Miguel D. Mena


"Identidad", ¿alguien me puede informar?

Una palabra terrible, maligna, perversa, asesina, insustancial, imprecisa, como una vejiga que se explota y traza un rumbo imprevisible: "IDENTIDAD". ¿Cuál es tu "identidad"? ¿Tu rostro? ¿Lo que comes? ¿Lo que crees "te pertenece"? ¿Tu casa? ¿Tu cepillo de dientes? Día tras día los titulares advierten que "Desaparece la identidad", "Arriba la Identidad", "Hay que preservar la Identidad", y yo me pregunto: ¿qué es tu "identidad", salvo esa parafernalia con la que naces, creces, te reproduces y seguramente mueres? ¿Qué es la "identidad", sino ese mantra repetido por manipuladores que sólo asumen sus "identidades" propias, los que se sienten inseguros por la chusma, los chopos, los negros, los que por no compartir los signos de la bienaventuranza de la Historia no tienen derecho a una "identidad"? ¿Cómo es que media humanidad habla de humanidad y nadie, pero nadie, tenga la calma para explicarnos de qué se consta ese concepto, cuál es su alcance, si sólo hay una "identidad" -la propia- o si hay un mosquitero llamado "identidad" donde todos pudiésemos caber? ¿Es posible agenciarse una? ¿A partir de qué perdemos "nuestra identidad"? Si prefieres un vinito o un Chivas-Regalito, y no un mabí seibano, ¿pierdes tu identidad? Si Bach suena mejor que Omega, ¿te estás des-identificando?

¿Sentaría usted en una mesa a un sankie de Punta Cana con un obrero de la construcción de Loma de Cabrera para discutir el tema "lo que nos une, reforcemos nuestra identidad"?

Si la "identidad" fuese eso que todos aseguran es la "identidad", deberíamos andar con taparrabos o con ropas rotas, como en los cuatrocientos años de Colonia, y no viendo cuáles serán los chinos con las últimas ofertas de maravilla. Deberíamos tomar mabí, cortar cabezas y ponerlas en lugares públicos, como hacían los españoles al administrar justicia. Tendríamos que movernos en burros y no sólo comérnoslos vía su integración en el sanchichón, oh mi corazón. Nuestras mujeres deberían usar faldas hasta más allá de los pies y los hombres deberían arrastrar un colín y saber dónde amarraron el caballo. Deberían consumir ocho minutos subiendo la bandera, oh, qué bella en el tope estás, quién te viera, quién te viera, más arriba, mucho más. También deberíamos salir a las cinco de la tarde, cuando en el Parque Indepedencia todo queda momificado por cuatro minutos mientras bajan la misma bandera, que en el tope estás, quién te viera, oh quién te viera, más arriba, mucho más. Mientras nuestra media Isla se llena de muros y el hablar plepla está en el orden día, saco mi diccionario y busco al ser, a la persona, bajo la definición de "identidad", y no la encuentro. ¿Es que sólo somos en función de ese algo que nadie puede definir si no es sacando un menú, un programa de televisión con los famosos o esa tela tricolor los días de fiesta?

¿Dónde comienza y dónde acaba la "identidad"? ¿Cuál es su historia? ¿Cuál es la imagen que deberíamos privilegiar? ¿La indígena precolombina, o la colonial del siglo XVI? ¿La del XIX? La de 1999? 

¿Tienen los cibaeños una "identidad"? ¿Sentaría usted en una mesa a un sankie de Punta Cana con un obrero de la construcción de Loma de Cabrera para discutir el tema "lo que nos une, reforcemos nuestra identidad"?

Desde mis estudios de Sociología en los 80 hasta consumir no sé a cuántos maestros de antropología, sociología, política y asistir a no sé cuántos seminarios y congresos, hasta ahora nadie fuera de la Isla me ha tratado el tema de la "identidad" con la fidelidad de un burro que no quiere quitar su cabezota. ¿Es que la "identidad" es una invención dominicana? En el DF mexicano, en Madrid, en Nueva Delhi, en París, Nueva York, Praga, Viena, hasta en la Riviera turca he conversado con no sé cuántos mexicanos, hindúes, franceses, norteamericanos, checos, austríacos, y nadie, pero nadie me ha hablado del tema "identidad", cuanto más hemos conversado sobre algo parecido: "sociedad multicultural". ¿Dónde está "identidad" del argentino, del brasileño, del trinitario? Un bonaerense seguramente no sé podría meter en una caja con un rosarino, ni uno de Manaus complicadamente congeniaría en otra caja con uno de Mina Gerais, para no pensar en un trinitario negro y otro hindú. Repaso cuantos países hay aquí en Europa. Ciertamente hay quienes reclaman autonomías, particularidades, pero nadie a partir de una "identidad" excluyente, nadie creando cirugías nítidas, como si lo único posible fuese un hilo entre un aliento divino y el "nosotros".

Sé que me repito y me repito y seguiré, aunque me cueste la vida, te sigo amando, voy preguntando, dónde poderte encontrar.

Pero señores, es que no puedo más con tan plepla periodística, tanta gente opinando sobre la "identidad", y tanta gente viviendo y matando a partir de la susodicha "identidad".

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