Palabras profanas


La agenda conservadora y la máquina del tiempo

Antes que nada esto no es ciencia ficción, sino política dominicana. La idea de la historia como un proceso lineal, constante e inevitable encaminada hacia un progreso la tenemos tan arraigada que a veces no nos damos cuenta cuando vamos en franco retroceso. El calendario gregoriano marca el año 2014. Pero, ¿están todos los países del mundo viviendo la misma época?

Valiéndose de un complejo entramado de mecanismos legales y figuras jurídicas, un grupo de actores políticos neoconservadores han armado una máquina del tiempo que les ha permitido embarcarse en una aventura con destino al pasado. Haciendo diferentes paradas para rememorar antiguas épocas. El viaje a través del tiempo se ha vuelto una realidad.

Los conservadores se han puesto a jugar con la máquina del tiempo hasta el punto de que ya se hace difícil decir en qué época se vive realmente en República Dominicana.

Los neoconservadores, que son al fin y al cabo los mismos conservadores de siempre, aparecen ahora con una retórica redentora ante la alerta de una degeneración social, origen de todos los males. Los culpables, para ellos, son todos los que no se engloban dentro de su visión de cómo tienen que ser las cosas. Naturalmente, el neoconservadurismo goza de una doble moral intrínseca: hay que proteger el territorio y la soberanía nacional de toda amenaza extranjera pero no de la depredación de recursos naturales. Hay que preservar normas y valores tradicionales sin tocar el tema de la corrupción.

El primer viaje en la máquina del tiempo nos lleva al año 1937 con la sentencia del TC 168-13. Esta vez, por suerte, el genocidio ha ocurrido sin sangre. Es una matanza sin tiros contra dominicanos. Viejos monstruos despiertan, el monstruo del racismo.

Dentro de las próximas expediciones al pasado está la propuesta de modificación al Código de Trabajo vigente, con la cual  se eliminarían varias conquistas laborales como la jornada de 44 horas semanales que datan desde el “Código Trujillo de Trabajo” de 1951. La intención parece ser volver al capitalismo de mitad de siglo XIX.

Pero los destinos son cada vez más lejanos. Con el nuevo código de familia, nos estaríamos embarcando hacia una nueva aventura a través del tiempo. Si bien podría considerarse como un apéndice del Concordato, hay algunos aspectos que hacen que este código, tal como fue propuesto inicialmente, esté más cerca de aquellas leyes de la Antigua Mesopotamia, como el código de Ur-Nammu de 2000 A.C. ya que permite el matrimonio para adolescentes de 14 años.

Este código a la vez prohíbe los métodos de procreación asistida (inseminación artificial, reproducción in vitro, etc.) fuera de un matrimonio hombre-mujer. Desconoce prácticamente todos los tipos de familia fuera de la nuclear. Limita las causas de divorcio a cinco, mientras agrega “conducta homosexual o lésbica”. Queda claro que no es una ley salida de esta era.

Los conservadores se han puesto a jugar con la máquina del tiempo hasta el punto de que ya se hace difícil decir en qué época se vive realmente en República Dominicana. ¿Es el siglo XXI, es el Medioevo, la edad de bronce o el precámbrico?

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