Abriendo puertas

Abriendo puertas es un espacio para difundir y reflexionar acerca de los diferentes aportes de la psicología en el ámbito sanitario, clínico y político, en un mundo en el que los aspectos emocionales resultan de gran relevancia para entender las complejas realidades que vive el ser humano

Las víctimas del bullying

Sobre el fenómeno socioinfantil del bullying se tejen malos entendidos. El más común es el de pensar que cualquier forma de agresión sufrida por un alumnos de parte de un compañero es ya sufrir acoso escolar. Para que hablemos de acoso hace falta, en primer lugar, que sea un hecho repetido en el tiempo. Un empujón, una burla, un golpe, un robo o varios incidentes de la misma naturaleza hablan de formas de violencia muy propias de nuestros años de niñez. Bastaría entrar en nuestra memoria para extraer más de un recuerdo de una de esas situaciones por las que casi todos hemos pasado. Pero cuando hablamos de bullying nos referimos a un tipo de acoso que se produce de modo sistemático de un agresor o agresores hacia una víctima, escogida por algunas características particulares de su personalidad, su aspecto físico o su condición social o racial.

Hechos así han ocurrido siempre, sin embargo, no fue hasta los años setenta cuando se acuñó el término bullying, un anglicismo que, más o menos, puede traducirse como intimidación y que fue usado por Dan Olweus, profesor de Psicología de la Universidad de Bergen, Noruega, para referirse a un fenómeno que, en los casos más extremos, puede llevar a la víctima hasta el suicidio.

La victima suele ser una niña o un niño retraído socialmente, aislado, con déficit en sus habilidades sociales, sobre todo a la hora de afrontar dificultades. 

Pero vayamos por parte, pues se trata de un fenómeno mucho más complejo de lo que a simple vista puede apreciarse. Empecemos por intentar explicar las características compartidas por la mayoría de las víctimas de bullying y las graves secuelas que este proceso traumático deja en su personalidad y en su universo psíquico.

Fue Hartup (1992) quien puso de relieve la importancia del contexto socializador que constituye la relación entre los iguales en edades tempranas. En él se favorecen, practican y perfeccionan habilidades, actitudes, comportamientos y conocimientos que difícilmente pueden alcanzarse sin la interacción directa de niños y niños con sus pares. De ello se desprende, que si este proceso de socialización se ve cargado de situaciones negativas y traumáticas, el impacto de ello en la vida del sujeto como adolescente y como adulto es de gran relevancia. Baste aportar este dato demoledor: según el Servicio Secreto de Estados Unidos, el 71 % de los asesinatos cometidos en los institutos de bachillerato entre 1974 y 2000 fueron protagonizados por jóvenes que habían sufrido bullying en los seis meses previos. Y aunque las consecuencias no siempre son tan dramáticas, no cabe duda que se trata de experiencias cargadas de una gran negatividad.

La victima suele ser una niña o un niño retraído socialmente, aislado, con déficit en sus habilidades sociales, sobre todo a la hora de afrontar dificultades. Suelen pensar que la mejor manera de afrontar un acto de violencia es fingir que se ignora, y casi siempre piensan que hay  algo en ellos que resulta provocador para sus agresores. La tristeza es la emoción más frecuente, aunque se detecta ira y hostilidad en su interior. Este último detalle hace que, cuando profesores y demás adultos intentan resolver el problema, vislumbren elementos de provocación en la victima que vuelve más confuso el cuadro.  En muchas ocasiones, se trata de niños sobreprotegidos en el ámbito familiar, muy dependientes de sus figuras de afecto, que acatan cualquier forma de autoridad de un modo pasivo y temeroso.

Las secuelas que produce el vivir una situación de acoso de la naturaleza del bullying son variadas. Un déficit de autoestima, inseguridad, sensación de indefensión y  otras dificultades de tipo interpersonal. Las consecuencias inmediatas van desde tristeza, ansiedad, anorexia, problemas de sueño, miedo, angustia e incluso, en los casos más extremos, el suicidio.

Si bien es cierto que hay que enfrentar el problema, disciplinariamente, no basta con ello. Complica mucho el panorama de las instituciones educativas el cambio de normas que las rige y que les prohíbe, por ejemplo, expulsar a un alumno, cometa la falta que cometa, sin importar su gravedad.

Los índices de bullying en nuestro país son tan alarmantes que ameritan un trabajo preventivo. En un estudio realizado por realizado por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (IDEA) en 2008, el 16,7 % de los estudiantes encuestados refirieron haber sufrido acoso escolar de forma sistemática. La mediación escolar se convierte en un instrumento necesario, porque al involucrar a los propios estudiantes en ese proceso, y dotar de habilidades sociales a los mediados, tiene un mayor alcance en los iguales. Pero también hay que enseñar a resolver conflictos, a ser más asertivos, y, una vez el daño está hecho, no bastan las medidas disciplinarias contra los agresores. Hace falta desarrollar un trabajo clínico con las víctimas, que les rescate de las secuelas postraumáticas. Pero ojo, los niños reproducen lo que ven y sufren, y en una sociedad con índices de violencia intrafamiliar y social tan altos, no es de extrañar que también entre ellos se reproduzcan comportamientos tan dañinos.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.