Vías ácratas


El blanqueamiento del “Estado Morado” (2)

El Estado dominicano se creó históricamente bajo el epígrafe de identidades homogeneizadas y fragmentadas racialmente. Y aun hoy, los viejos argumentos coloniales deshumanizantes son retomados políticamente para justificar el control social y la permanencia de las elites. La mentira social es un continuo en República Dominicana. Los conflictos sociales se tratan de contener utilizando las viejas formulas argumentativas del nacionalismo dominicano. Todos los problemas están relacionados de alguna manera con la presencia haitiana en el territorio y su posible invasión pacífica o violenta. 

En el contexto isleño, no hay tercer excluido, ni argumentos polivalentes, la haitianidad es por sangre y  por tanto es objetable, por el sólo hecho de, que la identidad dominicana se construye sin escala de grises, bajo los ideales de la separatidad biológica y cultural del pueblo haitiano. El Estado soberano dominicano tiene sus propios límites, los lindes fronterizos como lugar de deseo y desencuentro. 

El olor, el color, oralidad y espiritualidad del Otro, entiéndase haitianos y sus descendientes son los límites del actuar y de los atributos de lo racial. Esto se enmarca en el lugar del absurdo de la contradicción o de la irracional. Ya por eso utilizan variados  argumentos, entre ellos, el más manoseado, la pérdida de soberanía; el peligro de enfermedades, la supuesta violencia de los humores de los negros/as, la fuerte magia, entre otros. Las racionalidades argumentativas se fundamentan en digresiones sociales que pretenden tener pruebas epidemiológicas y estadísticas censales que apuntala una invasión pacífica de los nacionales  haitianos/as a la República Dominicana.   

El mito del Otro, se retoma una y otra vez,  con la pretendida sensatez de defender la Soberanía nacional. Este supuesto “racismo razonable” personifica un Estado en declive.

Y en nombre de la seguridad nacional, vociferan sobre el peligro que enfrenta la patria con dichas migraciones. El Otro, el haitiano y sus descendientes son el cuerpo teórico del cual se apropian los intelectuales blancos[7] y las élites de poder para preconizar los ideales de defensa del Estado Nación dominicano. 

El Estado dominicano se siente vulnerable por los fantasmas de la negritud que se expresa en la haitianidad. La copiosa narrativa  consolida un no respeto a los derechos del Otro, entiéndase haitianos o sus descendientes. Y en nombre del espejo, la fragmentación vulnera sus emocionalidades, por lo que se recurre al espíritu del racismo, para todo lo que huela y se vea con el color de la haitiniadad o les recuerde sus orígenes africanos. 

El despojo de la dominicanidad

La neocolonialidad muestra su lado oscuro desde el 2007 cuando comenzó a utilizar los instrumentos de opresión contra los/as ciudadanos/as dominicanos de origen haitiano al negarle mediante disposiciones administrativas expedir las copias de actas de nacimiento y cédulas a personas de nombres o apariencia haitiana que no demostrarán que sus padres eran residentes legales al declararlos. 

La Junta Central Electoral tomó dichas medidas de manera arbitraria, sin hacer pasar los casos a un tribunal judicial como lo requiere la ley de migración 285-04. Esta ley niega la nacionalidad a los residentes ilegales y fue ratificada con carácter constitucional en la carta magna proclamada en el 2010. Los antecedentes de esto se muestran en la circular 017 del 29 de marzo del 2007 y en los oficios del estado civil donde se pide a los oficiales civiles que revisen y tomen en cuenta aquellas actas que fueron expedidas de forma irregular. Todas las actas que supuestamente han sido recusadas son precisamente, la de los ciudadanos dominicanos cuyos padres son haitianos. 

Estas medidas han sido tomadas por representantes de grupos conservadores del Partido Reformitas Social Cristianos[8] que están aliados al partido de la Liberación Dominicana quien gobierna constitucionalmente el país. Estos dos partidos han mantenido cuotas de poder e intercambio desde que se unieron en 1992. 

Los dominicanos descendientes de haitianos han sido privados arbitrariamente de su nacionalidad. Y esto ha sido reconocido tácitamente por el Estado dominicano, pues no ha mostrado ningún tipo de disposición para darle solución a las solicitudes de los demandantes. La nación no lo visibiliza, ni le posibilita su integración, a decir de los viejos ilustrados franceses les han violado los derechos humanos y convertidos tácitamente en apátridas.  Sin documentos, no pueden estudiar, ni trabajar, viajar, casarse, tomar un préstamo o ir a realizar cualquier tipo de actividad bancaria. Se les decomisa la identidad, la ciudanía y se le deja vagar como muertos vivientes. 

Los argumentos que usan “los defensores de la patria” son verdaderamente incongruentes  y sin fundamentos. Destacan que la mayoría de estas personas (dominicanos/haitianos) fueron registradas de manera fraudulenta. Otro en cambio, dicen que están evaluando la situación, porque estas personas deben irse a Haití donde lo reconocerán por la ciudadanía de sus padres. 

No obstante, los afectados prueban que fueron registrados por las Oficialías Civiles, como dominicanos de nacimiento y en eso momentos estaban amparados por los reglamentos vigentes hasta el 2004 y en la constitución hasta el 2010. Dicha leyes reconocían hasta el 2010, el principio de jus-soli, el cual especificaba que toda persona que nace en territorio dominicano se reconoce su ciudanía, con excepción de los hijos e hijas de diplomáticos y extranjeros en tránsito, pero este período definido transitorio era tan solo de diez días. De manera que si alguno de estos jóvenes fueron hijos de inmigrantes ilegales al pasar, los diez días de estar en el país, sus hijos/as nacidos en territorios dominicanos podían ser reconocidos como ciudadanos/as dominicanos.   

La gravedad de la situación se verifica con los intentos de suicidio de algunos de estos jóvenes afectados por dichas medidas y el no compromiso del gobierno con sus ciudadanos. Lo real, se muestra y se verifica el compromiso antidemocrático del modelo de Estado Nación y es que, a partir de una disposición administrativa emitida por un funcionario de segunda, se establece y rememora la historia original, “los culpables son los otros”, tomo y retomó la presencia mientras rechazo e impugno al Otro. 

El significante identitario se conforma con la presencia del Otro. A decir de Zizek[9] la identidad está constituida por el Otro. Y dice que  esto es una gran ilusión ideológica. La Junta Central Electoral, como institución de poder, se reconoce a sí misma, a través de funcionarios que tienen claras pretensiones de ser sujetos de poder, en tanto funcionen con la palabra y la acción plena. Es decir reconociendo o desconociendo al Otro que soy. En el campo de los significantes soy en tanto puedo poseer la capacidad de activar la conciencia basada en la ilusión ideológica del poder.  

El despojo de la dominicanidad tiene un punto central, la de  considerar que las trazas históricas marcan y afectan, la condición de los ciudadanos dominicanos descendientes de haitiano, dada la particularidad de ser negros/as, pobre, vulnerable y ser representantes del dibujo macabro del Otro que invadió dos veces en el siglo XIX al país.

Pero ese Otro, está en el vecindario. Es el que refleja la memoria del vencido. Y personifica, la amenaza del mito primordial de la patria, pues se le califica y nombra cuando los delirios de la gobernabilidad  necesitan figurarlo para defenderse de las incongruencias políticas, las deudas impagables, la corrupción cotidiana y el mercadeo de los recursos y bienes comunes. Los haitianos y sus descendientes son  los apátridas originarios, los que plasman en su rostro al “falaz impostor de la patria.” 

El Estado dominicano, hace uso una y otra vez, de dicho recursos discursivo y lo acciona cuando los delirios exacerbados de las masas pueden amenazar su desconsolada causa, la de permanecer de cualquier forma en el poder, para santificar las demandas de la oligarquías o de algún “superhombre” que pretenda gobernar con  magnanimidad, el instrumental moderno constitucional que le asegura el compromiso primordial con los mitos fundantes y con la ilusión de que el orden estatista con su democracia representativa puede cumplir con un destino, la de blanquear, cristianizar y “purificar” la cultura dominicana.     

La argumentación que permanece en el ámbito estatal, siempre está avalada, con la idea de que de una vez por toda, se resolverá el problema haitiano. Definiendo leyes y tomando “medidas prudentes” como la emitida por la Junta Central Electoral. Con dichas medidas  pretenden desintoxicarse de los vecinos y de sus proles

La socialdemocracia dominicana se ampara en la actualidad en una disposición administrativa que vulnera su propia ley de migración. Dicha ley no es retroactiva, pero le da históricamente claridad de juicio y le permite al Estado ratificar, “las viejas formas coloniales”. El mito del Otro, se retoma una y otra vez,  con la pretendida sensatez de defender la Soberanía nacional. Este supuesto “racismo razonable” personifica un Estado en declive. 

7] No estoy rrefriéndome al color de piel per se, sino al pensamiento racialita del modelo moderno.

[8] El presidente de la Junta Central Electoral es Roberto Rosario cuyo partido tiene la postura más conservadores con respeto al trato que se le da a los haitianos. Es dirigente del Partido Reformita Social Cristiano. 

[9] ŽIŽEK, Slavoj: El sublime objeto de la ideología. México. Siglo XXI. 1992 . pág. 45.

Bibliografía

Aguerre Lucia Alicia: Desigualdades, racismo cultural y diferencia colonial“, desiguALdades.net Working Paper Series, Nr. 5, Berlin: desiguALdades.net Research Network on Interdependent Inequalities in Latin America.2011. 

Inoa Orlando. Historia Dominicana. Ediciones Letras Gráficas. Santo Domingo. República Dominicana.  2013.

Martín E. Díaz: Racismo epistémico y monocultura. Notas sobre las diversidades ausentes en América Latina. Revista de Epistemología y Ciencias Humanas. Universidad Nacional de Comauhe. Centro de Estudios y Actualización en Pensamiento Político, Interculturalidad y Decolonialidad – CEAPEDI. Argentina. Sin fecha.

Mignolo Walter. La idea de América Latina. La herida colonial y la opción descolonial. Barcelona, España. Editorial Gedisa. 2007. 

Quijano Aníbal. La colonialidad del poder Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, en: Lander, E. (ed.): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires: CLACSO. 2000. 

ŽIŽEK, Slavoj: El sublime objeto de la ideología. México. Siglo XXI. 1992.

(En la periferia de la dominicanidad. El blanqueamiento del Estado morado, fue publicado originalmente en el libro Ra(í)ces: Black Feminist Encounters

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