Palabras profanas


Llegar al CC o morir en el intento

En los últimos meses nos vimos sorprendidos por un despliegue de vallas, afiches en carros, anuncios por radio y televisión, publicidad paga en redes sociales y hasta las queridísimas discolights. Todo un proceso con el que los incautos, como yo, no estaban contando. La razón de tanta parafernalia: lograr un buen puesto en la carrera por llegar al Olimpo, es decir, hacerse de un lugar en el Comité Central del PLD.

Por la envergadura que alcanzaron estas campañas podemos hacernos una idea de que no era poco lo que estaba en juego. Alcanzar ese escalafón parece ser garantía de mucho. ¿Poder, dinero o servir al partido para servir al pueblo? Tal jornada proselitista requiere de mucho trabajo y financiamiento, imposible para un solo individuo; el beneficio de la escogencia no se limita al candidato sino a todo un círculo de inversores, postores y colaboradores de buena voluntad.

Por como se desarrolló el proceso, se deja entrever que más que una suma de carreras individuales, detrás de tanto ruido parece esconderse no menos que un enfrentamiento directo entre dos tendencias de poder.

¿A qué equivale alcanzar el estatus de miembro del Comité Central? ¿A un general en las dinastías chinas, a un senador en la Antigua Roma, a un miembro del politburó en la Unión Soviética, a un cardenal en la estructura de la Iglesia Católica, a un caballero en la Edad Media? ¿Es ya un título nobiliario, o significa consagrarse como un perteneciente a la clase política?

Sin elecciones congresuales y municipales de término medio en este 2014, la contienda para el Comité Central cayó para hacer fluir a un sistema clientelista de basado en el goteo. Puso a circular la cadena de valor del partir y repartir. La agónica parafernalia en algunos casos alcanzó y hasta superó los esfuerzos necesarios para lograr una diputación. Queda claro que hay incentivo para aspirar al CC. 

Con casi 600 candidatos a nivel nacional disputándose unos 37 puestos, y con otros varios cientos aspirando a nivel local, llegar al CC es tener las probabilidades en contra como en un juego de azar.

Por como se desarrolló el proceso, se deja entrever que más que una suma de carreras individuales, detrás de tanto ruido parece esconderse no menos que un enfrentamiento directo entre dos tendencias de poder, dos proyectos políticos y dos figuras envueltas en el cuerpo de un mismo partido.

 Las elecciones parecen haber sometido al PLD a su propia ley: la ley del más fuerte, la ley del que más disponga, la ley del más pícaro. ¿Podrán ser inmunes a su propio veneno?

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