crecimiento del PIB fue el 50 % de la meta.

Cuba requiere de esas reformas y del avance urgente hacia una economía de mercado, del tipo chino o del tipo vietnamita. La alta dirección política sabe que ya nadie regala premios multimillonarios, como en la era soviética. Y para beneficiarse del enorme poder de la economía china, de la rusa o de la vietnamita, en Cuba se precisa pasar a la economía empresarial y de mercado. Es lo que conllevan las reformas emprendidas en los últimos años.

El deshielo con los Estados Unidos y el probable arreglo diplomático y levantamiento del bloqueo deben llevar a Cuba a acelerar las reformas. Para tener una idea del atraso cubano en esa materia hay que valorar tres aspectos.

Uno es la inexistencia de un mercado mayorista en la isla que dificulta el desarrollo de las pymes permitidas y de la circulación, cada vez mayor cantidad, de los bienes agropecuarios producidos.

Un segundo aspecto es el pobre desarrollo bancario, del cual quedan excluidos los extranjeros, a pesar de la “cartera de oportunidades de inversión extranjera” que Cuba ha presentado al mundo. Para ello ha aprobado una larga legislación que si bien es un avance ante lo que existía, contiene muchas lagunas, ausencias  de seguridad para los negocios. No es casual que la zona de El Mariel sea un elefante blanco al que los inversionistas ven desde lejos, pero sin aterrizar. Y pudieran pasar muchos años viendo a ese elefante blanco. Si de verdad quieren inversionistas, la ley de inversión extranjera cubana debería aterrizar. No es posible que Cuba pretenda ser juez y parte en una disputa comercial con inversionistas extranjeros, como contempla la ley.

Pero no es lo único.

La ausencia de un sistema bancario transparente y ágil, donde las empresas y sus ejecutivos o propietarios, muevan sus operaciones locales e internacionales, a mi modo de ver, cierra la posibilidad de generar prisa para que el capital extranjero fluya a la isla. El bloqueo de Cuba por los  Estados Unidos, que controla los sistemas de swift bancarios, juega un papel directo para que Cuba no avance en materia bancaria. Sin embargo, el deshielo Cuba-EEUU y el fin del bloqueo abrirían la puerta para superar ese obstáculo.

Un tercer obstáculo para el rápido avance hacia una economía de mercado con participación de inversionistas privados viene de la mano de la ausencia en Cuba de un mercado laboral. En Cuba no existe la libre contratación y el Estado mantiene el monopolio,   es quien asignaría la mano de obra al inversionista que, obviando los dos obstáculos anteriores, se arriesgue a abrir una empresa allí.

Si usted necesita un ingeniero no puede elegirlo de una terna en base a la experiencia, estudios, etc. Debe aceptar el que el gobierno le envíe. Tampoco puede pagar al empleado sino al gobierno en un complejo e innecesario mecanismo que busca generar ingresos a este último.

Es cierto que Cuba tiene necesidad de mejorar sus  ingresos fiscales porque cada año arrastra un déficit del 6 % del PIB, pero mejorar los ingresos  fiscales de la forma que lo hace en materia laboral no es la mejor ni más inteligente decisión. Y el tema fiscal se agrava si observamos que se “resuelve” monetizándolo, mediante el truco de dos monedas nacionales.

En los últimos dos años, Cuba ha intentando ponerse al día en materia del déficit fiscal y dispuso cubrirlo mejorando los ingresos, emitiendo bonos y monetizando un tercio del mismo. Como el tema no se volvió a tratar en público, no conozco sus resultados, pero conociendo la economía cubana y sus dificultades para ir a una economía de mercado, emitir bonos y venderlos implica tener ahorros y superávits en algunos sectores (empresas y personas) que puedan comprar esos documentos emitidos por el Estado.

¿De quién es el ahorro disponible en los dos o tres bancos nacionales en Cuba? Es la gran pregunta.

Un país escaso de capitales para la inversión -por lo  que requiere de fuerte inversión extranjera para su desarrollo- que dedica sus menguados ahorros a cubrir el déficit del gobierno, tiene asegurado un pobre crecimiento del producto nacional.

Como se puede entender, Cuba requiere de profundas reformas, más allá de presentar una simple ley sobre inversión extranjera, pero también requiere avanzar en el proceso de reapertura en las relaciones con los Estados Unidos, lo cual facilitaría dichas reformas. Claro, del lado estadounidense hay decenas de proyectos privados listos para ejecutarse en Cuba una vez se supere esa fase, pero de ello trataré en otro momento.

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Sobre el autor

Doctor en Economía de la Humboldt-Universität zu Berlin. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de La Habana. Ha sido docente y funcionario en universidades dominicanas, consultor de empresas y organizaciones privadas, y fue vicegobernador del Banco Central. Ha publicado libros, monografías y decenas de artículos en medios del país y del extranjero.