Palabras profanas


El "Black Friday" y la racionalidad económica

A muchos sorprendió la gran acogida que tuvo el Viernes Negro en la República Dominicana, desde los especiales de las casas comercializadoras hasta la respuesta de los compradores. Mi intención aquí no es llamar la atención sobre un país que quiere consumir como los Estados Unidos a la par que produce como Guatemala, tampoco mirar el proceso de la llamada transculturización, o de si todo lo copiamos o de si todo lo copiamos mal. Por ahora la idea es evidenciar algunos puntos negros desde una perspectiva económica.

 El Black Friday es el día después Acción de Gracias en los Estados Unidos. El día donde se registra la mayor cantidad de ventas de todo el año por las grandes ofertas disponibles, que en ocasiones se extienden durante todo el fin de semana hasta llegar al Cyber Monday, cuando aparecen los mejores especiales para compras por internet. Aunque los descuentos registrados en esos días son realmente significativos, hay muchas razones para cuestionar la lógica económica detrás del fenómeno.

 En primer lugar los descuentos aparentan ser tan maravillosos porque el consumidor cree estar informado. Su referencia suele ser un precio de venta abultado con anterioridad. La realidad es que es muy poco lo que puede saber de los costos reales de cualquier producto. Esto se evidencia en el caso de los gadgets electrónicos cuyos precios de venta distan mucho de los de producción. Cualquier diferencia en la marca o en el tiempo de salida provoca diferencias drásticas en los precios, aunque la función del producto sea la misma.

 Los clientes se abstienen por meses de adquirir un bien aun teniendo la necesidad a la espera de los descuentos. En 2012 en los Estados Unidos las ventas de los holidays, desde Acción de Gracias hasta Navidad, menos de un mes, equivalieron a una quinta parte de todas las ventas del año. Por tanto no se puede afirmar que el crecimiento de las actividades en esas fechas ayuda en términos globales a la economía debido a que el boom de las ofertas festivas ha venido significando un descenso en las ventas del resto del año.[1]

Otro problema derivado de la concentración de las compras en fechas tan específicas es que los consumidores por lo general no financian sus gastos con ahorros sino con tarjetas de crédito, en el caso de las compras por internet son el principal medio de pago. Solo el 25% paga con dinero efectivo.[2] El resultado final es endeudamiento.

Aunque los grandes descuentos puedan aparentar benevolencia comercial,  lo que se esconde detrás  es una colusión de precios implícita y de mucha aceptación, llevada a cabo de la manera más insospechada.[3] Las empresas necesitan ampararse en una tradición (algo ligeramente sagrado) que las haga programar los precios en combinado durante el mismo período de tiempo. Como los feligreses de cualquier religión, los comerciantes encuentran en el Black Friday la excusa perfecta para mantener altos precios el resto del año y "redimirse" durante la peregrinación de las fechas santas.

A la larga, todo esto resulta más rentable que el esquema clásico de descuentos en función de los inventarios, más cercano a la relación de precios por oferta-demanda. Al fin de cuentas, el fenómeno es una obra del mercadeo y la publicidad que a primera vista seduce como la mejor de las ofertas.

[1] http://online.wsj.com/news/articles/SB10000872396390443615804578042700772445448

[2] http://useconomy.about.com/od/demand/f/Black_Friday.htm

[3] http://www.overtcollusion.com/pricing/2011/3/10/black-friday-price-matching-competition-or-collusion.html

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