Entre Usted y Yo


La suerte de Félix

Hay tres relatos que siempre recuerdo cada vez que veo en los medios a Félix Bautista hablando de su fortuna y de su disposición a que investiguen el origen de la misma. Dos me los contaron en 2004 directamente dos de sus compañeros del PLD, con quienes tuve la suerte de compartir labores en los tiempos que ejercí la función de editor deportivo de Diario Libre. El otro lo escuché de manera indirecta.

Para mí son algo así como tres perlas brillantes que tachonan el deslumbrante y meteórico ascenso económico del muy afortunado senador por San Juan, quien de colado en la casa materna del expresidente Leonel Fernández pasó a ser reconocido por éste como hijo putativo.

Félix saldrá airoso de cualquier investigación a su fortuna que se haga, pues tocarlo a él es lo mismo que tocar a Leonel, ya éste lo dijo, pero el eco del sonido de sus chancletas es tan reciente que todavía resuena.

De acuerdo a uno de los relatos,  Félix todavía en 1996 era un ciudadano de a pie. Y esa fue su gran suerte. Siempre de acuerdo con lo relatado, todo ocurrió más o menos así: Leonel acostumbraba a desayunarse en casa de su progenitora, doña Yolanda, donde se reunía con sus más cercanos colaboradores y desde ahí salían a hacer campaña. Félix, hombre con astucia y habilidades de roedor –sus compañeros cariñosamente lo apodaban El Ratón--, logró meterse en la “colá”.

Llegaba más temprano que todo el mundo y se ponía a las órdenes de doña Yolanda. Con frecuencia Félix no lograba abordar o no lo dejaban abordar un vehículo, y en una de esas ocasiones doña Yolanda, al verlo cabizbajo en la acera, entabló con él un diálogo más o menos así:

- “¿Y por qué es que tú te quedas y no te vas con ellos?”…

- “No es que me quedo. Es que no tengo en qué irme y ellos me dejan”.

- “Ah, no te apures que ya ellos no te van a dejar más”.

Al día siguiente, siempre de acuerdo al relato que me hicieron, doña Yolanda arregló las cosas para ubicar a Félix al lado de Leonel. ¡Santo remedio!

El segundo relato corresponde a la campaña de 2004. Leonel no quería a Félix a su lado porque fue uno de los pocos que estuvieron presos por los robos en el primer gobierno del jefe del PLD, y del país. Entendía el camaleón de Nueva York y Villa Juana que la figura del sanjuanero podía a hacerle daño a su campaña para regresar al poder.

Pero al regreso de un viaje por la zona norte, en 2003, Leonel se mostró inconforme en una reunión con su equipo con la cantidad de vallas promocionales de su candidatura que vio en el trayecto de Puerto Plata a Santo Domingo y proclamó que quería una saturación en cada kilómetro de la ruta.

Uno de los contertulios le dijo: “Presidente, el problema es que usted tiene en el banco a Félix Bautista, el hombre que resuelve eso de inmediato”. Leonel dijo “pues manden a buscar a Félix”. A la semana, Leonel vio el panorama como quería.

Después de eso, la historia es bien conocida. Félix, aparte de Leonel, es de los peledeístas que llegaron en chancletas al poder el más rico, tan rico que no sabe la cuantía de su fortuna.

Y el tercer relato corresponde a un pronunciamiento de un compañero, quien se quejaba amargamente en la redacción de DL de que Félix lo trató como a un desconocido, aunque se conocieron en los tiempos en que éste llegaba, en 1994, en la cola de un motor a la pulpería de un primo en Sabana Perdida. No vale la pena citar lo que dijo del hombre que metamorfoseó su apodo de El Ratón a El Gato.

Félix saldrá airoso de cualquier investigación a su fortuna que se haga, pues tocarlo a él es lo mismo que tocar a Leonel, ya éste lo dijo, pero el eco del sonido de sus chancletas es tan reciente que todavía resuena.

Por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

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