Entre Usted y Yo


Están desaforados, no pueden pensar

“A la honra precede la humildad”.

“Antes de la gloria está la humildad”.

Las citas son versiones del proverbio 15:33, tomadas de biblias distintas. Significan exactamente lo mismo y nos llevan a pensar en que la soberbia antecede a la deshonra y en que antes de la caída está la soberbia, el mismo resultado descrito con palabras diferentes.

Los soberbios manejadores del Estado dominicano no le dan mente ni a las primeras ni a las segundas. Están muy enfocados en lo suyo desde las alturas que consideran inexpugnables.

¿Por qué los tipos que controlan todo en la República Dominicana se molestan en borrar un parrafito del artículo 85 del Código Procesal Penal que le da derecho al ciudadano común y corriente a querellarse, solamente a querellarse, contra los sospechosos de corrupción?

Están desaforados. En frenesí por poder y dinero ya no piensan. Siempre ocurre en las dictaduras, aunque luzcan un disfraz democrático, dejan de pensar y el disfraz se les cae y luego ellas caen.

¿Por qué los tipos que controlan todo en la República Dominicana se molestan en borrar un parrafito del artículo 85 del Código Procesal Penal que le da derecho al ciudadano común y corriente a querellarse, solamente a querellarse, contra los sospechosos de corrupción, aunque saben que es imposible que prospere querella alguna en contra de ellos en ninguna instancia de la justicia y de que, además, están salvaguardados por el llamado tribunal constitucional (en minúsculas porque no califica para el uso de mayúsculas) creado con el único fin de violentar la Constitución?

Se molestan en hacerlo porque para los frenéticos la satisfacción no está en lo mucho que ya tienen sino en acaparar lo poquito que no tienen.

Mire, los manejadores del gobierno saben que todo el que vive en la República Dominicana está por debajo de ellos. En menos de 10 años de este siglo XXI hasta desplazaron al tradicional poder económico de siglos pasados. Las familias propietarias de las mayores empresas del país optaron por venderlas al capital extranjero para resguardarse y librarse de que su dinero terminara en las manos de la mafia peledeísta que lo único que respeta un poco es la inversión extranjera, porque no quiere cerrar la veta de los préstamos internacionales.

¿Gente con ese logro descomunal debería andar preocupándose por un parrafito de un código que ellos manejan a su antojo? Por supuesto que no, pero han caído en un desenfreno al parecer incontrolable.

Más pruebas de que el frenesí de poder no los deja pensar nos la acabaron de ofrecer la vicepresidenta Margarita Cedeño de Fernández y Reynaldo Pared Pérez, presidente del Senado, en la inauguración en La Romana del orfanato fundado por el cantante Marc Anthony.

El par de personajes en lugar de encogerse de vergüenza porque un extranjero tuvo que acudir en auxilio de niños pobres que están ubicados en el país que ellos dirigen y que les ha dado tantas riquezas, decidieron algo distinto y arrancaron a tomar el protagonismo de la apertura de la obra  que a ellos no les costó un centavo, olvidando por completo (la soberbia es así) que el salsero puertorriqueño no tiene que rendirles ninguna pleitesía, porque él ni siquiera vive en el país.

Llegaron al sitio y no se devolvieron desde la puerta que los guardianes de seguridad les estaban cerrando por incumplimiento con el protocolo establecido de mostrar la tarjeta que daba acreditación para la entrada. Optaron por violentar la regla.

La seguridad de Margarita, experta en esas lides (en días recientes acaba de dar una lección al respecto en las puertas del colegio Lux Mundi) dijo que ella iba a entrar porque era la vicepresidenta del país, y logró el objetivo. Suerte que luego no les dio con golpear a los guardianes como trataron de hacerlo con Zoilo, el portero del colegio mencionado. El hecho hubiese tomado ribetes internacionales y los medios del exterior no están controlados como la inmensa mayoría de los medios dominicanos.

Y qué decir de Pared Pérez cuando en actitud de energúmeno consumado increpó a quien lo paró en la puerta con la arrogante pregunta: “¿Usted sabe quién soy yo?”. Imagínese lo que pudo haber pasado si el guardián hubiese sabido quien era él y con responsabilidad le dice: “sí, sé quién es usted… usted es el mayor beneficiario del barrilito y el encargado principal de repartir lo que lleva al mercado del congreso el hombre del maletín”. La de Troya se pudo haber armado, sin necesidad. Es obvio, los mandamases están desaforados, y no piensan.

Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

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