Palabras profanas


En la cama con el enemigo

“…nosotros también tenemos peores patriotas y peores americanos que los que están afuera, todo eso está como parte de la realidad y del dibujo político”. José Mujica. Cumbre Celac 2011.

Desde que las primeras voces advirtieron las consecuencias que se derivarían de la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, otras voces reaccionaron denunciando “una despiadada campaña de descrédito para dañar la imagen de República Dominicana orquestada por Haití y diversos organismos internacionales”. Con la excusa de ese “peligro inminente” estos ecos se han aprovechado para dar vigenciay repetir como letanía un discurso patriotero utilizadohistóricamente para los peores intereses en contra del pueblo dominicano. De Santana aTrujillo, de Báez a Balaguer, del golpe a Bosch al Pacto Patriótico…

Ciertamente Republica Dominicana no ha sido un país exento de injerencias extranjeras; la historia oficial comienza a partir de una de ellas. Los nacionalistas remiten sus pasiones directo a 1844 como si en el entreacto no hubiese ocurrido nada. La verdad es que es  mucho lo que ha llovido desde entonces durante casi 170 años. Una anexión a España, algunos intentos de anexión a Francia, dos(o tres) intervenciones norteamericanas, e innumerables acuerdos con el FMI en los que se nos ha dictado hasta en cuánto subir los impuestos. La soberanía ha brillado por su ausencia desde la Independencia Nacional, pero eso no parece tan molesto.

Quienes han dirigido esa campaña, ya centenaria, no son otros que los mismos que han gobernado (y compañía). También, a diferencia de ellos, no los llamaré traidores a la Patria: ellos nunca han pensado en ella.

No hay por qué hablar ingenuamente y pensar que los organismos internacionales son santos inmaculados donde no se mueven intereses particulares. Concedemos también este punto. Supongamos que sí es cierto que hay una conspiración internacional para fuñir al país. Pongámonos en su cabeza por un minuto y pensemos que nos quieren meter en el Eje del Mal, o en una lista equivalente de naciones parias, cosa que irónicamente ya está ocurriendo a causa de la misma obstinación nacionalista.

Pero si vamos a dar por verdadera la existencia de una campaña de descrédito, es necesario conocer cuál es el crédito que está en juego, cómo era la imagen de República Dominicana hasta el comienzo de la gran conspiración.

A ver. Somos el quinto país en embarazo adolescente con la tercera tasa más alta de mortalidad materna de Latinoamérica. Tenemos una de las 25 mayores tasas de feminicidios del mundo. La delincuencia ha paralizado la misma sociedad, con una institución policial que cuando no es cómplice es protagonista del crimen.

Nuestra educación primaria ocupa el puesto 143 de un listado de 144 países, en el cual también estamos en el último puesto tanto en favoritismo político como en dispendio público. En Índice Global de Competitividad nos valemos del lugar 105, un sitio por encima de Kenia, dos detrás de Ghana. Sin olvidar el extraordinario fracaso que ha habido en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El sistema judicial ha evidenciado podredumbre en cada una de sus instancias. La corrupción y la impunidad… mejor no hablemos de eso.

Resulta difícil pensar en prestigio internacional con una realidad así. Coincido con los nacionalistas; es cierto que existe una campaña sucia y despiadada de descrédito contra República Dominicana, solo que a diferencia de ellos digo que los culpables no vienen de afuera sino un poco más cerca. Han estado aquí adentro. Quienes han dirigido esa campaña, ya centenaria, no son otros que los mismos que han gobernado (y compañía). También, a diferencia de ellos, no los llamaré traidores a la Patria: ellos nunca han pensado en ella.

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