Un inicio legal

Me propongo hablar sobre temas actuales, pero desde el punto de vista de nuestras leyes, con lo cual busco que el gran público tenga una noción de que todo lo que le sucede está regulado por la Constitución y las leyes adjetivas, reglamentos y ordenanzas municipales.

Aborto y misoginia

El 28 de noviembre del 2014, el presidente de la República Danilo Medina Sánchez mediante comunicación al presidente de los diputados, devolvió al Congreso Nacional  el proyecto de ley que contiene el Código Penal de la República Dominicana, con observaciones exclusivas sobre los artículos 107, 108, 109 y 110, que conforman en su conjunto la Sección III, del Capítulo I, Título II, relativos a la tipificación penal de la interrupción del embarazo.  Lo que vale decir, en pocas palabras, que sólo en a) los casos en que está en peligro la vida de la mujer, b) cuando la madre ha sido víctima de violación o incesto, c) o cuando el feto tenga malformaciones incompatibles con la vida, es que se podría interrumpir el embarazo.

Desde esa fecha hasta hoy, se ha desatado un vendaval de críticas a dichas observaciones, sobre todo del litoral de las Iglesias católica y evangélica, que sospechosamente, en este caso, se han metido en la misma cama cual amantes desenfrenados para tratar, una vez más, de  socavar los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su propia vida.

El descaro no podría ser más execrable y el menosprecio a la primera dama Cándida Montilla más evidente, pues la trata como una débil de espíritu

La Constitución de la República, en su artículo 38 establece que: “El Estado se fundamenta en el respeto a la dignidad de la persona y se organiza para la protección real y efectiva de los derechos fundamentales que les son inherentes. La dignidad del ser humano es sagrada, innata e inviolable. Su respeto y protección constituyen una responsabilidad esencial de los poderes públicos”, con lo cual el gobierno del Estado Dominicano debe brindar una real y efectiva protección a la mujer en la conservación de su vida pues el artículo 42 establece el derecho a la integridad personal y prohíbe taxativamente la violencia intrafamiliar y de género,   con lo cual se busca que la mujer tenga pleno y efectivo goce de sus derechos fundamentales sin imposiciones de ningún tipo. De ahí que la prohibición del aborto en cualquier circunstancia es un tipo de violencia de género ejercida desde el mismo Estado.

A la luz de esos textos constitucionales está claro que el presidente Medina pretende que la mujer dominicana disponga, por razones atendibles, de las herramientas legales para conservar su vida, pues de la especie humana la hembra es la única que puede dar vida y si ella se ve en peligro de perderla  el proceso de conservación podría verse afectado. Por tanto, interrumpir el embarazo en los casos específicos que plantea el presidente es crear las condiciones para el cumplimiento del mandato constitucional, pues la ley fundamental no puede ser interpretada de manera antojadiza y sólo en los aspectos que convengan a un grupo determinado, como son las Iglesias católica y evangélica, que hoy se rasgan las vestiduras.

Es harto conocido por todos la misoginia que practican la Iglesia católica y las demás confesiones religiosas contra las mujeres, ese odio visceral que por siglos han alimentado y practicado para tratar de subyugar a la mitad de la población que es mujer y que por paradoja de la vida para ellos, le da la vida a la otra mitad.  Por lo cual yo me pregunto ¿con qué derecho estos macarras de la moral se atreven a querer meterse en el vientre de una mujer para decidir que debe hacer o no hacer?, cuando desde el principio de esta era mal llamada cristiana han pisoteado a las mujeres, empezando por María de  Magdala, acusada por 2014 años de ser prostituta, sabiendo muy bien estos energúmenos que ella pertenecía a la Casa de David, lo que vale decir, al linaje real judío y si eso no es cierto, que desmientan a una autoridad de la investigación genealógica como los es Sir Laurence Gardner; siguiendo con el asesinato de Hypatia, filósofa y científica griega alejandrina, por el simple hecho de pregonar el conocimiento, a los que se ha opuesto la Iglesia católica desde sus inicios, sino pregúntenle a Cirilo I, Obispo de Alejandría, por qué mandó a quemar la más grande e importante biblioteca del mundo antiguo. Así mismo, su odio y rabia desmedida hacia las mujeres se plasmó con ese aborrecible período de la historia dentro del que se enmarca su llamada “Santa Inquisición” donde miles de mujeres perdieron la vida, simplemente por atreverse a pensar.

Dentro de estas disquisiciones, yo me vuelvo a preguntar: ¿con que autoridad  estos rufianes se atreven a cuestionar un derecho que le es inherente a la mujer, de decidir si da o no vida?, cuando ellos se han pasado la vida con un techo de cristal muy fino, pues aun están frescos en la memoria el descubrimiento de más de 2000 fetos en un convento de Irlanda, el asesinato del amante del cura Menegildo, purgando condena en una cárcel nacional, las violaciones de los niños huérfanos y minusválidos del orfanato de San Rafael de Yuma, donde para ocultar el hecho y silenciar a los dos únicos testigos, en connivencia con ciertos funcionarios que parecen más curas de pueblo que ministerio público, le prendieron fuego a la cárcel de Higüey, perdiendo la vida cientos de reclusos; las violaciones de los pederastas Gil y Woselowsky, los hijos bastardos del clero; el asesinato aun no aclarado del padre Soto, encontrado maniatado en el bául de un vehículo en el Ensanche Ozama, hace ya muchos años.

Para colmo males y ponerle la tapa al pomo, el inefable cura Manuel Ruiz, defensor a rajatabla del pederasta Woselowsky, tiene la cara dura de enviarle una carta al presidente Medina donde pretende trazarle pautas de cómo debe proceder, le amenaza de una caída vertiginosa de su bien ganada popularidad y, lo más grave, pretendiedo meterse en el dormitorio nupcial y crear una ruptura en la pareja presidencial.  El descaro no podría ser más execrable y el menosprecio a la primera dama Cándida Montilla más evidente, pues la trata como una débil de espíritu, lo que en derecho se entiende como una persona que no está en pleno uso de sus facultades y no puede tomar decisiones por sí misma, y también pretende decirle qué hacer, como si ella no tuviera las herramientas suficientes para dilucidar por cuenta propia la situación que hoy como sociedad nos envuelve.

Es evidente que hay que desenmascarar y dejar de lado a estos señores del boato y proteger a todas luces los derechos de las mujeres, pues como dice el mandatario, es una asunto de salud pública, por  lo cual doy todo mi apoyo al presidente Medina para que contra viento y marea haga aprobar las observaciones hechas al proyecto  de Código Penal y con ello lograr conservar las vidas de las mujeres y evitar todo tipo de violencia contra ellas, aun esa violencia venga  de “la institución de mayor prestigio del país”.  Señor Presidente, ya es hora de zafarnos de estos agoreros y despojar de todo vestigio de estado confesional al Estado Dominicano.

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Sobre el autor

Abogado de profesión graduado de la PUCMM, con posgrado en Derecho Procesal Civil y Diploma de Estudios Avanzados en Derechos Fundamentales de la Universidad Complutense de Madrid, catedrático de Derecho en la PUCMM, árbitro de las cámaras de Comercio de Santo Domingo y Santiago y un dominicano convencido del potencial de nuestro país.