José Báez Guerrero

Periodista

¡Cuántos “consejos” regalan a Leonel!

 En un artículo titulado “Leonel Fernández a contracorriente”, la distinguida politóloga Rosario Espinal sugiere que su supuesta aspiración a la candidatura presidencial del PLD para el 2016 ha provocado una fragmentación interna en ese partido. Dentro del cual -pese a presidirlo él- dizque va “a contracorriente”. Y recomienda al ex presidente “resguardarse y recalibrar” en vez de “exponerse y repetir errores”.

Esta facultad de los articulistas es una de las más fascinantes del oficio: ofrecemos consejo públicamente a personas cuyo historial hace suponer que conocen más que medianamente aquello a lo que se dedican. He visto, por ejemplo, a cagatintas recomendar a Vargas Llosa cómo opinar sobre asuntos dominicanos. Pero este caso es distinto, pues las credenciales de la doctora Espinal la califican sobradamente para aconsejar a cualquier estadista.

Sin embargo, conocer o dar cátedra en inglés sobre las observaciones de Tocqueville en los Estados Unidos, la novela del británico Robert Graves sobre Tiberio Claudio, los apuntes de Mazarino y Maquiavelo para príncipes europeos; o codearse en ambientes académicos con el profesor Karl W. Deutsch de Harvard u otros colegas de Princeton, Stanford, Yale, Berkeley o Columbia, difícilmente ofrece la marrulla o sagacidad imprescindibles para desentrañar los misterios peledeistas. Una analogía podría ser que el mejor psiquiatra del Presbyterian de Nueva York puede que no sea el óptimo para Fremio… No lo entendería.

Y quizás por eso al análisis de la doctora Espinal le tiembla el fundamento cuando opina sobre el PLD. ¿Se trata de una interpretación de la realidad tal cual es o una proyección de cómo quisiera que fuera? Por ejemplo, la distinguida politóloga afirma que “el altísimo nivel de aprobación de Danilo Medina derrumbó la idea de que en el PLD o en el país hay un solo líder”. Pero, si a ciencia política vamos, ¿cuándo se estableció verosímilmente que existía esa idea? Dentro del PLD nadie ha olvidado que cuando Fernández andaba distribuyendo notas de prensa en los diarios como dirigente medio ya Medina era presidente de la Cámara de Diputados.

Una cosa es el proselitismo o popularidad que pueden obtenerse por ejercer el poder en un país como el nuestro y otra el liderazgo político a lo interno de un partido. Parte del éxito político de Fernández –porque con perdón de sus adversarios, ser elegido tres veces presidente sólo lo logran políticos exitosos- ha sido nunca olvidar que el Presidente Medina posee un legítimo, bien fundamentado y valioso liderazgo dentro del partido, que ahora gobernando ha crecido y abarca sectores fuera del PLD.

Estimo cuestionable presentar como defecto o debilidad la virtud de contar con más de un líder fuerte y una pléyade de dirigentes en segunda fila listos para el relevo, como ocurre actualmente con el PLD. Si la mecánica partidista interna del PLD se pareciera o llegara a parecerse a la del PRD, donde se carece de “esprit de corps” y falta consenso acerca de para qué quieren el poder, la doctora Espinal tendría razón al preocuparse por una fragmentación peledeista.

La política dominicana está llena de cuestiones inexplicables que escapan a la finura de cualquier teórico de aula de clases. Por ejemplo, la doctora Espinal cree –según su artículo que vengo comentando- que al formarse la nueva constitución dominicana de 2010, el entonces Presidente Fernández asumió alguna posición sobre los “derechos reproductivos de las mujeres” para complacer a la “extrema derecha”. Difiero de esa opinión pero me encantaría conocer algún dato o estadística que vincule este asunto a las posibilidades electorales de cualquier candidato; lo cierto es que ha incordiado a políticos liberales financiados por agencias internacionales o norteamericanas dedicados a promover el aborto.

Estos analistas preocupados por “tantísimo poder” del PLD, que por momentos atribuyen sólo a Leonel para luego disminuirlo según convenga al argumento, le endilgan la proeza de haber destruido a los partidos de oposición con alegadas malas artes que nunca son probadas. Aparte del insulto que representa ello para los políticos de oposición, ¿desde cuándo conviene a los Mets fortalecer a los Phillies?

Evidentemente Fernández comete errores, como descubre con asombro la doctora Espinal. Concuerdo con ella en que las imputaciones de corrupción a políticos de su entorno es un tema que merece mejor manejo, puesto que ningún país concita confianza de los inversionistas cuando campea la impunidad, debilitante del estado de derecho. Pero en el análisis político un asunto es el ideal al cual aspiramos y otro distinto el rudo rostro de la realidad: difícilmente la indignación ciudadana cueste más votos que aquellos que genera el clientelismo.

En fin, la línea de pensamiento que refleja el análisis de la doctora Espinal puede que satisfaga enormemente al mismo grupo de donde se genera, pero habría que correlacionar esas ideas, aspiraciones y anhelos con el modo de actuar de una masa inmensa que quizás aprecia el clientelismo y prefiera al peledeísmo ante la única alternativa previsible que es el perredeismo, vístase de PRD o PRM. Esto lo saben tanto Danilo como Leonel y subestimar la inteligencia de cada uno -y su formidable suma- o pretender enfrentarlos entre sí, es más de lo mismo. Es la locura de esperar distintos resultados haciendo igual lo que sus adversarios llevan años intentando. Y quedándose con su moño hecho…

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