Punto de Fuga

Con esta columna se persigue aportar al fortalecimiento de la opinión pública dominicana, proponiendo un análisis heterodoxo de temas políticos y sociales.

Danilo Medina, más allá del bien y del mal

El ascenso de la popularidad del presidente Medina es innegable. Su equipo de gobierno, a pesar de serios desaciertos, ha podido desplegar una exitosa estrategia comunicacional. Sin embargo, este éxito se debe más al desprestigio del expresidente Fernández que a los méritos propios del actual gobierno. Esto así, porque la estrategia del equipo del Presidente Medina se ha basado en presentar una dualidad artificiosa entre, de una parte, el malvado Leonel Fernández, que traicionó el legado de un Juan Bosch idealizado, y del otro lado, el bueno de Danilo Medina, quien viene a redimir ese legado.

Esta estrategia, que empezó desde la campaña electoral de 2012, ha servido como base discursiva para presentar un programa de gobierno de emergencia que, por necesidad, debe hacer frente al desastre mayúsculo dejado por los anteriores ocho años de gobierno peledeísta.

El gobierno actual ha encontrado una excelente caja de resonancia en el discurso anticorrupción que ha acompañado a los movimientos sociales y juveniles en los últimos tiempos. Esto así, puesto que facilita la diferenciación entre Leonel el corrupto, y Danilo el serio. A pesar de que el fraude en la ejecución presupuestaria de 2012 tuvo como una de sus principales causas la distracción de fondos públicos para la campaña electoral de Medina, muchas personas justifican la complicidad del actual Presidente señalando que esa era la única forma que tenía para llegar a la primera magistratura.

Mientras el debate político se concentre en la corrupción, que es un asunto sintomático y no de fondo, el presidente Medina puede continuar cosechando una imagen positiva. Esto así, porque le bastaría con evitar que su gobierno incurra en la misma desfachatez y arrogancia del gobierno anterior. Pero esto no implica cambiar el modelo estructural de gobierno que ha sido instalado por el PLD.

Los pretendidos logros del nuevo gobierno se reducen a obtener un contrato moderadamente mejor que el que tenía con la Barrick Gold, ofrecer una miserable suma de dinero para los productores agrícolas en el Sur y en el Cibao, y el show mediático de los sorteos de la construcción de escuelas.

La corrupción no es un problema de moral. No se trata de que los serios no roban y los no serios sí. La corrupción es un término genérico que designa cualquier aprovechamiento privado de oportunidades o recursos en contra de la voluntad de quienes tienen un reclamo legítimo sobre esos recursos u oportunidades. En este sentido, la corrupción es un problema de falta de democracia en el manejo del poder. La corrupción solo puede existir en los espacios donde alguna persona o grupo de personas pueden ejercer poder sobre las demás sin control y sin tener que rendir cuentas. Así, la falta de poder ciudadano para enfrentar, controlar y exigir cuentas a los funcionarios y empelados públicos, es lo que permite, desde el alto funcionario que sobrevalúa una obra para exigir al contratista que le entregue parte del dinero extra pagado por el Estado, hasta el empleado público que exige un pequeño soborno para emitir, dentro del plazo que establece la ley, una certificación a la que está obligado.

Mientras el actual gobierno continúa con sus cambios cosméticos, el modelo clientelista y antidemocrático instalado por el PLD continúa fortaleciéndose. Lejos de "hundir" a Leonel, como algunas personas pregonan, el gobierno continúa garantizando la impunidad del exmandatario y sus secuaces. Todo esto al tiempo que pretende consolidar el control de su partido sobre todos los aparatos del Estado.

Los pretendidos logros del nuevo gobierno se reducen a obtener un contrato moderadamente mejor que el que tenía con la Barrick Gold, ofrecer una miserable suma de dinero para los productores agrícolas en el Sur y en el Cibao, y el show mediático de los sorteos de la construcción de escuelas.

En contraste con lo anterior, lo que el gobierno de Medina no va a hacer es: i) iniciar una reforma integral de los sistemas de salud y educación públicas; ii) contribuir a la generación de un alto número de empleos bien pagados; iii) propiciar un aumento general de salarios que sea justo; iv) reformar el sistema tributario y el gasto fiscal para garantizar una mayor justicia y transparencia (reduciendo la dependencia de los impuestos indirectos y aumentando los impuestos directos); v) garantizar una reforma policial integral en la cual el papel protagónico sea jugado por lo movimientos sociales y ciudadanos; vi) propugnar por un nuevo modelo urbanístico que se fundamente en la autonomía municipal y la harmonía con el medio ambiente; vii) garantizar la participación de la ciudadanía en las decisiones locales; viii) someter a un debate nacional, honesto y democrático, la ley de partidos y la ley electoral; ix) respaldar y garantizar la participación de los sectores populares y las clases medias en la elaboración de las políticas públicas; x) someter la minería al debate público y respetar los resultados; destruir los privilegios de las élites económicas, religiosas y políticas; xi) garantizar el control democrático sobre los servicios públicos, empezando por la generación eléctrica; xii) poner en práctica políticas serias para garantizar la inclusión en la política de los grupos excluidos y discriminados en razón de su identidad de género, orientación sexual, raza, clase, crecencia religiosa u origen nacional; xiii) garantizar la independencia y transparencia del  Ministerio Público y el Poder Judicial, etc.

Lo que sí hará el gobierno, es dar una batalla sin cuartel en cada espacio de apertura democrática que pretenda surgir de las entrañas de la ciudadanía, mediante la manipulación, el soborno y, de ser necesaria, la fuerza. Mientras nuestro análisis del gobierno siga enmarcado en el moralismo de lo bueno y lo malo, no podremos comprender que después de la parranda de los ocho años de Fernández, Medina simplemente ha venido a recoger un poco, para que siga la fiesta del PLD. Más allá de la miopía del bien y del mal empieza el verdadero análisis político, aquel que nos ayuda a revelar y enfrentar el ejercicio multidimencional del poder. El PLD juega a que no podemos superar nuestra miopía, a que no podemos ver más allá del humo que nos venden. ¿Vamos a seguir dándoles la razón, o vamos a empezar a construir un nuevo horizonte democrático.

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