Abriendo puertas

Abriendo puertas es un espacio para difundir y reflexionar acerca de los diferentes aportes de la psicología en el ámbito sanitario, clínico y político, en un mundo en el que los aspectos emocionales resultan de gran relevancia para entender las complejas realidades que vive el ser humano

¿Para qué hurgar en el pasado?

Había acudido puntual a su cita. Una buena amiga le había insistido en que “su pequeño problema” podía ser tratado por una especialista de la conducta. Algo incrédula aceptó quitarse esa molestia de encima, que arrastraba desde hacía años. De repente estaba en medio de una carretera llena de carros y le entraba el pánico, la sensación de vértigo, la idea de que era incapaz de seguir, el agobio, las palpitaciones… hasta que llamaba por el celular a su marido, si iba sola, y le pedía que la rescatara. Había leído en una revista que eso que a ella le pasaba, sus paniquitos, como cariñosamente le llamaban ella y su marido, tenía un nombre. Se llamaba amaxofobia y lo padecían miles de personas en el mundo.

La terapeuta le pasó una batería de tests y le hizo una larga entrevista. Preguntó sobre sus padres, la relación con sus hermanos, su relación de pareja, su vida y las dinámicas desarrolladas dentro de su propia familia. Tenía 20 años de casada y dos hermosas hijas ya en la adolescencia. Respondió todas las preguntas, pero notaba que cuando le tocaba hablar de su pasado una sensación agria le apretaba la garganta. No le gustaba hurgar en ese cajón sin fondo y, además, muchos de sus recuerdos de infancia se habían borrado o cubierto de una densa niebla.

Le habló del inconsciente, ese lado misterioso que convive con cada uno de nosotros, y en el que están encerradas muchas de las respuestas que explican las patologías mentales y las alteraciones psicológicas.

Cuando la terapeuta terminó su exploración, en tres largas, y para ella, tortuosas sesiones de consulta, le contó extensamente qué le pasaba y por qué. Le habló de tendencias altamente dependientes de los demás, de su dificultad de decir que no, de su tendencia al sacrificio por los otros, de que detrás de ese temperamento sumiso que parecía inalterable y paciente, había una persona que se tragaba la rabia, que en realidad tenía mucho carácter y que frenaba todo eso a cambio de llevar relaciones armoniosas con todo el mundo. Mientras escuchaba atentamente a la psicóloga, tenía la sensación de que le hablaban de otra persona y no de ella misma. Incrédula y algo molesta, dijo que estaba dispuesta a seguir trabajando y que su deseo era salir de una vez por todas de esos “paniquitos” que tantas dificultades le representaban.

Empezaron a trabajar juntas, pues tal y como le dijo la terapeuta, medio en broma, medio en serio, los psicólogos son los únicos profesionales que cobran por lo que otro hacen, pues en realidad los cambios tienen que hacerlos los propios pacientes. Sin embargo, seguía persistiendo esa sensación de incomodidad cada vez que entraban a hablar de su pasado remoto. Hasta que un día se atrevió a decirlo con claridad: “¿Si mi problema de los pánicos al conducir me ocurren ahora, en el presente, y desde que soy adulta, y no desde niña, para qué es necesario bucear en mi pasado?”.  Lo dijo en un tono agresivo, exasperada y con auténticas ganas de recibir una explicación.

Fue cuando la terapeuta pasó a explicarle el porqué era indispensable hurgar en el pasado. Le explicó que en las dinámicas familiares y en edades tempranas, aprendemos a relacionarnos con los demás, aprendemos a demostrar el afecto o a callárnoslo, aprendemos la mayoría de los comportamientos y los valores que luego vamos a desarrollar de adultos. Le comentó que la personalidad adulta se forma en ese contexto y que si durante nuestro desarrollo ocurren situaciones que resultan dolorosas y no se digieren, causando traumas, hay una parte de nosotros que se queda fijada en el pasado y ese desarrollo o maduración queda perturbado o incompleto. Le habló del inconsciente, ese lado misterioso que convive con cada uno de nosotros, y en el que están encerradas muchas de las respuestas que explican las patologías mentales y las alteraciones psicológicas. Le hizo ver que aquel ambiente familiar severo, de normas rígidas, en el que no estaba permitido expresar claramente los sentimientos, era el caldo de cultivo para represiones emocionales que aún conservaba. Le dijo que las fobias eran como un cajón en el que se encierran malestares y angustias que se producen en otros ámbitos y que se condensan en esa sensación de querer escapar y no poder enfrentar el objeto fóbico, que en su caso era el tener que conducir en lugares abiertos y congestionados de vehículos.

No sabe cómo, pero poco a poco esa bóveda blindada en la que guardaba celosamente unos recuerdos que parecían ya olvidados, empezó a ceder y abrirse. Muchos recuerdos de su infancia empezaron a aflorar como por arte de magia a medida que avanzaban en las sesiones. Sin prisa, pero sin pausa,  fue capaz de expresar sentimientos y emociones que creía que no existían, como la ira y la angustia, y en esa misma medida los episodios de “paniquitos” fueron aminorando. Fue cuando aceptó que era cierto eso de que el pasado puede impactar el presente y de que, en cierta forma, todos tenemos una parte importante de nosotros mismos que parece inaccesible, y sin cuya apertura resulta improbable dejar atrás esos incómodos síntomas que tanto impactan el presente.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.