Vías ácratas


Las cosas del querer bajo la constitucionalidad del activismo peledeísta

Un inusitado vigor marcan las posturas de los defensores de la patria con el nuevo proyecto de ley enviado por el Gran jefe Presidente Danilo Medina para disque solucionar las fracturas sinusoidales que van desde una postura de amplitud conmovida por el esquematismo triunfalista de la línea dura del presidente, hasta el requiebre de los amiguitos del Tribunal Constitucional que despojaban a los/as dominicanos/as de ascendencia haitiana el derecho de ser ciudadanos/as de esta pequeña isla.

Enmarañado tránsito que oferta un camino caracterizado por el pragmatismo de ideas y valores en el que se deleitan los morados para enmascarar la trama de un Estado que se autolesiona una y otra vez mostrando las purulencias gonorreícas de su sintomatología arcaica y fundante. La de una casa fantasmática marcada por una vieja institucionalidad hispánica, la pureza de sangre (colonialidad) y una manera de Ser-ahí en su carácter “patológico” (personalidad límite), cuya particularidad desconcertante es la desfigurar su imagen una y otra vez, con la ilusión de ser un “esqueleto identitario real” (dominicanidad). Todo esto para proporcionar alivio a la psiquis de los criollos decadentes y acomplejados del viejo imperio español, bajo los epígrafes de la postmodernidad.

A decir de un filosofó llamado Derrida, la organización fantasmática, individual o colectiva, es la invención de una nueva droga, la que pretende ofrecer placer desenfrenado, cuasi orgiástico para enmascarar la verdad de la trama del loco: la de un Estado sujeto que se decide fuera del sí mimo, en un vacio sin consistencia que no sea, la de aferrarse a una máscara del poder para verse una y otra vez en el Otro y quedar horrorizado al levantar los velos y encontrarse con la negritud, el vencimiento, el mulataje acomplejado y desgarbado con una estética que les desborda los traseros y les recuerda el grito de que no se derramó la leche, ni en las entrepiernas del Otro.

Es este abigarrado espejismo (proyecto de ley) en el que se pretende dar soluciones al “sueño universalizado” de ser un Estado blanco, progresista y democrático en su mirada arrebatadora por la sensualidad y apetencias de “los duros” Estados occidentales capitalistas, en que se rebosan los sueños de los héroes del Estado morado. Y es en el ahora, instante supremo que aparece la seña del Gran jefe, que con su “aparente ingenuidad” comienza a dar lecciones amatorias como la de acariciar los pechos, tocar las piernas e iniciar los sueños de un priapismo perpetuo. A eso le llaman por estos lares ilusiones de amor. Pero bajo ese operativo platónico de amor inconmensurable por el Otro excluido,  se formulan, las declaraciones de muerte, sustracción y decadencia de las cosas públicas estatistas, la de violar una y otra vez sus propias leyes. En fin, así piensan y actúan los cuatreros y libertinos eternos.

Con el nuevo proyecto de ley se propone regularizar y transcribir en los “Sacrosantos Registros Oficiales”, a los Otros (dominicanos/as de ascendencia haitiana), apátridas no reconocidos por ser el resultado de la ilegitimidad de “un polvo” que se concretizó en los espacios intertextuado de la Casa o Patria Grande.

Yo no sé hasta qué punto, las ilusiones ideológicas de estos criollos parejeros puedan confrontar sus propias patologías, “la del real deseo”, la de poder articular un buen orgasmo en las redes organizacionales de un Estado decadente que disimula sus faltas (la castración) con el fetiche de la limpieza de sangre y la regulación de los Otros en las oficialías civiles. El resultado pretendido siempre será lo mismo, intentar borrar las huellas de su imposibilidad con fórmulas jurídicas  para generar un hombre burgués blanco patriarcal que haga posible la instauración de un capitalismo para gozar eternamente de una plusvalía absoluta.

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