Galletas y dialéctica

Un espacio para comentar sobre filosofía (política), derecho público comparado y algo más, pero sin excluir la insoportable banalidad del ser. Las ideas presentadas son de la entera responsabilidad del autor.

Razón pública: justificación de nuestros discursos

El modelo de deliberación, como instrumento de legitimación, parte de la idea de toda comunidad se constituye sobre acuerdos intersubjetivos alcanzados a través de la deliberación (Habermas). Entender la legitimación de las decisiones adoptadas en una comunidad es entender que cada persona afectada por una determinada decisión tiene que participar en su creación, quedando legitimada ésta por haber sido justificada públicamente para que no sea considerada arbitraria.

De acuerdo con Rawls, la finalidad de la justificación pública radica en la justificación de los juicios de las personas de forma tal que se adecuen a la concepción política de justicia en una sociedad caracterizada por el pluralismo, a propósito de las sociedades democráticas-constitucionales. En este sentido, el principio de justificación dicta que cada norma o decisión coercitiva o imperativa está justificada ante el público si, y solo si, cada miembro de la comunidad tiene suficientes razones para endosarla.

Una de las formas de como la justificación pública es alcanzada es a través de la razón pública.La razón pública es uno de los medios a través del cual se justifica cualquier decisión o norma respecto a aquellos que se verán afectados o tendrán un vínculo coercitivo por ésta.Convencer a los otros, en términos políticos, es convencerlos mediante el uso de la razón pública.

 En este sentido, el principio de justificación dicta que cada norma o decisión coercitiva o imperativa está justificada ante el público si, y solo si, cada miembro de la comunidad tiene suficientes razones para endosarla.

En una sociedad existen personas que tienen diversas formas de ver la vida. Partiendo de esto, existen profundos desacuerdos sobre distintos temas, así como profundos desacuerdos sobre la interpretación de los mismos (Dworkin; Waldron). A pesar de esto, es posible llegar a acuerdos partiendo de elementos que otros puedan razonablemente reconocer y/o aceptar. Ante estas divergencias, deliberar desde la razón pública requiereque los principios o reglas políticas sean justificables ante todos para que tengan algún sentido de autoridad.

La razón pública supone una idea de reciprocidad en que los participantes se ven mutuamente como personas libres e iguales. Es pública porque concierne a las cuestiones fundamentales de justicia políticaque satisfacen el criterio de reciprocidad.

En la discusión se debe trazar una línea entre las razones públicas respecto a aquellas llamadas privadas, que son razones propias de las doctrinas comprehensivas.Estas doctrinas son aquellas que incluyen concepciones particulares o subjetivas sobre el significado o valor de la vida humana, virtudes, carácter, es decir, todo aquello que es propio de las conductas “no políticas” (Rawls). Tales doctrinas pueden ser religiosas, filosóficas, de conciencia, esotéricas, etcétera. Una razón propia de esas comunidades particulares es en sí una razón que solo es justificable ante losmiembros de tales comunidades, pero no ante los ciudadanos o la sociedad. Ante la pluralidad de personas y de sus respectivas cosmovisiones en una democracia constitucional, es inviable razonar desde la óptica exclusiva de una comunidad singular que responde a una doctrina comprehensiva concreta.

Defender una legislación o decisiones de incidencia social y política, debe hacerse apelando a razones públicas y no así a razones privadas que no se comprometen políticamente o que son políticamente insuficientes para convencer al otro, o que afecta el estatus de libertad e igualdad del otro.

A pesar de que las doctrinas comprehensivas son conductas ‘no políticas’, no es posible ignorar que llevamos a la deliberación nuestras cosmovisiones respecto a un determinado asunto por la influencia de doctrinas comprehensivas. Sin embargo, una cosa es estar influenciados por ciertos elementos propios de tales doctrinas, otra cosa distinta es que en el razonamiento público impongamos esas doctrinas como tal o deliberemos en el marco de ellas. De lo contrario, el destinatario y el otro interlocutor no entenderán el argumento; no podrán relacionarlo con su ‘background’; no podrán identificarse con el mismo, y ese valor epistémico del discurso democrático se perderá. Cuando la doctrina comprehensiva no puede comprometerse políticamente, entonces, no puede razonablemente entrar en equilibrio con los valores políticos de una sociedad democrática o ‘bien ordenada’.

A través de la razón pública, se busca limitar los desacuerdos sobre cuestiones controversiales que muchas veces constituyen el núcleo de las doctrinas comprehensivas. Estas doctrinas no pueden constituirse en razón pública, en particular porquela gran mayoría de las razones que las integran son más bien privadas. Aunque nuestra proyección hacia el mundo es el producto de cómo una doctrina incide en nuestra identidad, la cuestión a recordares que existen personas que no comparten las mismas doctrinas ni la asumen como suyas; o simplemente están conscientes que, aun compartiendo dichas doctrinas, no se la imponen a nadie o simplemente consideran que son irrelevantes para la cuestión pública.

La razón pública exige a los participantes dar razones para balancear sus valores con los valores políticos discutidos o que saldrán de la deliberación y que sean accesibles para los demás. Todo esto supone, de los participantes en la deliberación, que estén abiertos;que estén dispuestos a presentar argumentos que seanverificables para quienlos recibe, si la idea es convencer al otro; así como, en todo momento, reconocer la condición de personas libres e iguales de los participantes, ya que es la base fundamental de toda justificación pública en una sociedad democrática.

En una república democrática es importante que en los procesos de deliberación la participación sea garantizada y que los acuerdos sean óptimos. Como dice Rawls, para que el resultado de lo deliberado sea aceptado no solo debe ser aceptable para nosotros mismos, también debe serlo para los demás. En consecuencia,defender una legislación o decisiones de incidencia social y política, debe hacerse apelando a razones públicas y no así a razones privadas que no se comprometen políticamente o que son políticamente insuficientes para convencer al otro, o que afecta el estatus de libertad e igualdad del otro.

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