Abriendo puertas

Abriendo puertas es un espacio para difundir y reflexionar acerca de los diferentes aportes de la psicología en el ámbito sanitario, clínico y político, en un mundo en el que los aspectos emocionales resultan de gran relevancia para entender las complejas realidades que vive el ser humano

La andropenia y sus signos psicológicos

Cuando se habla de crisis de la mediana de edad y de los componentes psicológicos y emocionales vinculados a los procesos biológicos, se piensa y asume que estamos refiriéndonos solo a las mujeres. El nido vacío, el miedo al envejecimiento, la disminución de la libido sexual, el afrontamiento de la enfermedad de nuestros padres no son asuntos que les pasan solo a las mujeres, también los hombres tienen que atravesar esta etapa en la que tantos aspectos entran en crisis y nos abocamos a un cambio vital muy significativo, antesala del envejecimiento y, por tanto, percepción de cercanía de la muerte.

Ambos sufren de calores nocturnos, irritabilidad, cambios de humor, disminución del apetito sexual y lamentaciones por la pérdida de la tersura de la piel y la agilidad del cuerpo.

Si bien es cierto que existe una diferencia fundamental entre la menopausia y la andropenia, este descenso hormonal tan pronunciado produce cambios importantes en el cuerpo y su funcionamiento tanto en la mujer como en el hombre. De hecho, la hormona masculina por excelencia, la testosterona, se reduce como lo hacen los estrógenos en la mujer, lo que ocasiona riesgo de osteopenia, sequedad y pérdida de elasticidad y cambio de coloración de la piel, así como una variedad de síntomas que impactan el ámbito emocional de ambos sexos. La diferencia más llamativa es que si en la mujer la menopausia significa la perdida de la fertilidad, en el hombre no.  Sin embargo, ambos sufren de calores nocturnos, irritabilidad, cambios de humor, disminución del apetito sexual y lamentaciones por la pérdida de la tersura de la piel y la agilidad del cuerpo.

Envejecer en estos tiempos posmodernos se ha convertido en un trauma difícil de asumir para muchas personas, inspirados como estamos en el culto de la eterna juventud, como valor supremo de una sociedad que ve en el envejecimiento el fin de la felicidad y la llegada de la decadencia. El aumento de la esperanza de vida nos ha hecho más longevos, y hoy en día tener 50 o 60 años no nos limita como antes, lo que produce un desfase entre la edad biológica y la actitud mental y nos reta a construir un nuevo guión vital, sobre la base de asumir que ya no tenemos las mismas energías.

En la mayoría de los casos, los hombres establecen una estrategia de huida que consiste en negar el cambio biológico, buscando sustitutos simbólicos a esta pérdida de la virilidad.

No se empezó a hablar de andropenia o andropausia hasta los años noventa. El hombre, hasta entonces, parecía blindado a estos cambios biológicos, probablemente porque la forma de manifestarse esta crisis vital es distinta, como distintos siguen siendo los roles de género que desempeñan ambos sexos en la sociedad. El hombre se asume como proveedor, mientras la mujer juega un rol de cuidadora de los hijos, y ya en la mediana edad, de sus padres, de ahí que el síndrome de nido vacío y las enfermedades de los padres sean más acusados por las mujeres que por los hombres. En la mayoría de los casos, los hombres establecen una estrategia de huida que consiste en negar el cambio biológico, buscando sustitutos simbólicos a esta pérdida de la virilidad: compran carros con motores potentes o “pescuezo largo”, toman medicamentos para procurar un mayor desempeño sexual, y en vez de compartir y afrontar esta etapa de cambio con su pareja, muchas veces la culpan de esa sensación de desencanto o crisis que perciben, reemplazándola por una mujer más joven, que acabe inyectándole vitalidad.  Quizás por ello sean más frecuentes las infidelidades y los divorcios. De hecho, muchas mujeres en la mediana edad y en nuestra cultura tan machista, apelan a las cirugías estéticas y otros trucos para disimular el envejecimiento, como consecuencia de estar aterradas ante la posibilidad de ser reemplazadas por sus maridos, y no solamente como un deseo de verse más jóvenes.

Si la pareja es contemporánea en edad, van a coincidir dos persona en crisis biológica y vital una vez se cumplen los 40. En un escenario en el que los hijos ya no les necesitan tanto y exigen mayor independencia, o simplemente se van a estudiar o se casan, se hace necesario elaborar un nuevo proyecto compartido con la pareja, que es el que permite quizás superar este reto que supone aceptar que no somos mortales ni eternamente jóvenes. Lamentablemente la estrategia de negación y huida de los hombres les hace emprender comportamientos regresivos, como si saliendo con mujeres más jóvenes, sometiendo al cuerpo a excesos de alcohol u sustancias, aficionándose a deportes, lograran sentir que toman un atajo y evitan el peso de los años.

La andropausia puede provocar numerosos cambios y síntomas. Pueden presentarse no sólo como cambios de la función sexual, como por ejemplo la dificultad para provocar y mantener la erección. También afectan al plano anímico, pudiendo provocar irritabilidad, desasosiego, disminución de la autoestima, pérdida de confianza en sí mismo, pérdida de su agresividad innata,temores ante situaciones que antes eran rutinarias etc. Aceptar estos aspectos añadidos puede que nos ayude a enfrentar mejor esta etapa de cambio y, en caso de ser necesario, buscan el apoyo psicológico.

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