Entre Usted y Yo


Entre Trujillo y Leonel, ¿a quién escoger?

El “viva Trujillo ¡carajo!” despachado por Anthony Santos vino a poner la guinda al pastel del acomodado antitrujillismo que se practica en la República Dominicana al amparo de una ley 5880 dictada en 1962 con el sumo cuidado de limitarla a condenar las loas públicas al muerto Rafael Leonidas Trujillo Molina, sin ni que por asomo advirtiera a los gobernantes sucesivos que no debían plagiar y aplicar los métodos con que gobernó el tirano ajusticiado, y mucho menos intentara evitar que servidores destacados de la dictadura se reinstalaran en el poder.

Después de medio siglo de su promulgación poco probable es que sepamos si la ley de pacotilla fue elaborada con el avieso propósito de lograr que la práctica antitrujillista de las  generaciones futuras se circunscribiera a fijar su atención en la paja y no en el grano. Pero es innegable que eso es lo que se ha hecho aunque en el país son tantas las fundaciones y entidades creadas para mantener viva la llama antitrujillista que a alguien se le ocurrió crear una más -la Federación de Fundaciones Patrióticas- que las agrupa a todas porque, al fin y al cabo, tradicionalmente han hecho lo mismo: sobresaltarse con aquellos que en chercha o no vocean el imposible viva Trujillo y acomodarse con los presidentes y ministros que se regodean en sus posiciones de mando remedando a Trujillo.

Lastimera historia la de esas organizaciones, y lastimero también el papel que juega en el tema el procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito. Cierto es que por respeto a las víctimas del régimen y a sus deudos nadie debiera loar o relajar con los viva Trujillo, pero de igual manera los gobernantes no deberían imitarlo.

Porque dígame Usted: ¿qué ha sido peor para el país los ¡viva Trujillo carajo! dichos por un anodino ciudadano en cualquier plaza o la administración del país como una finca personal de gobernantes  imitadores de Trujillo? Cierto es que sin pensarlo ofenden a las víctimas del régimen y a sus deudos, pero que yo sepa nadie se ha llevado un chele de las arcas nacionales voceando en la calle “viva Trujillo”, pero actuando como El Jefe presidentes y ministros ladrones ofenden la memoria de quienes cayeron luchando por acabar con la dictadura, han sometido nuevamente al pueblo y empobrecido al país.

Nada prescribe la ley 5880 contra los vivos trujillitos y destacados servidores de la tiranía que hoy disfrutan de mayores poderes, pero es taxativa contra aquellos que se atrevan a vocear en favor de un muerto de 52 años de edad. Y lo paradójico del caso es que con la ley de marras están conformes todas las organizaciones  que enarbolan el antitrujillismo. No recuerdo ningún esfuerzo serio por parte de nadie para que se modifique y se amplíe su radio de acción preventiva. Aparentemente todo está bien como está y en torno al gobierno se ha formado un grueso y recio amasijo de mansos y cimarrones de la época de Trujillo que se están sirviendo del mismo plato.

Con lo caricatura de ley antitrujillista pudimos ver con días de diferencia la comedia del cantante arrepentido por charlatanear con algo prohibido y la tragedia de la persecución y el asqueroseo al procurador de la República por parte de la familia de Vincho Castillo, notable palero trujillista considerado por Danilo Medina como el idóneo para ser designado como  el poderoso cabecilla de la “Dirección de Ética e Integración Gubernamental” de su gobierno, el cual tiene como misión tapar el hoyo fiscal y la corrupción que lo ayudaron a ser presidente.

No se puede vocear “viva Trujillo”, pero Joaquín Balaguer -mano derecha de El Jefe y presidente títere- pudo gobernar el país durante 20 años aplicando lo aprendido a lo largo del régimen tiránico. Y no conforme, logró entregarle su bastón de mando a Leonel Fernández, a quien ni siquiera el propio Balaguer (porque no mostró apetito por el dinero) puede disputarle ser el más acabado émulo de Trujillo en cuanto a lograr aprovecharse del gobierno para satisfacer su ambición ilimitada por la acumulación de riqueza personal y poder.

No se puede relajar con un “viva Trujillo”, pero Leonel anda suelto por ahí sin que lo molesten con todo y que siendo presidente se definió como balaguerista-vinchita, fórmula  indirecta que usó para declararse trujillista y ganarse la confianza ante el rancio poder establecido. Todos somos testigos de que con las artes de Trujillo acumuló en 12 años tanta fortuna y tanto poder como el ajusticiado dictador en 31 años. No está demás hacer un breve cotejo de acciones de Trujillo y Leonel para escoger al más perverso entre estos dos depredadores sociales que alcanzaron lo máximo en el manejo del país como una finca personal.

Empiezo por el talón de Aquiles de Trujillo: el manejo político, su debilidad o pasión por sembrar el terror y eliminar físicamente a sus enemigos. Fue despiadado al máximo y embadurnó su gobierno con el derramamiento de la valiosa sangre de millares de patriotas que lucharon para que el país viviera en democracia.

Leonel no aterrorizó a sus enemigos, no hizo de la eliminación física una práctica. Pero no se puede decir que sus gestiones presidenciales no se mancharan de sangre. Por millares se cuentan los que cayeron en los famosos “intercambios de disparos” con supuestos delincuentes, muchísimos de los cuales fueron ejecutados después de haber sido apresados y otros fueron inocentes que se encontraban en el lugar equivocado durante una truculenta actuación policial. Además, hay que agregarle que durante su mandato 2004-2012 la violencia de todo género y la criminalidad alcanzaron niveles que eran insospechados para la sociedad dominicana.

En cuanto al manejo de la economía, Trujillo se dio el lujo de saldar la deuda externa del país y mantener el peso a la par con el dólar. Nacionalizó la Corporación Dominicana de Electricidad y amplió su eficiente servicio. Desarrolló la industria azucarera y estableció múltiples fábricas e industrias que tras su ajusticiamiento pasaron al control del Estado, agrupadas en el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE).

Por su parte, Leonel triplicó la deuda que encontró, y su títere continúa aumentándola. Dejó el peso estable casi al 40 por dólar. En su primera gestión presidencial se encargó de vender la CDE y del dinero de su venta lo que se dijo en principio fue algo así como que no ingresaría al país para evitar distorsiones en el mercado del dólar. Terminó de arruinar a CORDE y vendió a precio vil las empresas. Hasta las siempre productivas acciones que tenía el gobierno en la Sociedad Industrial Dominicana las permutó por los terrenos donde estuvo la Industria Lavador, con la falsa excusa de que servirían para levantar la villa atlética de los Juegos Panamericanos.

Como puede verse, Trujillo se ocupó de montar ingenios, fábricas e industrias para satisfacer su apetito extraordinario de fortuna personal. Aunque todo lo hizo abusando de su poder, el método no dejó de implicar cierto sacrificio, algún ejercicio de inversión, compra y venta, actividades propias del comercio. En los tiempos del tirano los ingresos anuales del Estado fueron magros, se contabilizaban por decenas y escasos cientos de millones de dólares, que en su mayoría eran provenientes de la importación de azúcar, café y cacao, entre otros rubros.

Parece claro que de manera mucho más fácil ha hecho lo suyo Leonel pues sólo tuvo que entregarse en brazos del Fondo Monetario Internacional y con todo vigor poner en marcha la política de globalización que le dio carta blanca para vender las empresas que debía administrar. También vendió playas y áreas reservadas dentro de parques nacionales. Amarró, nunca se sabrá a cambio de qué y cuánto, el contrato que otorga derecho legal a la Barrick Gold para hacer lo que le convenga con el oro del país.

Para recibir dinero por millones de sus favorecidos con obras y negocios del Estado Leonel sólo tuvo que crear su Fundación Global, entidad con una riqueza cónsona con los ingresos del Estado que en lo que va del siglo XXI se cuentan por miles de millones de dólares anualmente. Sólo por el envío de las remesas de los miembros de la diáspora se reciben más de tres mil millones de dólares anuales. Además, el país ha sido un paraíso para el blanqueo de capitales. Grandes capos internacionales de la droga escogieron a la República Dominicana como su base de operaciones, entre quienes cabe destacar al español Arturo del Tiempo, quien se dio los lujos de hacerse acreedor de un préstamo de unos 13 millones de dólares del Banco de Reservas para levantar la torre Atiemar, ostentar el rango de coronel de la Policía Nacional y retratarse junto a su hijo con el mismísimo Leonel en el Palacio Nacional.

En cuanto a cumplir con la ley, Trujillo nunca dudó en colocarse por encima de la misma para despojar a cualquier ciudadano -mediante “compra” al precio que él pusiera- de tierras y propiedades que les apetecieran. En este sentido Leonel hizo lo suyo también, y con creces. Como muestra, un par de botones:el pueblo dominicano fue despojado por Leonel de $130 millones de dólares sólo en el préstamo ilegal que acordó con la SunLand y nada más en 2012, traducido como déficit fiscal, le birló más de 200 mil millones de pesos que Danilo Medina está cobrando con el aumento del pago de impuestos a los estafados.

Pudiéramos seguir haciendo comparaciones para determinar a quién escoger como el más perverso entre Trujillo y Leonel, pero el escrito está largo. Así que al regreso de un par de semanas vacacionando permítame volver a decirle: por hoy, me voy. Que Dios le llene de bendiciones, y se apiade de la República Dominicana.

 

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