Solo una idea

Un espacio para abogar por la justicia social y la libertad en esta patria: la humanidad

Nuria Piera y el embajador

Ante todo debo decir que no tengo la menor simpatía por la forma como Nicolás Maduro y los remanentes del chavismo están gobernando a Venezuela. Soy particularmente sensible a las intolerancias políticas no porque lo haya aprendido leyendo, sino porque he sido varias veces víctima  de ellas, y porque finalmente tuve que dejar mi país hace ya tres lustros debido a mi quehacer intelectual. Me uno a la condena a la represión en Venezuela.

Por tanto, estaría dispuesto a simpatizar con Nuria Piera en la escaramuza pública que tuvo con el embajador venezolano Alberto Castellar ante las cámaras de televisión. El embajador parecía un comisario político repitiendo un guión justificativo de la represión en Venezuela, altanero, volando por encima de las entrevistadoras y hablando sin parar. Fue francamente desagradable.

La propia Nuria Piera, a pesar de sus energías e inteligencia, ha sabido detenerse ante la puerta del área más corrupta que hay en el país –el gran empresariado-  y se salió totalmente del carril para unas merecidas vacaciones cuando se inmiscuyó en los probables negocios del dúo Fernández/Bautista.

Pero eso no es suficiente para simpatizar con Nuria Piera, quien también fue grosera, altanera, muy poco elegante y finalmente descendió a ese plano desenfadado que un buen comunicador nunca se permite. Y que contrastó con la altura profesional de Elisa Mariot, a quien apenas dejó hablar. Pidió disculpas, pero no por su inhabilidad manifiesta, sino por la del embajador Castellar. Abiertamente, emitió juicios denigrantes contra la persona del embajador y contra el presidente y el gobierno de Venezuela, todo lo cual –sea cierto o no- justificaría la reacción del embajador que ciertamente mostró una calidad histriónica superior a Piera.

Pero realmente lo que me mueve a escribir sobre esto no es la trifulca de la periodista y el embajador, sino la situación que se genera desde ella. La propia Piera fijó la pauta cuando le recordó al embajador de que estaba en un país democrático y donde se respeta la libertad de expresión. Dos afirmaciones poco felices y que pusieron a Piera a exponer su guión. Justo lo mismo que condenó en el embajador.

Veamos, decir que la República Dominicana es una nación democrática implica demostrar que los ciudadanos(as) tienen capacidades reales para incidir en los procesos de toma de decisiones, que son informados sobre los designios gubernamentales y que existe transparencia pública. Realmente, eso es la democracia. Lo otro, el derecho a hablar libremente sin que nadie te haga caso, es puro liberalismo. Y creo que es esto último a lo que se refería Piera cuando hablaba de democracia.

No quiero decir que la República Dominicana no sea absolutamente democrática, pues realmente hay procedimientos formales muy importantes que apuntan en esa dirección. Y que han sido el resultado de las luchas sociales y políticas acumuladas durante decenios. Pero también creo que nuestra situación democrática es muy poco halagüeña como para blandirla orgullosamente en público, y enrostrarla a un embajador extranjero.

Nuria Piera –quien es una miembro de la élite intelectual nacional- conoce bien de esto, pues ella ha sido una acuciosa y sagaz periodista investigadora, que ha destapado casos impresionantes de corrupción –lo que todos agradecemos- pero sin ningún efecto práctico relevante. Solo ha logrado documentar lo que ya sabemos: la existencia de clientelismo, nepotismo, prevaricación y dilapidación de los fondos públicos. La información por ella brindada y la indignación social que despierta no se ha traducido en la destitución y procesamiento de funcionarios corruptos, sencillamente porque nuestra democracia es muy débil, mucho como para poder blandirla como arma argumental.

La propia Nuria Piera, a pesar de sus energías e inteligencia, ha sabido detenerse ante la puerta del área más corrupta que hay en el país –el gran empresariado-  y se salió totalmente del carril para unas merecidas vacaciones cuando se inmiscuyó en los probables negocios del dúo Fernández/Bautista. No porque la periodista sea incapaz o cobarde, sino porque los poderes fácticos que controlan la política estatal no lo permiten.

Una de las porristas más entusiastas de Nuria Piera ha sido la subdirectora del Diario Libre, Inés Aizpún, quien, sin lugar a dudas, es la persona más inteligente y mejor pluma de ese diario. Le dedicó un editorial de apoyo que tituló Misión imposible. Y es que para Aizpún, cito: “…hablar con un chavista sobre libertad de expresión, manifestación o disidencia es como hablarle a un castrista de democracia y libertad, a un cura del Opus de anticonceptivos, a un peledeísta de lucha contra la corrupción… o a George Clooney sobre cuándo se va a casar.”  Todos son misiones imposibles.

Y probablemente tiene razón, solo que aquí se muestra la retinosis profesional de Aizpún. Por ejemplo, ¿qué tal si le preguntáramos al Diario Libre sobre la posibilidad de una misión que discuta más equilibradamente los presuntos desafueros económicos de la familia Pellerano? ¿Sería un enfoque menos xenófobo sobre la cuestión migratoria y de los desnacionalizados una misión imposible?. ¿Se le puede pedir mayores decibeles críticos cuando comenta sobre Leonel Fernández? ¿Todo eso es más o menos imposible que preguntarle a los chavistas sobre la libertad de expresión?

  Si la élite intelectual y profesional dominicana quiere colocarse en el centro de la construcción de la nación democrática y equitativa de que hoy carecemos, debe asumir críticamente sus propias limitaciones, sin narcisismos, pero también sin ansiedades bovaristas. La malhadada entrevista con el embajador no ayudó en ese propósito.

 

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.