Un inicio legal

Me propongo hablar sobre temas actuales, pero desde el punto de vista de nuestras leyes, con lo cual busco que el gran público tenga una noción de que todo lo que le sucede está regulado por la Constitución y las leyes adjetivas, reglamentos y ordenanzas municipales.

Conservación de la especie

El ahora conservador y converso ministro del interior español Jorge Fernández Díaz ha destapado un avispero en España por sus declaraciones en Roma sobre el hecho de que “los matrimonios entre personas del mismo sexo no garantizan la pervivencia de la especie”, lo cual me recuerda el agrio debate que se ha suscitado en nuestro país a propósito de la discusión sobre el proyecto de reforma al Código Civil que reposa en las Cámaras Legislativas, que pretende declarar el matrimonio como aquel celebrado entre dos personas, y que la tajante oposición de la Iglesia Católica no se hecho esperar; institución que tiene entre sus padres fundamentales a un homosexual converso como fue Agustín de Hipona, conocido hoy como San Agustín, quien en sus días declaró en sus Confesiones: “Cuando llegué a Cartago, a mi alrededor bullía un caldero de amores ilícitos (…) Me contaminé el agua primaveral de la amistad con la suciedad de la concupiscencia”, con lo cual explica detalladamente  su “amistad” con un joven cristiano.

En ese sentido, la Constitución Dominicana del 2010, no pone reparos a que las Cámaras puedan aprobar un proyecto de ley que permita el matrimonio entre personas del mismo sexo, muy por el contrario, en su artículo 38 consagra la dignidad humana y establece que el Estado debe garantizarla pues la misma es sagrada, innata e inviolable.  Más adelante, en el artículo 39, establece la igualdad de todos ante la ley y del goce de esa libertad que debe ser garantizada por el Estado, por lo que en la República Dominicana existe una flagrante violación a la dignidad y a la libertad de la personas con preferencias sexuales  hacia su mismo sexo, lo cual puede ser resuelto si se dejan atrás esas ínfulas de Estado confesional que se imprimió a la propia constitución, violentando su propio espíritu de “progresista”.

Como todo ente sujeto de derechos, el ciudadano dominicano que hace una elección, en cuanto a su persona,  amparado en su libre albedrío y al pleno goce de sus libertades constitucionales, sin menoscabar los derechos de los demás ciudadanos, deben serle respetados los mismos y permitírsele gozar de ellos, como a los demás ciudadanos que forman una familia tradicional.

La especie no se va a extinguir por el hecho de que los Estados reconozcan una realidad que da en la cara y que la sociedad prefiere mantener subyugada, puesto que actualmente hay unos 7,000 millones de seres humanos sobre la tierra, la especie animal que más se ha multiplicado en los últimos 200 años y de esos quizás el 0.35%   tienen preferencia por personas de su mismo sexo, lo cual no lo hace menos merecedores de ejercer sus derechos constitucionales y no serán los responsables de la extinción de la raza humana como mantienen el flamante ministro español de interior y la “sacro santa” iglesia de Roma.

 

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Sobre el autor

Abogado de profesión graduado de la PUCMM, con posgrado en Derecho Procesal Civil y Diploma de Estudios Avanzados en Derechos Fundamentales de la Universidad Complutense de Madrid, catedrático de Derecho en la PUCMM, árbitro de las cámaras de Comercio de Santo Domingo y Santiago y un dominicano convencido del potencial de nuestro país.