Entre Usted y Yo


Paradójica sentencia

Siempre hay un tema en la palestra pública para mantener embelesado a un pueblo que ha sido amarrado y apretado con una destreza y efectividad que envidian los elaboradores de andullos.

Ni por asomo puedo entrar en el tejemaneje jurídico de la famosa sentencia emitida por el Tribunal Constitucional, con efecto retroactivo desde 1929 para acá, que niega la nacionalidad dominicana por derecho de suelo a los hijos de residentes ilegales en la República Dominicana. Pero no puedo callar mi asombro ante la paradoja de que una medida como esa se ponga en vigor en un país como el nuestro.

Quiérase o no es contraproducente que se aplique esa sentencia en una República Dominicana que tiene hijos que nos contamos –y  nos cuentan los demás—por millones viviendo en los Estados Unidos de América, en las otras grandes naciones de América y hasta en las islas menores del Caribe, donde hay de los nuestros en número tan significativo que ya los políticos criollos incluyen esas naciones en sus giras de campaña buscando votos. Bueno, dominicanos hay dispersos por todo el planeta. De ellos lo que el gobierno sabe y le interesa es que remesan al país sobre los 3,000 millones de dólares anuales.

Es un contrasentido que las autoridades se dediquen a rastrear a los hijos de ilegales nacidos y criados allá durante los últimos 84 años cuando con bombos y platillos la nacionalidad dominicana se le otorga a cualquier figura del arte que la quiera para colgarla junto a otros reconocimientos a su carrera.

Es un contrasentido que las autoridades se dediquen a rastrear a los hijos de ilegales nacidos y criados allá durante los últimos 84 años cuando con bombos y platillos la nacionalidad dominicana se le otorga a cualquier figura del arte que la quiera para colgarla junto a otros reconocimientos a su carrera.

Es paradójico que se persiga a hijos de ilegales que nacieron, se criaron y hoy hasta peinan canas en el territorio dominicano cuando tantos aventureros y delincuentes internacionales han plantado raíces de un día para otro en el país, algunos con tanta suerte como el español Arturo del Tiempo, quien fue recibido en el Palacio Nacional por el ex presidente Leonel Fernández, en un santiamén fue hecho coronel de la Policía Nacional y protegido económicamente por el estatal Banco de Reservas. Del Tiempo hoy es un presidiario en su país por asunto de narcotráfico.

Es absurdo que en un país donde es difícil que se pegue un block o se levante una cosecha sin la intervención de la mano de obra haitiana, ilegal o no, se quiera ahora sacar de la “impresión” que han tenido de ser dominicanos a personas nacidas y criadas allá que, lo acaba de declarar Leonel: “en algún momento hasta tuvieron la documentación dominicana”. 

Pero no hay que dar mucha mente, porque el patrón del Tribunal Constitucional advirtió a sus súbditos que aplicar la sentencia de manera retroactiva traerá otros problemas, así que se puede apostar a que Milton Ray y compartes buscarán como sacar las de caminar que metieron en lo que evacuaron.

Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

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