Perlas y margaritas

En este espacio comparto palabras relacionadas con temas que considero esenciales, de primera importancia para mí y la sociedad.

Las finanzas de Elpidio, un chofer emprendedor

Anoche Elpidio vio en la tele a uno de los nuevos gurús financieros de República Dominicana. Y hoy se levantó motivadísimo con la idea de revisar, organizar, y proyectar la economía de su casa para hacerse de un buen ahorro; convertir el ahorro en capital; invertir el capital en un negocio rentable; y, de una vez y para siempre, dejar de ser un empleado para convertirse en un gran emprendedor,… ¡en un próspero empresario!

Así que temprano en la mañana tomó papel y lápiz, tiró todos sus numeritos, y vino donde mí para que lo ayude con el análisis de sus finanzas personales, que básicamente consisten en lo siguiente.

Como chofer de una de las principales empresas de importación del país Elpidio tiene un salario de dieciocho mil pesos al mes, de los cuales, con el descuento de la seguridad social y de una flota que extravió en el ejercicio de sus funciones, le quedan dieciséis mil. Eso recibe por trabajar desde las 8:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde (en teoría su jornada debería ser hasta las 5:00, pero cuando no existe el derecho a la sindicalización los trabajadores prefieren tragarse las quejas y rumiarlas entre ellos en la hora de almuerzo).   

Los dieciséis mil al mes se suman a los tres mil que en promedio la esposa de Elpidio, Rosita, consigue vendiendo helados de batata con coco y de tamarindo en la escuela del barrio, donde estudian sus dos niños de nueve y once años. Es decir, en total, a la casa de Elpidio entran unos diecinueve mil mensuales, que no son poca cosa si se toma en cuenta que en la economía formal tan promovida por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) el salario mínimo apenas ronda por los diez mil pesos.     

De ese monto la familia gasta seis mil pesos en el alquiler de una casa de dos habitaciones; ocho mil pesos en una compra de supermercado (que dura lo que un suspiro); novecientos pesos de energía eléctrica; y unos dos mil quinientos pesos en “el diario” que Elpidio deja debajo de la almohada  antes de salir a trabajar, todos los días a las 6:00 de la mañana (el que vive en el fin del mundo tiene que madrugar si quiere evitar los exasperantes tapones del puente).

Hasta aquí los gastos de la casa de  Elpidio van por diecisiete mil cuatrocientos pesos. Pero el chofer registra otro egreso de dos mil  en pasaje, pues para llegar a la empresa toma dos vehículos de concho de veinticinco pesos cada uno, y lo mismo de regreso a casa.  

Como usted habrá notado, la cuenta tiene un saldo negativo de cuatrocientos pesos, porque el ingreso del hogar es de diecinueve mil pesos  y los gastos arañan los diecinueve mil cuatrocientos pesos. “Pero falta el dinero del gas; los ciento veinticinco que me cuesta el plato del día en el comedor de doña Lola (tengo que comer en la calle porque salgo muy temprano de la casa); unos mil quinintos de teléfono y celular; la boronita que uno le da a los muchachos los fines de semana para que compren un refresco; y la medicina de Elpidito, que me salió medio enfermozo”, dice Elpidio con la cara limpia, como si se tratara de simples e insignificantes  detalles de su actividad económica.

Cuando le pregunto de dónde saca el dinero para cubrir esos gastos extraordinarios, me explica que tiene una cuenta abierta en el colmado El Banilejo, y que en la empresa un compañero le hace préstamos al “módico 20% mensual” cada vez que lo necesita. Con esas dos fuentes de crédito hace el rejuego durante once meses, hasta que en diciembre cobra el doble sueldo, recibe una ayudita de un hermano que está en Nueva York y vuelve a poner sus números en balance cero o en algo parecido.

“No me digas que no cuadro. Eso ya lo sé.  Necesito ver qué puedo eliminar de mis gastos para comenzar un ahorro, acumular un capital, poner un negocio, y convertirme en un próspero empresario, como explica el tipo de la televisión”, me exige mi amigo chofer mientras pasamos y repasamos sus numeritos una y otra vez.  Pero yo, que no soy mago ni uno de esos nuevos gurús de las finanzas, me siento incapaz de darle  una  respuesta que no arruine sus fabulosas aspiraciones.

Si usted puede ayudarlo, por favor, envíele sus recomendaciones  al correo jonatanliriano@gmail.com para yo hacérselas llegar.

 

@jhonatanliriano

 

 

 

 

 

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