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Movimientos sociales y métodos de lucha

La democracia dominicana es una construcción con múltiples debilidades pero permite canalizar presiones sociales para que los gobernantes satisfagan las aspiraciones de la población y dejar brechas para canalizar interpelaciones al status quo.

Nuestro sistema democrático pone a disposición de la población mecanismos institucionales que abren espacios de comunicación  -aunque insuficientes-  para informar y negociar  ante situaciones creadas en la ejecución y formulación de políticas públicas que entran en conflicto con los derechos de la ciudadanía.

Hoy la coyuntura  es favorable para fortalecer el movimiento social y propiciar la capacidad participativa de la ciudadanía dominicana.

Últimamente el movimiento social  está optando por la confrontación, antes que por la negociación. Las agendas de las mediaciones sociales  contemplan tareas de incidencia con las autoridades, pero tal pareciera que estas se ejecutan después de haber  escenificado procesos de lucha.

Presionar al gobierno  movilizando a la población,  sin hacer mediar diálogo alguno,  estrecha los márgenes de negociación con  las autoridades. La demostración de fuerza  anterior al diálogo y la negociación puede  crear un ambiente de tensión que en algunas ocasiones polariza posiciones y no contribuye al desarrollo de una voluntad política institucional, como condición necesaria para  hacer frente  a reivindicaciones específicas.

Es posible que las infructíferas iniciativas reivindicativas desarrolladas en los últimos años guarden relación con la inversión del orden en que se desarrollan los procesos de incidencia, donde  el diálogo y la negociación quedan relegados a un segundo plano.

Hoy la coyuntura  es favorable para fortalecer el movimiento social y propiciar la capacidad participativa de la ciudadanía dominicana.  El movimiento social dominicano, después de un largo letargo, ha venido despertando  y hoy exhibe  algunos éxitos;  pero estos no son suficientes. La victoria de la lucha del 4%, la renegociación de contrato con la Barrick Gold –si a eso se le puede llamar éxito— y la no explotación de Loma Miranda; y en adición, uno que otro parche en el sector construcción y en la agricultura no han resuelto las graves carencias y necesidades  que las imperfecciones de nuestra democracia va creando.

De manera que la lucha apenas comienza. Los sectores populares están compelidos a seguir organizándose para  enfrentar los graves problemas estructurales relacionados a las políticas públicas implementadas o dejadas de implementar.  Y sobre todo, fortalecer su identidad social.

El diálogo y la negociación ejercida por la ciudadanía fortalecen la institucionalidad de la sociedad dominicana y  legitima la participación de la sociedad civil en el devenir de la nación. Es un derecho protestar, pero  es recomendable agotar una primera fase de negociación. De no ser fructífera, la siguiente fase conduce indefectiblemente a la denuncia, la protesta,  la movilización y a la lucha popular.

 

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