En alta voz

Un espacio para amplificar mi propio pensamiento y el de otros muchos que no pueden o no se atreven a levantar la voz. Compartir mi experiencia como ciudadano militante y mi visión sobre nuestra realidad cotidiana, contrarrestando en la medida de lo posible . la tendencia a callar por temor o a decir solo las "verdades convenientes". Y de vez en cuando poner el dedo sobre la llaga... a ver que sale.

La trampa de las soluciones individuales

Durante las últimas décadas es mucho de lo que se ha escrito y debatido sobre los retos del presente y del futuro de la República Dominicana. Somos  probablemente uno de los países mejor diagnosticados  en cuanto a  los grandes temas  institucionales, económicos y sociales que interesan a la sociedad.

Se podría afirmar con propiedad que sabemos cuales son nuestros problemas y qué debemos hacer para enfrentarlos pero seguimos rezagados en las áreas estratégicas del desarrollo,  a pesar, inclusive,  de los altos  índices  de crecimiento  acarreado en gran medida por la intensiva política de  endeudamiento en que se ha embarcado el país en los últimos años.

Penosamente se  advierte que las políticas y los programas de desarrollo que hemos  acordado y hasta puesto en marcha, han sido anulados  por el ejercicio pragmático del poder y  la  fórmula del “sálvese quien pueda”, que ha sido útiles  para apuntalar la nueva clase gobernante pero que han convertido la institucionalidad del país  en una simple fachada, mientras se ensancha la brecha entre una minoría cada vez más opulenta y una mayoría pobre que parece  conformarse con la “borona” del clientelismo  revestido de  beneficencia estatal.

Tal vez no haya que inventar mucho. Cuando los dominicanos nos pusimos de acuerdo terminamos la dictadura de Trujillo y sacamos a todos sus remanentes.

Bajo este esquema se ha producido  la degradación progresiva de los servicios públicos en perjuicio de la mayoría que menos puede, ya que la minoría privilegiada  tiene la capacidad de resolver individualmente sus problemas, ya  se trate de seguridad, educación, salud, agua potable, energía, transporte o sana recreación.

El ejemplo más representativo es el caso  de la energía eléctrica. Tenemos uno de los más elevados déficits energéticos de América Latina, pero  pagamos el kilovatio hora  más caro de la región y en adición a eso invertimos  miles de millones de dólares en compra de inversores y plantas de “emergencia”.  ¿Cuántas centrales  hidroeléctricas, cuentas plantas   de energía solar y de viento se habrían podido instalar en el país con los cuantiosos recursos que hemos invertido en las soluciones individuales del problema energético?

En materia de seguridad gastamos muchísimo dinero en levantar verjas de protección, en servicios privados de vigilancia y hasta construimos casas   en las afueras para alejarnos  de la delincuencia urbana, pero no nos hemos puestos de acuerdo para fortalecer los sistemas institucionales de seguridad, comenzando por elevar el nivel de profesionalidad de  la Policía Nacional, para lograr un esquema de seguridad para todos.

La educación, factor clave en todo proceso de desarrollo, no escapa a esta  paradoja.  Las deficiencias del sistema de educación pública no solo afectan a la población muy pobre. También  constituyen una causa de empobrecimiento para la clase media, que tiene que someterse a las cada vez más elevadas tarifas de los colegios privados

Este panorama se repite en el  vital servicio de agua potable, donde gastamos cientos de millones de pesos  y  dólares en  soluciones individuales, ya que todo el que puede construye una cisterna, pero no nos decidimos a invertir los recursos para hacer los acueductos que necesitan nuestras comunidades, como es el caso de la provincia Altagracia, donde a pesar de la riqueza generada por el turismo no se ha construido un acueducto para su creciente población.

Y ni hablar de lo que gastamos en  soluciones individuales de salud y  de transporte sin lograr  todavía una solución que beneficie a la mayoría. Lo cierto es que las soluciones individuales solo contribuyen  a empeorar los problemas de todos.

Fortalecer el sentido de comunidad

Tal vez no haya que inventar mucho. Cuando los dominicanos nos pusimos de acuerdo terminamos la dictadura de Trujillo y sacamos a todos sus remanentes. Cuando enfrentamos con firmeza los desmanes de la famosa banda terrorista creada por los aparatos represivos en la década del  70,  obligamos al gobierno de Balaguer  a desmantelarla y a poner en cintura a todos sus integrantes. Cuando nos pusimos de acuerdo también logramos articular y poner en marcha el Sistema Dominicano de Seguridad Social, lamentablemente rezagado por la  falta de voluntad política o de empoderamiento social. 

Lo que nos falta es fortalecer el sentimiento de comunidad para enfrentar  los problemas de manera colectiva, entender que ninguna solución particular resuelve el problema general. Que debemos enfrentar cada problema por encima de las banderías políticas, y sobre todo que debemos actuar:   sensibilizarnos, organizarnos, movilizarnos y presionar  al Estado y a los grupos fácticos de poder a tomar en cuenta  la voluntad de la mayoría. Debemos enviar una señal clara para que nuestros gobernantes entiendan que sus prioridades no pueden ser  diferentes a las del país.

Todas las grandes obras de la humanidad han sido  resultado de la suma de voluntades.

Quizás tenga sentido reflexionar sobre las palabras  de Clement Attlee,  primer ministro británico después de la Segunda Guerra Mundial: “Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres no podrán salvarse los pocos que son ricos”.

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Sobre el autor

Periodista y politólogo con experiencia y formación en casi todas las áreas de prensa, relaciones públicas, comunicación estratégica, municipalismo, gestión comunitaria, información turística, subversión ciudadana y política al servicio de la gente.