Punto de Fuga

Con esta columna se persigue aportar al fortalecimiento de la opinión pública dominicana, proponiendo un análisis heterodoxo de temas políticos y sociales.

La miopía selectiva de las élites dominicanas

Ante el reclamo del sector laboral sobre un aumento general de salarios, los empresarios, a través de sus asociaciones han salido a la defensa de sus intereses tratando de convencer al país de que no es posible asumir las demandas del sector laboral. Para esto, los empresarios han utilizado argumentos parecidos a los del gobierno cuando rechazó la exigencia de la ADP de un aumento salarial. Sin embargo, la miopía selectiva de las asociaciones empresariales y del gobierno les impide ver que un aumento general de salarios es necesario para aumentar la demanda agregada local y revitalizar la economía nacional.

La falta de demanda agregada local imposibilita el crecimiento del sector productivo, el cual se encuentra asediado por la competencia desleal que se le hace desde el gobierno y desde el sector importador (íntimamente ligado al gobierno). De acuerdo a los datos del Banco Central, nuestro país ha sido un importador neto, al menos por los últimos veinte años. Para esto, hemos tenido que endeudar nuestra economía hasta más no poder.

La falta de demanda agregada local imposibilita el crecimiento del sector productivo, el cual se encuentra asediado por la competencia desleal que se le hace desde el gobierno y desde el sector importador (íntimamente ligado al gobierno).

Lejos de incentivar la creación de empleos bien pagados y el desarrollo de un sector productivo saludable, nuestra política económica se ha enfocado en modelos que fracasaron antes de empezar. Las zonas francas, como modelo de desarrollo económico, no implicaban ninguna ventaja para el país ya que no se pretendía con ellas lograr una transferencia tecnológica, sino la creación de puestos de trabajos muy mal pagados y con pésimas condiciones. Adicionalmente, las exoneraciones impositivas no permitían al Estado obtener recursos a partir de dicho modelo. El resultado es que los pocos propietarios de las zonas francas y sus contratantes extranjeros se beneficiaban de la sobre explotación de la mano de obra, sin pagar impuestos y a cambio de migajas.

El negocio del turismo ha sido una experiencia similar. Los hoteles no han sido una fuente de creación masiva de empleo y la mayoría de los pocos puestos de trabajo que han creado tiende a ser mal pagados. Asimismo, los hoteles han pretendido encerrar a los turistas en cárceles de 5 estrellas y monopolizar el gasto de estos, lo cual ha imposibilitado que el comercio y la producción local se beneficien del turismo. Para colmo de males, los hoteles también han sido beneficiados con beneficios impositivos que tampoco han permitido la generación de recursos a través de las recaudaciones estatales. Adicionalmente, la mayor parte de lo que pagan los turistas a agencias de viajes extranjeras y a las cadenas hoteleras multinacionales no llega al país.

Los pocos esfuerzos de generar un sector productivo nacional, como la ley de desarrollo fronterizo no son suficientes, y además se encuentran asediados por las asociaciones empresariales capitalinas (empujadas por el sector de la importación), quienes entienden que nadie más que ellos tienen derecho a prosperar.

Como verdaderos avaros, los principales grupos empresariales y los gobiernos del país han preferido monopolizar un pequeño pastel económico, en vez de compartir un pastel más grande.

Esta situación revelauna cierta geopolítica del poder económico en nuestro país. Los sectores económicos capitaleños utilizan su cercanía al poder político para evitar el desarrollo de otros polos económicos, particularmente, aunque no exclusivamente, en el Cibao. Cabe resaltar que las economías de la Región Norte y la Línea, están mucho más ligadas a la producción que la de la economía de la “Región Metropolitana”. Esta última está más ligada a la importación y al comercio. Esta  diferencia económica se traduce en diferencias políticas, como reveló el mapa electoral de mayo de 2012.

Como verdaderos avaros, los principales grupos empresariales y los gobiernos del país han preferido monopolizar un pequeño pastel económico, en vez de compartir un pastel más grande.

Lo que resulta tan difícil de entender por nuestra clase empresarial en general, y los empresarios capitalinos y sus asociaciones en particular, es que es imposible sustentar un proyecto de sociedad con una desocupación crónica que ronda el 15% (según números oficiales), una economía exageradamente informal, altamente dependiente de las remesas que usamos para importar gran parte de lo que consumimos, y con una guerra abierta desde el Estado y los principales grupos económicos de la capital contra la producción nacional.

Para desarrollar cualquier tipo de proyecto de sociedad, es necesario contar con los recursos materiales para ello. No solo con el dinero, sino con el espacio geográfico, la infraestructura, el conocimiento, la tecnología, la energía, la comunicación y demás herramientas apropiadas para el tipo particular de sociedad que se pretenda desarrollar. Todo ello debe ser producido, y la única forma de garantizar la viabilidad de un proyecto social es que esa producción esté bajo el control democrático de quienes van a formar parte de esa sociedad, sus ciudadanas y ciudadanos. Esto no implica un aislamiento de la economía global, ni mucho menos, sino la puesta en marcha de una base productiva nacional capaz de producir los aspectos básicos de esa sociedad. En nuestro país, actualmente no tenemos esa base productiva nacional, razón por la cual nuestro país parece un barco a la deriva.

La prioridad de nuestra sociedad debería ser la de incentivar la creación de esa base productiva nacional conjuntamente con mejores empleos y un aumento general de salarios. Sin embargo, con el juego democrático secuestrado por el gobierno del PLD no hay forma de que nuestra sociedad pueda determinar cuáles son sus prioridades. La economía siempre está subordinada a consideraciones políticas, pero hay situaciones en las que esto es más patente que nunca. El gobierno del PLD se ha convertido en un obstáculo político y económico para la fundación de una sociedad democrática en este país.

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