Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

Animales No-Humanos: ¿Repensar el contrato social?

En términos simples, el contrato social parte de la idea de cómo es posible la sociedad en su organización política para determinar los principios bajo los cuales, en ciertas condiciones, nos desenvolveríamos socialmente o aquellos principios que estaríamos dispuestos a asumir en colectividad en circunstancias particulares.

La cuestión es que el contrato social, como bien nos indica Martha Nussbaum, parte de varias presunciones que hoy en día nos llevan a cuestionarlo críticamente en cuanto a: (i) la racionalidad de los sujetos; (ii) la exclusión sujetos con capacidades diferenciadas o con discapacidades, especialmente cognitivas; y (iii) la situación de los animales no humanos y su relación con los animales humanos.

La situación de los animales no-humanos no solo ha sido explorada desde el punto de vista de sus posiciones o pretensiones morales en su “eyección” hacia el espacio que compartimos y nuestros deberesKantianos con ellos, como lo exponenAdela Cortina y Christine M. Korsgaard; como también desde la dimensión política que lleva a cuestionarnos las bases de las relaciones socio-políticas en el contrato social, como lo estudia Martha Nussbaum. En los tiempos contemporáneos deberíamos preguntarnos si las fronteras de lo político deben ser repensadas y cuáles serían las consecuencias que esto tendría para nuestra idea del contrato social.

Existe un grupo amplio de personas que abogan por la abolición del comercio de animales, es decir, que las personas no deban pagar por animales no-humanos que desean tener como compañeros o mascotas

Desde ese dictum de Aristóteles de que la persona es un ‘animal político’, anclado principalmente en la capacidad de razonar del ser (base de la historia de la filosofía occidental), se ha querido excluir a los animales no-humanos.En un provocador artículo en el New York Times, Justin E. H. Smith nos habla de que existen elementos científicos que muestran que el concepto ‘animal político’ no puede ser limitado a los animales humanos, ya que los animales no-humanos presentan ciertas estructuras que pueden ser equiparables a una “polis” o bien a “unidades organizacionales” propios de los animales humanos.

De hecho, más que hacer la distinción, la filosofía política moderna trata de ver a los animales como un todo, dentro de los cuáles están tanto los animales humanos como no-humanos. La forma como hemos interactuado con ellos, incluso trazandoreglas de cómo la interacción es posible no es más que una forma adicional de incorporación social que se realiza de los mismos, de lo cual se derivan mandatos o deberes relacionales con ellos dependiendo del tipo de relación o socialización, tal como ha pasado, en cierto sentido, con la humanidad en su historia.

Evidentemente, no pueden ser equiparados los animales humanos con los animales no-humanos, las diferencias, más que notorias, resaltan en cómo nuestras relaciones se desenvuelven. En efecto, si queremos plantearlo desde la perspectiva Heideggeriana, el “ser” y el “ser-ahí” del animal humano dista mucho del “ser” y del “ser-ahí” del animal no-humano. Más aún, dentro de mismo grupo de animales no-humanos existen diferencias por las distintas formas de vida animal no-humana que se observan en dichas esferas: el “ser” y el “ser-ahí” de un gato, por ejemplo, no es igual que el “ser” y el “ser-ahí” de un perro, de la gallina o del caballo. Por ello hay que ser cautelosos de cómo se construyen categorías que implican vincular o anexar estas categorías propias de animales humanos (Ej. Derechos fundamentales).

Pero, ¿esto es suficiente para distinguirlos y separarlos de los animales no-humanos? Es una pregunta aun abierta. Sin embargo, estas circunstancias no han impedido las relaciones entre animales humanos y animales no-humanos a un nivel que resulta fascinante, relaciones que, en cierta forma, dentro de los animales humanos constituyen las bases de nuestra existencia socio-política. No solo les damos nombres basados en una percepción de cómo se desenvuelve el animal no-humano, o bien respondiendo a las característicasque presentan nos inspira a nombrarlos. Tratamos de construir un puente entre nuestro lenguaje y el de ellos, que ante ciertas conductas responden; y existe una cierta comunicación entre nosotros, como la comunicación con un niño que aun no ha dominado nuestro lenguaje, pero que ante un estímulo a lo quedecimos asumimos que nos entienden. Y más importante todavía, el cariño correspondido de ciertos animales no-humanos producto de nuestra interacción con ellos.

Evidentemente, no pueden ser equiparados los animales humanos con los animales no-humanos, las diferencias, más que notorias, resaltan en cómo nuestras relaciones se desenvuelven.

Además, existe un grupo amplio de personas que abogan por la abolición del comercio de animales, es decir, que las personas no deban pagar por animales no-humanos que desean tener como compañeros o mascotas. También se ha visto que se trata de excluir el vocablo de “mascota” (o redefinirlo) hacia nuevos términos: “compañer@s” “amigos” o algo más íntimo que nos lleva a cuestionar la ontología de las estructuras tradicionales, los llamamos “familia”. Más aun, tribunales en algunos países han prohibido las corridas de toros, han ordenado la puesta en libertad de un orangután en la Argentina; municipalidades han prohibido los circos y los zoológicos; existen leyes contra la crueldad animal, etc. Actualmente, hasta donde sé, en la Corte Constitucional de Colombia se discute si realmente los animales no-humanos tienen o no tienen derechos fundamentales.

Se evidencia, entonces, que no existe una irrelevancia moral absoluta respecto a los animales no-humanos y esto tiene un impacto en lo político. Pero algo que los estudiosos deberían preguntarse es ¿si esto es predicable a todo animal no-humano? o ¿cómo el sistema político jurídico debería responder? No todo está claro, y personalmente no tengo una posición al respecto. Pero, a pesar de que aún queda mucho por ver, lo que sí está claro es que nuestro lenguaje todavía no está a la altura de este proyecto político amplio que para algunos es la marca de cualquier película de ciencia ficción y que para otros una realidad innegable de una sociedad de “trans-especies”.

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