Abriendo puertas

Abriendo puertas es un espacio para difundir y reflexionar acerca de los diferentes aportes de la psicología en el ámbito sanitario, clínico y político, en un mundo en el que los aspectos emocionales resultan de gran relevancia para entender las complejas realidades que vive el ser humano

La veracidad del dolor psicógeno

Pocas cosas son tan subjetivas como la percepción que tenemos del dolor, sea este emocional o físico, o cuando ambos se entremezclan para hacerlo aún más difícil de tolerar. El hecho de que sea una percepción subjetiva hace dudar acerca de su veracidad, por aquel afán positivista que aún marca y limita tanto a la ciencia cuando toma como objeto de estudio al ser humano y su inagotable complejidad.

Cuando hablamos de dolor psicógeno nos referimos al dolor que no tiene, o no se le ha encontrado aún, un correlato fisiológico y orgánico que lo explique o justifique. Se asume como crónico cuando han transcurrido más de seis meses de la aparición del episodio, que pudo haber tenido su origen en un daño tisular o no. El envejecimiento de la población y la sofisticación farmacológica que ha logrado la tecnificación de la medicina, así como la reticencia a soportar cualquier forma de dolor que muestran las sociedades posmodernas,  explican el mayor incremento que se registra en este tipo de patologías que inundan los consultorios de los traumatólogos  con quejas frecuentes, grados relevantes de inhabilitación en las funciones laborales y cotidianas y una escasa o nula respuesta a los analgésicos, antinflamatorios y tratamientos médicos. El alivio solo se presenta cuando se usa algún derivado del opio, con todos los efectos nocivos que estos causan en quienes los consumen de manera frecuente.

Los pacientes se molestan porque prevalece la idea de que si algo tiene relación con el estado de ánimo o con nuestro aparato psíquico, entonces es porque es ficticio.

Pero hay un dato que enfada a veces a los propios pacientes que padecen dolor crónico y que supone todo un reto para los profesionales de la salud, en cuanto obliga a olvidarse del dualismo mente-cuerpo con el que siempre vemos al ser humano, y aceptar una visión de conjunto en la que psiquis y cuerpo están indisolublemente unidos e interactuando. Se trata de la frecuencia con la que se presentan trastornos en el estado de ánimo de los pacientes que sufren dolor crónico, sobre todo un ánimo depresivo. Los pacientes se molestan porque prevalece la idea de que si algo tiene relación con el estado de ánimo o con nuestro aparato psíquico, entonces es porque es ficticio. Los profesionales se frustran porque se trata de un padecimiento no solo complejo, sino crónico, en el que hay que aceptar la impotencia de los que piensan que hay que curar siempre, y reemplazarla por otra en la que la responsabilidad principal es la de cuidar al paciente, ayudándolo a alcanzar mayores niveles de adaptabilidad a un padecimiento con el que tiene que convivir.

Hoy sabemos que la única forma de tratar el dolor crónico es a través de un trabajo en equipo.

Como ha quedado meridianamente establecido desde la perspectiva de la Medicina Psicosomática, hay emociones y sentimientos que pueden desplazarse de su radio de manifestación corporal (sistema simpático y parasimpático) para expresarse a través del cuerpo. La medicina china, milenaria por demás, siempre lo tuvo muy claro. Una de esas manifestaciones es el dolor. Pero además de advertirse componentes psicológicos en el origen y mantenimiento del dolor crónico, también se notan en el mantenimiento del mismo, por cuanto su potencial inhabilitador se convierte en la coartada perfecta para no afrontar situaciones críticas que exigen cambios profundos en nuestras vidas. Se trata del beneficio secundario que se desprende de esa pérdida de autonomía que se produce como consecuencia de padecer dolor. Un mecanismo defensivo que convive junto con cierta predisposición física, porque aceptar el peso de lo psicológico no implica negar el que tiene lo físico en la explicación de las enfermedades y de la salud.

Estas apreciaciones se ven reforzadas en algunos hechos relevantes, que en medio de lo mucho que queda por saber acerca del dolor crónico, sobre todo de la fibromialgia, que es uno de los cuadros más frecuentes, por datos contrastados. Veamos. Hoy sabemos que la única forma de tratar el dolor crónico es a través de un trabajo en equipo que, cuando se hace desde una unidad específica de atención a los enfermos, da mejores resultados. Sabemos que los pacientes responden mejor a ciertos antidepresivos (triciclicos e inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina) que a los analgésicos, que fomentar estrategias de afrontamiento al dolor más adaptativas, que fomenten cierto grado de actividad y recuperación de la autonomía, mejora la percepción del dolor y la convivencia con el mismo.

Comentarios

Comentarios vía Facebook

Los comentarios en 7dias.com.do están sujetos a moderación. No se aceptan los comentarios que:

  • Contengan afirmaciones, enlaces, nombres o sobrenombres insultantes o contrarios a las leyes dominicanas que penalizan la difamación y la injuria.
  • Hagan acusaciones y no aporten datos comprobables.
  • Exalten la violencia o apoyen o insten a la violación de los derechos humanos.
  • Contengan alusiones discriminatorias por razón de la nacionalidad, sexo, edad, religión, opción sexual, militancia política o discapacidad.
  • Ataquen de manera denigrante a otros comentaristas de la misma información.
  • Contengan vulgaridades.
  • Contengan enlaces a espacios publicitarios, pornográficos o spam.
  • Insulten a nuestros periodistas, articulistas y blogueros.
  • Estén escritos con una ortografía que haga presumir que las faltas fueron cometidas de manera intencional.
  • 7dias.com.do se reserva el derecho de no publicar los comentarios que irrespeten estas normas, que son indicativas pero no limitativas. Nuestro deseo es propiciar el intercambio democrático de ideas en un marco de respeto. Las opiniones vertidas en los comentarios no expresan las del periódico.