Palabras profanas


La quimera del oro

Después del discurso de Danilo Medina en la Asamblea Nacional en el que se anuncia la voluntad de renegociar el contrato con la Barrick Gold, presenciamos durante casi tres meses una intensa campaña contra la minera desde casi todos los espacios de opinión pública. Luego vimos al presidente abrazando a los altos ejecutivos de la Barrick una vez se consiguió un nuevo acuerdo. A partir de ahí la campaña cesa y la multinacional vuelve a ser la empresa “impulsora del desarrollo”.

 El Gold Rush ocurrido entre 2007 y 2012, con un tope alcanzado de 1,900 dólares en 2011, ha sido más una burbuja especulativa que la relación de precio real del mercado en función de la oferta.

El nuevo contrato, o más bien el nuevo acuerdo con la Barrick Gold, es sin dudas mucho mejor que el anterior, lo cual no significa mucho, debido a que no resulta muy difícil mejorar un contrato en el cual las ganancias del Estado dominicano iban a ser tan bajas. Ahora bien, para analizar las nuevas condiciones de explotación, en vez de tener como referente al acuerdo pasado, la comparación debería hacerse con el óptimo que se pudo haber conseguido.

Según lo que se ha difundido, el gobierno recibiría un total  de 11,600 millones de dólares en impuestos a lo largo del tiempo en funcionamiento de la mina, de los cuales 2,200 se entregarán durante el actual período presidencial. Esto vendría dando una participación al Estado de 18%, unas seis veces más que el 3% del viejo contrato.

Por primera vez vemos que una multinacional accede de tan buena gana a renunciar a una considerable parte de sus ganancias por solo tres meses de presión. Pero más sabe la Barrick por minera que por Barrick y por eso todo lo anterior está bajo el supuesto de que el oro se cotice a no menos de 1,600 dólares por onza. No hay información oficial de cuánto recibiría el gobierno en caso el caso de que no sea así.

Con un precio actual por debajo de los 1,400 dólares, el oro en lo que va de año se ha devaluado un 16%. El Gold Rush ocurrido entre 2007 y 2012, con un tope alcanzado de 1,900 dólares en 2011, ha sido más una burbuja especulativa que la relación de precio real del mercado en función de la oferta. Pese a que es muy difícil predecir el comportamiento de mercados sujetos a especulación, muchas publicaciones coinciden en que el oro cerrería el 2013 cotizándose entre los 1,350 y 1,550 dólares. Uno de los principales factores de esta caída (la mayor en una sola sesión desde 1980) es la recuperación de la economía y el dólar estadounidense y la reaparición en los mercados financieros de certificados y bonos de buen rendimiento a largo plazo.

No quiero pensar que los técnicos dominicanos se hayan descuidado al tratar esa parte, aunque no sería la primera vez. Mientras que uno de los mayores problemas del pasado acuerdo con la Barrick Gold era que para el cálculo de las ganancias se partía de un precio muy inferior al corriente, en el actual la trampa puede estar en esa barrera impuesta de los 1,600 dólares.

El gobierno estaría apostando una considerable parte de sus ingresos fiscales a la fluctuación del metal. Si bien no se sabe con certeza lo que sucedería en un escenario pesimista, la forzada extracción del mineral desde las entrañas del país, esos ingresos podrían seguir estando lejos del Estado. En ese caso la fiebre del oro dominicana continuaría siendo un sueño, una Quimera del oro sin el final feliz que le puso Chaplin.

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