Palabras profanas


Patriotismo de ocasión: “Por unos dólares más”

Danilo Medina, en su discurso de rendición de cuentas, sorprendió al abordar el tema de la Barrick Gold con un tono enérgico y decidido al cual no nos tiene acostumbrados. Más aún sorprendió ver a gran parte de los mismos legisladores que hace cuatro años aprobaron el contrato caer en un éxtasis de alabanzas al escuchar al presidente hablar sobre la revisión.

El presidente no hizo referencia al fuerte impacto sobre el entorno que genera la megaminería con cianuro y el pasivo ambiental que deja la explotación aurífera, como si se tratara de una simple empresa dedicada a la prestación de servicios.

Todo el que ha leído el contrato  puede decir que entregar tanto a cambio de tan poco solo se explicaría por la existencia de un acuerdo paralelo, ilegal y a escondidas del público entre la Barrick Gold y el gobierno de entonces.

Políticamente, el anuncio crea un impacto muy favorable para el gobierno pues intenta cohesionar  a toda la sociedad contra un enemigo externo.

Cito textualmente parte de sus palabras:

 “Estoy consciente que ni el Gobierno ni Barrick Pueblo Viejo tienen la culpa de este resultado. La verdad es que ninguno de los dos previeron, y quizás no podían prever, lo que iba a suceder con el precio del oro luego de la crisis financiera global que estalló en septiembre del 2008”.

En primer lugar, pedirle consideración a una corporación transnacional con ese historial ya es mucho pedir. La empresa se valió de todas las estrategias de lobby típicas del capitalismo salvaje, y a decir verdad no era ella la que debía defender los intereses nacionales, sino el Estado, representado por los poderes Ejecutivo y Legislativo. Pero sabemos que la historia fue diferente; el contrato fue aprobado por la Cámara de Diputados sin ser siquiera revisado, atendiendo solo a la línea trazada por sus partidos, principalmente el PLD bajo la presidencia de Leonel Fernández.

Todo el que ha leído el contrato  puede decir que entregar tanto a cambio de tan poco solo se explicaría por la existencia de un acuerdo paralelo, ilegal y a escondidas del público entre la Barrick Gold y el gobierno de entonces.

Respecto a sus otras palabras, se equivoca Medina al decir que los precios no se podían prever ya que el contrato se firmó en pleno apogeo de la famosa Guerra de Divisas, cuando el dólar empezaba a mostrar debilidad frente al euro, China amenazaba con cambiar las bases de sus reservas monetarias y muchos analistas presagiaban la “vuelta al patrón oro”.  Finalmente, la aprobación de parte del Congreso se realizó en noviembre de 2009 cuando ya el precio del oro rodeaba la barrera de los 1,000 dólares por onza troy.

Si el Congreso que aprobó ese contrato entreguista será casi el mismo encargado de revisarlo entonces no es mucho lo que podemos esperar. Ese giro brusco a la defensa del patrimonio nacional, después de haberlo regalado, más que a un sentimiento patriótico parece obedecer a una cuestión fiscal, cuando a dos meses de la entrada de la reforma fiscal ya hay claras señales de que el gobierno no logrará las recaudaciones tributarias previstas.

Sin embargo, como en aquel filme spaguetti western dirigido por Sergio Leone y protagonizado por Clint Eastwood llamado “Por unos dólares más” (Per qualche dollaro in più), en el que dos cazarrecompensas con motivos completamente diferentes terminan aliándose para atrapar al mismo bandido, la nueva disposición del gobierno puede ser una oportunidad o una trampa. Oportunidad si se dejan las cartas claras, buscando mecanismos de retribución que  garanticen el beneficio de la sociedad (cosa ya muy fantasiosa). Trampa si toda la bulla que gira en torno al tema solo busca lograr otro acuerdo por debajo de la mesa.

Yo también desearía ser más optimista, el problema es que no hemos corrido de mucha suerte cuando le dejamos la defensa de lo nuestro a los “honorables”.

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