Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

Constitución y estabilidad: lo político en la Constitución deliberativa

En este momento quisiera defender un argumento desde la teoría política: la estructura jurídica, en particular la Constitución, no petrifica o impide lo político, si entendemos la misma como deliberativa, en el sentido de que através de ella lo político puede canalizarse. Este argumento responde a algunas de las cuestiones que se derivan del debate Anselmo Muñiz; RodríguezJorge Prats (aquí; aquí); Cristóbal Rodríguez; PujalsPerdomo Cordero y Mejía-Ricart. Con este argumento quisiera rescatar algunas ideas que mis profesores E. Jorge Prats y Nassef Perdomo Cordero expusieron sobre el rol de lo políticoque quedaron implícitas o sin abordar en sus trabajos.

1. Instrumentos como la Constitución juegan un rol de estabilidad. Ante la pluralidad de razones que llevan a justificar una determinada decisión, instrumentos políticos-jurídicos como las constituciones ayudan a la estabilidad de las mismas, en particular ante la incertidumbre que genera las relaciones políticas. De hecho, la estabilidad juega también un rol ante la legitimidad de las decisiones respecto a las cuales uno se está vinculando. Muchas veces las decisiones adoptadas son asumidas por los miembros de la comunidad por distintas razones: podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con una decisión, pero las razones por las cuales sucede esto son distintas y resulta difícil vincular a ese “interés” su verdadero contexto y extensión (esta es una de las críticas fundamentales a la idea de Rousseau sobre el interés general y el pueblo).

La Constitución es uno de los instrumentos a través de los cuales se refleja la legitimidad. No es la única forma, pero es una forma importante, sobre todo ante la decisión derivada de la participación directa, indirecta o virtual que legitima la decisión fundamental constitucional o actuaciones conformes a dicha decisión. No es necesariamente perfecta, pero el punto es que se adopten las decisiones diariasdependientes o derivadas del orden estructural establecido, lo cual en sí misma pudiese ofrece suficientes motivos para respetarla, encontrarla razonable, independientemente de que si nos gusta o no, siendo este tópico algo es distinto.

La unanimidad, aunque es deseable, no es alcanzable en la mayoría de los casos: al decidir sobre cuestiones fundamentales de esencia constitucional o de justicia básica, que se expresan en la Constitución, o bien se expresan estas otras cuestiones propias de las instituciones políticas en el orden social, es importante que exista un procedimiento que sea lo más razonable posible y que los motivos de razón pública sean otorgados con un relevante peso. Por ejemplo, el ejercicio de una facultad otorgada de acuerdo a los cánones de la decisión fundamental, ofrece motivos para su aceptabilidad ya que, en principio, se ha adoptado de una manera no arbitraria.

No todos estarán de acuerdo, pero ese desacuerdo no es el desacuerdo mismo respecto a la decisión en sí, sino por los motivos que no se comparten. La facultad o la actuación es legítima por el hecho de que ya había sido adoptada por una decisión previa que así lo ha admitido.

Por otro lado, las estructuras son una expresión de la mayoría que domina en el momento, sea esta una élite particular o sea popular. La cuestión de lo “Prêt-a-porter” no es en sí normativo si no descriptivo, porque al final de cuentas reside en la idea de quien ostenta el poder o la fuerza política que en un determinado momento ha ganado terreno y ha canalizado sus ideas para que los demás las endosen. Toda la idea de constitucionalismo radica en este aspecto: por ello que se crean instituciones dentro de las estructuras para intentar mitigar los efectos de dominio de estas fuerzas (minoritarias o mayoritarias).

Además, como bien sostiene Perdomo Cordero, las elites, o bien aquellos que se convierten mayoría en un momento de determinado, tienden a hacer que sus intereses sean los intereses de los demás, situación que ha caracterizado al constitucionalismo liberal, en particular desde sus inicios.

 

2. Lo jurídico, expresado fundamentalmente por la Constitución, no desapodera ala comunidad política de su voluntad y de su capacidad de adoptar posiciones críticas, o hasta incluso de equivocarse. La existencia de la Constitución no petrifica las relaciones políticas, las canaliza, y cuando la misma no logra mantener la estabilidad o la unidad política deseada, entonces, las actuaciones políticas darán píe a una nueva decisión política fundamental ante el nuevo estado de cosas.

De hecho, el éxito de la estructura jurídica depende de la conducta propia delos individuos como sujetos políticos: la aceptación por parte de estos es fundamental para mantener la unidad política y la legitimidad del orden jurídico que ayudaría a la unidad (Hesse; Dahl).En efecto, la idea de constitución como instrumento de legitimidad es insuficiente para que día tras día auto-sustentarse, la ficción de la “soberanía de la constitución” no se materializa si no la precede la aceptabilidad de aquellos que serán sujetos o están sujetos a la misma. En caso contrario, sería admitir: (i) que una vez dictada la decisión fundamental, ya se ha decidido lo que se tenía que decidir de una vez por todas; y (ii) que las razones por las cuales la comunidad ha decidido, en su totalidad y en la individualidad, sean las mismas  a través del tiempo.

Aquí reside la trampa de la democracia republicana sin política, la democracia sería insuficiente y nominal, dando paso a los problemas de dominación política. Esto de por sí evita quelas minorías y mayorías que se han quedado fuera o rezagadas, en un contexto político particular, puedan cuestionar el estado de cosas que existe y eso se hace a través de lo político, independientemente que establezcamos precondiciones o reglas que eviten la arbitrariedad en el cuestionamiento.Cuando las constituciones se cierran a esto se sacrifica un elemento esencial que permite la unidad política (incluso de aquellos que discrepan) ya que petrifica a la comunidad relegando a las personas que la integran a relaciones de indiferencia y de subordinación política, lo cual minimiza la participación y cualquier idea de cambio.

Tal como sostiene Stephen Breyer: “Los esfuerzos de la Constitución en crear instituciones políticas democráticas significan poco, al menos que el público participe en la vida política[…]. […] En una democracia, para que las instituciones perduren,es necesario el constante apoyo de los ciudadanos ordinarios”. Es por ello que lo político tiene un rol fundamental en la idea de una sociedad con una Constitución que aspira a lo deliberativo.

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