Palabras profanas


Los gatopardos


"Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie".
El Gatopardo, Lampedusa

“En ciencias políticas se suele llamar “gatopardo” o “lampedusiano” al político que inicia una transformación política revolucionaria pero que en la práctica sólo altera la parte superficial de las estructuras de poder, conservando intencionadamente el elemento esencial de estas estructuras”.

El término proviene de la novela de Guisippe di Lampedusa, ambientada durante la Unificación de Italia, en la cual una familia de la aristocracia Siciliana, en vista de los cambios acelerados que se están dando, decide unirse al ejército de Garibaldi ya que reconoce que es la única forma en la que puede conservarse. Esa estrategia de adaptación a los tiempos tiene innumerables referencias en la historia y casi siempre surge del alto análisis político, cuando se entiende que ya no existe otra salida.

En 2008 George W. Bush terminó su segundo mandato con altísima tasa de rechazo a lo interno y a escala mundial, en medio de un renaciente sentimiento de repudio a la política extranjera de los Estados Unidos (guerras, invasiones, intervenciones económicas). En poco tiempo antes de las elecciones, Barack Obama se convierte en un fenómeno insospechado gracias a la ruptura estética que representaba, que iba desde el color de piel hasta sus referencias culturales. Joven, actualizado y con ciertos posicionamientos progresistas y respecto a algunos temas transversales, en su momento cautivó hasta a los más antiimperialistas del mundo. Si bien hubo ingenuidad, hay que reconocer que era difícil no hacerse de alguna expectativa.

Danilo Medina, desde su candidatura, impuso una diferenciación discursiva respecto al pasado mandatario, de su mismo partido.

Sin embargo, en esencia, en los años de Barack Obama la política exterior de los Estados Unidos ha sido más igual que nunca. Durante el mandato del Premio Nobel de la Paz los ataques de aviones no tripulados (drones) han dejado un saldo superior a los 4mil muertos, las bombas caen sobre Afganistán y Pakistán, el retiro de tropas de Irak no pudo ser más lento, se apoya incondicionalmente la barbarie que protagoniza Israel contra Palestina, el bloqueo a Cuba se mantiene, y a esto le sigue un largo etcétera.

En fin, Washington es Washington, el Pentágono es el Pentágono y Estados Unidos es Estados Unidos.

Guardando muchísimas diferencias, podemos establecer un símil con el actual gobierno dominicano. Danilo Medina, desde su candidatura, impuso una diferenciación discursiva respecto al pasado mandatario, de su mismo partido. Se ve clara la intención comunicativa de romper con toda  referencia a Leonel Fernández. Pero cuando vamos al fondo la estructura partidista, se conserva intacta, el esquema de corrupción permanece inalterado, la impunidad se mueve libre como tiburón en el océano y los funcionarios apenas son cambiados de madriguera, por lo que aun las mejores intenciones se ven boicoteadas por el know-how de malas prácticas que hereda de la pasada gestión.

De nuevo el cambio resulta la mejor estrategia de conservación.

Pasando a otro escenario, “Habemus Papam”. La Iglesia Católica hace “lo que nunca se hizo” al elegir al primer Papa no-europeo, en uno de sus peores momentos de pérdida de fieles y de mayor desprestigio en todas las esferas donde se ve involucrada. El Papa Francisco se asoma con modestia al balcón papal, no usa el bling-bling y la estola papal de oro macizo, se pone unos sencillos zapatos negros que contrastan con los zapatos rojos papales que calzaba Benedicto XVI, y clama por una iglesia austera, “pobre para los pobres”. Quién sabe, si su edad se lo permitiera, también brincaría charcos y se aparecería de sorpresa los domingos en cualquier iglesia. Bergoglio es justo lo que la Iglesia necesita para renovar su apariencia a la segunda década del siglo XXI. Pero aun con un jesuíta a la cabeza, es seguro que la esencia de la Iglesia Católica continuará siendo conservadora, continuará siendo lo que es.

Las estructuras renuevan sus fachadas para poder mantener su hegemonía. Las masas, por su lado, se emocionan, se confunden y, eventualmente, se desilusionan, al ver cómo la llegada de los gatopardos que anuncian cambios solo buscan que todo siga igual.

 

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