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¿Argentina en default, cómo nos afecta?

En los años noventa y hasta principios de la década del 2000, Argentina mantenía la paridad cambiaria con el dólar estadounidense. Se sustentaba en la idea de que las reservas en dólares era igual que la liquidez monetaria por los ingresos extraordinarios obtenidos por el gobierno de Carlos Menem en los años noventa debido a la privatización de sectores claves. El nivel de gasto público que mantenía era alto, pero no real, ya que, por ejemplo, las empresas del sector eléctrico solo pueden ser vendidas una vez.

Esto ocasionó que las reservas, que se suponían eran la garantía del dinero circulante, empezaran a fallar o que se convirtieran en bonos de deuda pública nacional y no en una reserva real. Luego de tanta deuda contraída que no podía pagar, el país entró en junio de 2002 en cesantía de pagos o default ocasionando así una crisis económica.

Lo que vino después, no es algo loco ni financieramente novedoso, ya que puede verse hasta en los casos más cotidianos. Ejemplo, alguien contrae una deuda con un banco que tiene tasas establecidas, así como períodos de corte y el monto de interés más amortizaciones. Si con los años la persona pierde su capacidad de desembolso, el banco, que no tiene interés en la garantía porque su función no es vender propiedades, busca en primera instancia reestructurar la deuda de forma que el cliente moroso pueda seguir pagando, obviamente calculando intereses de mora, abogados, entre otros adicionales.

Lo que hizo Argentina fue exactamente lo mismo: le dijo a sus acreedores que no tiene el dinero y buscó reestructurar una deuda multimillonaria con países y bonistas, con el fin de lograr aumentar los períodos de vencimiento. No es fácil lograrlo; es más, las reuniones para la reestructuración con en el Club de París se continúan haciendo y se harán hasta que se solvente esta deuda.

Ya con esto visto, pasamos al momento actual, una Argentina poscrisis, con una buena porción de la deuda todavía pagándose semestralmente tal como se acordó. Pero en estos momentos nos encontramos con un país que tenía en julio de 2014 reservas internacionales de más de 28 000 millones de dólares estadounidenses y que a pesar de haber bajado aproximadamente 8 000 millones de dólares de 2013 a 2014, todavía sigue teniendo una buena reserva y un sistema bancario eficiente. En Argentina existe una crisis político-económica, con la segunda tasa de inflación más alta de América Latina y con una fuerte fuga de capital, lo que originó medidas de control cambiario.

No obstante, no podemos hablar de la misma Argentina del 2000. Lo que está pasando ahora es un tema legal: una demanda de unos pocos fondos,  que no quisieron adherirse a las reestructuraciones y que pese a representar un porcentaje bastante pequeño del total, unos 1 500 millones de dólares, han logrado ganar una demanda sin precedentes.

Pensar que entró en default, carece de sentido, ya que Argentina tiene y ha tenido la intención de pagar sus deudas. En la última década ha logrado mantener un crecimiento significativo, como lo hizo la región. A pesar de transitar desde el año pasado por situaciones económicas difíciles, Argentina no genera el riesgo de incumplir sus compromisos.

En el presente hay otros países que están sufriendo directamente este problema, como los del Mercosur, ya que muchos de sus fondos de inversión o bancos mantienen deuda pública o acciones en empresas argentinas, las cuales han bajado sus cotizaciones generando pérdidas.

De igual forma, el problema real es que el dictamen de la Suprema Corte de Nueva York sienta un precedente que nos afecta a todos los que no pertenecemos a un bloque. En el momento en el que alguno de nuestros países, por malas políticas económicas, caiga en cesación de pagos, tendrá las manos atadas; si piensa en una reestructuración sabe que nadie la va a aceptar y lo van a demandar.

Es por esto, que el respaldo debe ser a la reestructuración, independientemente del país. Grecia tuvo éxito gracias a una ayuda extraordinaria de los países de la Unión Europea, una fuente alternativa de financiamiento para subsanar sus déficits.  Pero para muchos de los países sudamericanos la solución ha sido entrar en una reestructuración y todo fondo de inversión sabe el riesgo que existe cuando el dinero entra al mercado financiero. El cese de pagos es la variable más importante, ya que es la utilizada para calcular el rendimiento que se va a exigir según su riesgo.

Se debe entender que así es el mercado, el que entra a veces gana y a veces pierde pero no puede esperar que el otro siempre cumpla. Por lo que este precedente puede ser una peligrosa arma para los fondos de inversión, que van a seguir exigiendo los mismos rendimientos pero con la certeza de que un default será pagado bajo los instrumentos establecidos sin posibilidades de una reestructuración, es decir con menos riesgo.

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