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El cuco de la invasión haitiana

Tras la perversa sentencia emitida recientemente por el Tribunal Constitucional, se ha agitado frente al imaginario de sectores de la sociedad dominicana el cuco de una invasión haitiana que pondría en peligro la soberanía del Estado.

Entre los argumentos que esgrimen ciertos sectores está el que los/as hijos/as de haitianos/as nacidos/as en República Dominicana se constituyen en un grupo étnico diferente que en algún momento tendrán un peso importante en las votaciones y por tanto contarán con el poder de inclinar la balanza del poder político a su favor; como también podrían declararse en rebelión provocando una guerra civil de carácter étnico.

Lo cierto es que la mayoría de los/as dominicanos/as tenemos alguna relación de consanguineidad con los haitianos, lo que puede rastrearse a través de nuestros apellidos, muchos de ellos dominicanizados, pero de un origen inequívoco como lo demostrara el historiador Frank Moya Pons, en dos trabajos –“Las raíces haitianas en Santo Domingo” y Apellidos haitianos (y franceses) en Santo Domingo”, ambos publicados en la desaparecida revista Rumbo y de los que 7dias.com.do se hizo eco en artículo reciente—. Sin embargo ninguno de los que poseemos apellidos de origen haitiano nos sentimos menos dominicanos/as y mucho menos estamos fraguando una invasión, ya sea pacífica o violenta.

Solo hace falta una mirada hacia  atrás, que en muchos casos no tiene que recorrer grandes distancias para encontrar nuestro vínculo sanguíneo con haitianos/as, sin que esto disminuya nuestra identidad dominicana o nos impulse a confabular para instalar la dominación de Haití sobre la República Dominicana.

Nosotros/as, descendientes de haitianos/as, de segunda, tercera, cuarta y quinta generación estamos distribuidos/as en todos los estamentos de la vida nacional, incluyendo los cuerpos de seguridad, como son las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Estas dos últimas instituciones convertidas en el refugio de las poblaciones más pobres del país,  como resultado de sus precarios salarios y condiciones de trabajo que desincentivan a quienes tienen otras opciones que les garantizan carreras en las que podrán obtener una mayor calidad en sus vidas. No obstante, no se conoce de ninguna situación en la que militares o policías hayan intentado, expresado o se propongan apoyar una invasión de Haití a la República Dominicana.

Y es que la idea de la invasión haitiana es solo un cuco que ha servido de instrumento político,  como ocurriera en las últimas dos elecciones presidenciales en que participó José Francisco Peña Gómez. Elecciones en las que se satanizó su origen haitiano y se dijo que su presidencia pondría en peligro la soberanía dominicana.

El cuco de la invasión haitiana es eso, un cuco, que solo sirve para intimidar, atemorizar, pero no para construir una mejor sociedad con más oportunidades para todos/as los/as dominicanos/as, sino todo lo contrario.

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