Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

El paternalismo: no sabes lo que quieres

Ordenéuna pizza margarita a domicilio, pero la compañía me entregó una pizza tipo suprema. Al reclamar sobre el error, la compañía me indicó que, como era cliente frecuente y por el tipo de personalidad que proyectaba, consideró que debía comer la pizza suprema. El problema no era la pizza, el problema es que jamás decidí. Este cambio no contó con mi consentimiento previo, no fui informado de dicha opción. Simplemente decidieron que lo que me convenía y, por ende, deje de existir.

El paternalismo supone una interferencia en el estatuto de autonomía que identifica una persona (G. Dworkin). Esta interferencia implica una substitución de la voluntad de la persona por la voluntad del interviniente, en razón de que este sabe mejor qué le conviene o qué es mejor para sus intereses. El individuo no decide por sí, simplemente se acoge a lo decidido por el que interviene. Al no poder decidir por sí, en cuanto a lo que le conviene o lo qué es mejor para sus intereses, el individuo pierde unas características importantes que lo define ante los otros y ante sí mismo: la autonomía.

Pero, ¿es posible distinguir grados de paternalismo que permita tolerarlo?¿Sería justo o injusto promover la intervención, si con la misma se promueve como bien último o bien primario la propia libertad o autonomía?

El paternalismo es en sí mismo arbitrario, porque se trata de remplazar a la persona en su concepción del bien y respecto a lo que le conviene o no por la concepción de otra persona. Pero, ¿es posible distinguir grados de paternalismo que permita tolerarlo?¿Sería justo o injusto promover la intervención, si con la misma se promueve como bien último o bien primario la propia libertad o autonomía?

Este es el caso en el que la persona ha sufrido una intervención en el ámbito de su libertad o autonomía, solo porque aquel que lo ha hecho piensa que, debido a su intervención, la persona logrará un estado de satisfacción mayor: sea porque ya no sufrirá o simplemente porque, hacia el futuro, ya no podrá ser autónomo o libre (J.S. Mill; Garzón Valdez). Por ello es que no todo paternalismo es rechazado, solo aquel que es arbitrario.

Se hace necesario evaluar la extensión del daño que produzca el haber actuado de manera paternalista, ya que puede ser que el daño en sí sea mínimo para la persona sujeta a la conducta paternalista.Pero, hay que tener cuidado con esto, ya que la idea no es la maximizar el bienestar del sujeto con o sin la conducta paternalista, sino que lo que sea que experimente el sujeto sea gracias a que fue hecho a su modo, aun cuando es el modo incorrecto (J.S. Mills). Con esto se intenta respetar la capacidad racional del sujeto, aun cuando no pueda adoptar decisiones racionales.

Esta es la visión del llamado paternalismo suave o moderado. Se interviene con la finalidad de ayudar al sujeto en la toma de decisiones, al poner a su disposición informaciones necesarias o bien "señalar defectos en nuestro razonamiento" (G.Dworkin). Otras perspectivas atenuadas del paternalismo consideran, al menos para Thalery & Sunstein (2003),que las personas son pésimas para adoptar buenas decisiones, por lo que es necesario intervenir para ayudarlos a adoptar buenas decisiones o empujarlas a ellas, hasta el punto de que no tengan más opción que elegir aquello que te proponen.

Debe existir la posibilidad de cuestionar la medida cuando ya no sea conveniente para el destinatario: la legitimidad debe renovarse siempre.

Este paternalismo libertario trata de no excluir opciones, pero sí se inmiscuye en cómo las opciones son presentadas a los sujetos. De más no está indicar que esta visión del paternalismo, en cierto modo, desconfía de los sujetos, algo que va de la mano del paternalismo político donde muchos reclamos democráticos, por falta de legitimidad, se basa en la idea de que "nosotros sabemos mejor qué les conviene" a pesar de que hay “opciones” disponibles.

Habría que distinguir entre la manipulación y la proposición o influencia. No es en sí mismo objetable que se pueda proponer, por encima de otras, opciones que pudieran beneficiar a la persona. La cuestión sería cuándo la “propuesta” alcanza un grado tal de influencia que implica la manipulación de los deseos o intereses de las personas, que no sería más que reemplazar a esa persona por la voluntad del interviniente, convirtiéndose esto en la expresión tradicional del paternalismo.

El paternalismo moderado depende de una idea amplia de legitimidad para evitar relaciones de dominio y que otros incurran en estas relaciones producto de medidas paternalistas injustas. También evita que el paternalista no promueva su visión moral del mundo y la imponga a los demás, ya que sería un perfeccionismo que supondría diluir la capacidad autónoma del individuo de darse a sí mismo una visión de lo que es la vida conforme a sus intereses y deseos.

Por ello, apelar al consentimiento para justificar la interferencia (Garzón Valdés; G.Dworkin), daría paso a un paternalismo justificado-tolerable ante el sujeto autónomo destinatario de la medida, por entender que no es arbitrario. Esto va de la mano con el principio republicano, el cual requiere que no existan relaciones de dominio producto de la arbitrariedad de quien genera las condiciones para estas; y es en base a esta idea que solo el paternalismo moderado o tolerable puede justificarse.

El paternalismo moderado o tolerable procede a condición de que: i) no promueva relaciones de dominio; ii) no sea arbitrario; y iii) a la vez promueva la autonomía o voluntad del sujeto e impida daño a terceros. Además, debe existir la posibilidad de cuestionar la medida cuando ya no sea conveniente para el destinatario: la legitimidad debe renovarse siempre.

A grandes rasgos, en esto consiste el paternalismo y sus atenuantes. Si profundizamos, encontraremos cuestiones más complejas: (i) la distinción entre medidas paternalistas y medidas fundadas en razones paternalistas; (ii) si requiere coacción o no; entre otras. No obstante, a pesar de estas cuestiones, el paternalismo solo quiere que sigamos “seguros e ignorantes”, como describe la fabulosa canción “Pet” de la agrupación A Perfect Circle.

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