Abriendo puertas

Abriendo puertas es un espacio para difundir y reflexionar acerca de los diferentes aportes de la psicología en el ámbito sanitario, clínico y político, en un mundo en el que los aspectos emocionales resultan de gran relevancia para entender las complejas realidades que vive el ser humano

Bullying: ¿qué les pasa a los agresores?

Cuando pensamos en el bullying la atención se centra, como cabe esperar, en el sufrimiento de las víctimas de un acoso sistemático que padece el 16 % de nuestros estudiantes, en edades de entre 11 y 15 años. Sin embargo, el fenómeno de violencia e intimidación es mucho más complejo, como hoy acuerdan académicos y psicólogos. Si bien es cierto que los protagonistas principales son el agresor y la víctima, el fenómeno casi nunca se produce aisladamente. Hace falta el grupo para legitimar el poder del bully. Actores que, de un modo indirecto o directo, pasiva o activamente, son testigos y participantes de esa forma de acoso que se da en las escuelas y que el acceso a internet y a las redes sociales magnifica y extiende más allá del ámbito escolar.

Días atrás, en la sección radial que produzco en El Matutino Alternativo, que conduce la escritora y comunicadora Carmen Imbert Brugal, puse de relieve la importancia de entender que respecto al  fenómeno del bullying hace falta realizar un trabajo de prevención y tratamiento no solo con las víctimas, sino también con los agresores. Algunos oyentes alarmados asumieron mi reclamo de inclusión como una especie de justificación de la conducta de los agresores. Sin embargo, entender un fenómeno social no significa justificarlo.

Si bien es cierto que los protagonistas principales son el agresor y la víctima, el fenómeno casi nunca se produce aisladamente.

Tomando en cuenta que se trata de menores, que la mayoría de las veces no tienen plena consciencia de las consecuencias terribles que sus actos pueden tener en los perjudicados, es necesario mirar el problema desde una más amplia perspectiva, aceptar su complejidad y multicausalidad para poder enfrentarlo del modo más eficaz posible. Hace falta ver más allá de la falta moral, que la hay, e intentar explicar las causas y motivaciones de este tipo de violencia, y para ello hay que también adentrarse en las características que comparten los agresores, así como las causas y origen de un comportamiento antisocial y dañino.

Sullivan y colegas (2005) señalaron los distintos papeles sociales que intervienen en el bullying: compinches,  ajenos y defensores y, por supuesto, agresores y víctimas. La agitación y la legitimidad que brinda el grupo permiten el secretismo y la impunidad y da alas a los  agresores para perpetuar sus acciones violentas, que muchas veces acarrean popularidad y poder dentro del núcleo de sus iguales.

Se han indicado diversos rasgos que suelen compartir los agresores. Entre los más relevantes encontramos una actitud positiva hacia la violencia. Los agresores suelen ser impulsivos y dominantes. Son fácilmente provocados, disfrutan con las agresiones que cometen, lo que significa la existencia de rasgos sádicos; comparten tendencias narcisistas que los hacen exhibirse como superiores y con un elevado concepto de sí mismos, así como una dificultad para ser empáticos con los demás.

Es notable, en los agresores, el déficit en habilidades sociales para resolver conflictos de una forma pacífica y, muchas veces, el que hayan tenido vivencias de acontecimientos violentos en el seno de la familia o en su entorno social. De hecho, uno de los tipos de agresores que existen han sido víctimas de bullying.

Tener en cuenta estas características nos permite comprender mejor el fenómeno del bullying y elaborar programas y planes para abordarlo. Siendo todos menores, víctimas y agresores y espectadores, los adultos tenemos una responsabilidad que sobrepasa lo puramente disciplinario. Organizar talleres y  charlas en nuestras escuelas sobre el bullying y sus efectos, pero también sobre técnicas de resolución de conflictos y aumento de las competencias en habilidades sociales, es un modo muy eficaz de prevenir estos hechos. Recomendar una intervención psicoterapéutica para víctimas y agresores son dos acciones muy útiles para abordar este tipo de conflictos. Lo positivo del caso es que los actores involucrados en el bullying están a tiempo de corregir tendencias que pueden agravarse en la edad adulta y el impacto de un trabajo preventivo les ayuda, además, a ser mejores ciudadanos.

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