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El tema haitiano y la sociedad civil dominicana

La República Dominicana tiene suficientes propuestas sobre el tema haitiano elaboradas por la sociedad. Academias, círculos de intelectuales de izquierda e instituciones democráticas,  han generado entre todas propuestas y reflexiones políticas para la compresión y la cohesión insular y de las relaciones con Haití.

El silencio de las organizaciones sociales e intelectuales solidarios en la presente coyuntura, generada por las vedas haitianas a productos de origen dominicano, es muy cuestionable. Se está perdiendo la posibilidad de desarrollar una verdadera agenda insular. En un momento tan crucial como este, olvidan que han abogado por mejores relaciones entre la República Dominicana y Haití, mientras el gobierno y los empresarios no trascienden lo coyuntural y los funcionarios suman más incomprensiones que salidas a los problemas.

Es por esto que la mudez de los sectores progresistas es criticable, ya que las políticas relacionadas con Haití ameritan de mayor presión y propuestas de los sectores de la sociedad civil. Es preciso consensuar una agenda que abarque los temas más acuciantes en los ámbitos político, ambiental, comercial, cultural y migratorio y sobre el desarrollo sostenible de la isla, como lo han propuesto anteriormente.

El silencio de las organizaciones sociales e intelectuales solidarios en la presente coyuntura, generada por las vedas haitianas a productos de origen dominicano, es muy cuestionable. 

En ese proceso son imprescindibles las voces alternativas y desprejuiciadas frente a la oficial. Estamos en una coyuntura que da cuenta de las oportunidades que nos depara el acontecer nacional e internacional para situar las relaciones binacionales por nuevos senderos. 

En este contexto, el papel de la sociedad civil de ambos lados de la isla, en particular la dominicana, es hacer luz sobre las complejidades del problema. Una línea debe ser fundamental: comercio justo y construcción de la convivencia. Hay que apostar a la creación de un ambiente de confianza mutua y respetar los canales de comunicación para que lo tratado no de pie la tergiversación.

Quienes  hemos enarbolado la bandera insular no podemos quedarnos en el simple análisis de la relación,  pasivos frente a la controversia generada alrededor del intercambio comercial, por cierto desigual, que es el caso que hoy nos ocupa con Haití. Se requieren acciones complementarias de las del gobierno y los sectores empresariales. No podemos desperdiciar los hitos que marca la relación binacional para sembrar el germen de la nueva agenda.

Las clases dominantes haitiana y la dominicana se han entendido bien. Para ellos la xenofobia no existe. Mayor valor tienen las ganancias económicas.  Entre ellos, las relaciones siempre han sido más o menos cordiales y estables. Los grupos económicos, sectores políticos y militares se ponen de acuerdo en la defensa de sus intereses.

Mientras, repito, las  organizaciones de la sociedad civil no han sabido aprovechar las coyunturas para colocar en primer plano sus propuestas,  haciendo sinergia con otros sectores de la población.

Lo propio deben hacer que las organizaciones de inmigrantes y los dominicanos y dominicanas de ascendencia haitiana que hoy abogan por respeto de  de los derechos humanos, la justicia y la inclusión social. Estos deberían crear su propio foro para incidir en la agenda. Pero no han hecho propuesta alguna. 

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