Miguel D. Mena


Diez lugares donde fuimos felices

De alguna manera siempre volvemos a los puntos aquellos que mueven y de donde depende el mundo: los ojos, lo que hace que los lápices sean lápices, las gotas de lluvia, los sorbos de café, el sonido de las campanas. Todo es un puntuar en este permanente salir que es la vida.

A veces salimos hacia el pasado. Trazar la cartografía de los lugares donde fuimos felices es como hacer menos fluida la sombra, cediéndole mayor gravedad a la respiración de cada quien. Localizar zonas comunes, advertir que dimos los mismos pasos o que sobre nosotros se aposentaron las mismas nubes, es comprobar la familia del alma que somos. Porque sí, porque nombrar es crear círculos y advertir techos. En tiempos de tantas casas y contestadores automáticos y mirar por la ventana y te veo más tarde, acercarnos a geografías-chispas de alegría podría ser el motivo para ponerse sus galas y salir.

A veces salimos hacia el pasado. Trazar la cartografía de los lugares donde fuimos felices es como hacer menos fluida la sombra, cediéndole mayor gravedad a la respiración de cada quien.

Salir: qué suerte. Se sale porque los pies evaden las raíces, sus hormigas. Al recuperar esos pasos las manos toman aire. Habrá ahogos, respiraciones más cortas, pero la felicidad también tiene sus dosis, sus mecedoras, el lugar de los fresquitos, aquellos días que serán mejor que cualquier novela o película.

Le he pedido a algunos amigos que me enviaran la lista de los lugares donde fueron felices. Seguramente la mayoría no se lo tomó en serio. ¿Necesitamos listas? Quién sabe. A mí me gustan las listas como en algún momento me gustaba el álbum del Topo Gigio o los carritos chocones de la Feria o las Teticas del Mirador, con sus mecedoras y sus gozaderas a prueba de lluvia y mejor aún si caía el vendaval. Siempre volvemos a los espacios de la felicidad, a los sabores que vivifican, a los olores que eran como flotar: a las flores de la calle Caonabo en Gascue, al sabor de las almendras machacadas en el malecón, a la foto de Chaplin y su flor, Coltrane oyendo algo curioso, Marichal tocando el cielo con la punta de su pie como un coloso tropical en San Francisco, “I’am easy” tocado en Nashville o Eddie Vedder en cualquier tema melancólico.

Aquí le dejo la lista de los lugares donde amigos muy queridos -Margarita Cordero, Ramón E. Colombo y Chiqui Vicioso- fueron felices. Los pongo por orden de llegada. Seguramente habrá chorro de puentes invisibles. A mí me han tocado algunos: la casa de Margarita, donde se respira pura bondad y encanto. También un par de días en Coyoacán, paseando con Chiqui Vicioso, yendo desde la Casa-Fuerte del Indio Fernández hasta un parque, rodeados de panaderías y artesanías, de ese México que si lo conoces siempre irá contigo.

MARGARITA CORDERO

Sin orden de intensidad ni tampoco trazando todas las coordenadas de la cartografía de mi felicidad.

Lisboa, porque su luz y su sonido me seducen y porque, vuelta sórdida y oscura, es el telón de fondo de la novelística de Antonio Lobo Antunes.

Nueva York,  en una invernal mañana de domingo en la Abyssinian Baptist Church, Harlem, escuchando un góspel galáctico.

Lloret de Mar, en Gerona, agradeciendo el calor de la chimenea, el buen vino y sobre todo la calidez de dos entrañables amigos.

Brunate, Como, en un minúsculo restaurante a través de cuya ventana, y a pesar de la neblina, sentí embeber la inmensidad del lago.

El Calafate, Argentina, frente a los glaciares, de una belleza tan apabullante que te entran ganas locas de creer en Dios.

Nueva Orléans, peregrinando los bares de la Bourbon Street, donde imaginé, inútil pero lúdicamente, ser la Rhadopis de Naguib Mahfuz.

Madrid, felicidad perpetua, sobre todo en el multiétnico Lavapiés, su Café Barbieri y sus alucinantes tugurios.

Xian, frente a la desasosegante perfección de los guerreros de terracota, que me hizo olvidar la orgía egolátrica de Quin Shihuang.

Jarabacoa, frente al Salto de Jimenoa, bailando “Nueva York no duerme”, de Ramón Orlando, con un hombre al que amé hasta la desesperación.

Santo Domingo, en mi apartamento, visionando junto a mi nieto un millón de episodios de la saga del ninja Naruto y haciéndole creer que la trama no se me escapa.

 RAMÓN E. COLOMBO

México por los cuatro costados, por arriba y por abajo, al revés y al derecho, especialmente Guanajuato, Xcaret, Veracruz, Querétaro...y mejor paro de contar.

Isla de Flores, el Petén, Guatemala, la paz total en un paisaje que corta el aliento.

Santa Fe, Nuevo México, la ciudad más bella y humana de Estados Unidos.

El Blue Note de Nueva York, donde la felicidad hace el jazz y el jazz hace la felicidad.

Toda Cuba, por su pueblo y su ejemplo.

El rio Lee, el paisaje más bello del mundo, como dicen los chinos, con toda razón.

Buenos Aires, desde Florida a las 2 de la tarde, hasta San Telmo a las 2 de la madrugada. Puerto Plata, luna de miel inacabable y espacio mágico donde me reencuentro con la tía Isabel de Torres y mis más bulliciosos fantasmas ancestrales.

La taberna de medio milenio de poetas borrachos, frente a La Giralda, (Sevilla, claro) donde Cervantes y Calderón de la Barca, entre otros, cantaban coplas con sus amigos peor vestidos.

El pequeño espacio de sueños donde están (o estuvieron) mis cañones coloniales del Fuerte de San Gil, con los que de niño hundí todos los barcos de hierro que pretendían entrar a Santo Domingo, aunque no así las goletas.

 SHEREZADA (CHIQUI) VICIOSO

Coyoacán; México

Antigua, en Guatemala

Barrio Santa Teresa, en Rio de Janeiro

Bissau, Guinea

Boca de Yuma

Las afueras de Quito, area de volcanes

Obidos, Portugal

La Costa Malfitana

Capri, Italia

Granada, España

 

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.