Juan José Mesa


José Gausachs, un pintor catalán y la lógica de una reacción absurda

José Gausachs, fue un artista español, discípulo de grandes maestros como Isidre Nonell y Félix Mestres Borrel. Recibió influencia de los impresionistas Monnet, Cezanne, Renoir, Gauguin y Van Gogh. Compañero y gran amigo de muchos artistas de la vanguardia como Picasso, Modigliani, Marquet, Gargallo, Utrillo, Juan Gris, DeChirico, Fujita, Bracque y Marc Chagall, quienes le llamaban “El caballero de Montparnasse”.

 Fue apreciado por intelectuales de su época como Tristán Tzara quien le brindó gran apoyo durante el exilio; elogiado por escritores como Ernest Hemingway (incluso adquirió una de sus obras) y poetas como Carles Ribas, quien le dedicó un poema al notable pintor. Durante su estancia en la “Ciudad Luz” se relacionó con los surrealistas André Masson y André Bretón.

 En 1934, el poeta Federico García Lorca describió a España como el único país en el mundo donde la muerte es un espectáculo nacional, a propósito de las corridas de toros o toreos -el espectáculo de masas más antiguo de ese país- y uno de los más antiguos del mundo. Sin embargo, desde el inicio de esa década, ese espectáculo amenazaba con salirse de la plaza de toros. España era país a punto de ser destrozado y totalmente divido. Coexistían al mismo tiempo una nación moderna, urbana, secular, industrial, en disputa entre movimientos socialistas prósperos y anarquistas revoltosos; con otra más antigua, de tierras inmensas y campesinado pobres, sofocada por la presencia de la Iglesia católica,  a la que Pablo Picasso llamó la “España negra”. El problema era, que ambas decían ser la verdadera nación y ninguna estaba preparada para aceptar el veredicto de la elección de los españoles.

 José Gausachs no se mantuvo distante, y así llegó el día en que tomó partido.

 El general Francisco Franco dijo una vez que “para salvar a España del marxismo estaba dispuesto a matar a la mitad del país”. Y lo cumplió. En julio de 1936 lanzó su primer golpe, lideró una rebelión militar contra el gobierno de socialistas y liberales elegidos democráticamente. A lo que no se hizo esperar “el grito de unión” favorito de los rebeldes: "viva la muerte".

Mientras Gausachs partía hacia a la guerra, Picasso, luego de salvaguardar las obras, se fue a París. Origen de una carrera que se interrumpe en Europa por la Guerra Civil Española, otra que se cubre de fama y una reacción absurda.

 Para el General cumplir con su objetivo se agenció, entonces, la ayuda y el apoyo aéreo de los alemanes, y, nada más y nada menos que de 40.000 tropas italianas de Musolini para conquistar España. Se inició una despiadada guerra civil, y los ejércitos de Franco arrasaron abrumando a las milicias idealistas que defendían el gobierno democrático. De alguna forma, Madrid, la capital sitiada, resiste, y para conquistarla y doblegarla… hasta El Prado, el hogar que alojaba la colección del precioso arte español fue bombardeado, y las maravillas en él encerradas se salvaron de la destrucción por una escasa veintena de metros.

 Los artistas cuando se enteraron se sintieron atacados personalmente. Los pensamientos de José Gausachs se enfocaron en la lucha española, pero su gran amigo Pablo Picasso era para entonces el director del Museo, y una vez decidida la evacuación de las obras más importantes a Valencia -recae en él- la elección (de las más vulnerables) para su traslado.

 Mientras Gausachs partía hacia a la guerra, Picasso, luego de salvaguardar las obras, se fue a París. Origen de una carrera que se interrumpe en Europa por la Guerra Civil Española, otra que se cubre de fama y una reacción absurda.

 Al año siguiente, en el mes de enero, Picasso es visitado en su estudio para invitarle a participar en la exposición de París de ese año en compañía de otros artistas españoles quienes tendrían un pabellón para expresarse contra la guerra civil española. En abril de 1937, el general Franco ordena el bombardeo de la ciudad de Guernica y el 1 de mayo Picasso inicia la pintura que presentaría en la exposición bajo el título de “Guernica”.

 Y cuando los avatares del conflicto fratricida obligan a José Gausachs a abandonar la patria, convaleciente aún de las heridas recibidas en uno de tantos bombardeos aéreos, marcha a Francia en compañía de su hijo Francisco y allí fueron internados ambos en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, un campo de internamiento construido por el gobierno de Francia en una playa de la localidad del mismo nombre, situado en la costa mediterránea del país, para albergar a parte de los refugiados que traspasaron la frontera, huyendo de España tras el fin de la Guerra Civil Española y la victoria del general Franco en 1939.

 Para tener una idea del drama que vivió el pintor catalán, en marzo de ese mismo año, el fotógrafo Robert Capa visitó el enorme campo de la playa de Argelès, donde se encontraban en esos momentos encerrados más de 80.000 republicanos españoles. La descripción que hizo del mismo fue: "... un infierno sobre la arena, los hombres allí sobreviven bajo tiendas de fortuna y chozas de paja que ofrecen una miserable protección contra la arena y el viento. Para coronar todo ello, no hay agua potable, sino el agua salobre extraída de agujeros cavados en la arena".

 Gracias a las gestiones realizadas por varios pintores franceses a través de una organización inglesa, fueron sacados José Gausachs y su hijo del campo de concentración y llevados, en 1939, a un hotel de Narbonne que servía de refugio a varios intelectuales españoles para iniciar su emigración a América.

 Sin duda, la República Dominicana, con la llegada de José Gausachs, ocurrida el 11 de enero de 1940, contó con un pintor de primera línea, al que Rafael Díaz Niese, director general de Bellas Artes –que había descubierto un año antes– le ofrece una plaza de profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes fundada en 1942, dirigida entonces por el escultor vasco Manolo Pascual, en la que el artista catalán encuentra tierra fértil para el arranque del esperanzado movimiento pictórico que llega hasta nuestros días, y su aportación dio el resultado de la formación de artistas evolucionados como: Clara Ledesma, Gilberto Hernández Ortega, Paul Giudicelli, Eligio Pichardo, Domingo Liz, Ada Balcácer, Guillo Pérez, Antonio Toribio y Gaspar Mario Cruz. A estos se fueron sumando José Rincón Mora, Leopoldo Pérez, Fernando Peña Defilló, Oscar de la Renta, Cándido Bidó, Elsa Núñez e Iván Tovar, entre otros.

Pedro Delgado Malagón, publicó en la revista Rumbo una entrevista que realizó al pintor español Tomasín López Ramos, en la que narró una anécdota cuando éste, en los años 50 caminando por una playa del sur de Francia se encontró con el maestro Picasso, quien haciéndole saber que era discípulo de Gausachs le recibió y le invitó dos copas de vino –algo inusual en Picasso– y luego de enterarse de las necesidades y el estado en que se encontraba su gran amigo en Santo Domingo, le envió una tarjeta en la que se ponía a sus órdenes para todo lo que necesitara y le invitaba a visitar su estudio en París. Cuenta Pedritín que López Ramos citó a José Gausachs al Hotel Comercial situado en la calle El Conde con la finalidad de darle una sorpresa y, sin embargo, mayor fue su asombro al ver como Gausachs hacía pedazos la tarjeta de Picasso pronunciando la frase: “ahora es que este buen… se viene acordar de mí”.

 Europa nunca más recibió de vuelta al catalán. Según expresa Jeannette Miller en su libro "Arte dominicano, artistas españoles y modernidad: José Gausachs Armengol”, fue, entre todos los artistas españoles exiliados, la figura más importante para la plástica dominicana. Su integración al país fue total y su enseñanza, determinante en las generaciones artísticas que lo siguieron. "A lo largo de los casi 20 años que vivió en Santo Domingo, se convierte en el gran maestro del arte dominicano. Su integración se llevó a cabo a través de la absorción de los elementos étnicos, geográficos y culturales que definen el país. La negritud, como factor del arte moderno de principios de siglo, fue una condición que Gausachs trabajó en sus pinturas y dibujos; igualmente la luz tropical que excedía la mera captación de la realidad y se convertía en símbolo, iluminando sus paisajes donde la naturaleza casi selvática y el mar omnipresente juegan un papel determinante".

La figura de José Gausachs posee un gran atractivo y su recuerdo ha llegado hasta nosotros plasmado en excelentes obras.

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