Palabras profanas


Más allá de Bahía de las Águilas

Pese a ser un caso que data de 1995, el que muchos han llamado el mayor fraude inmobiliario en la historia dominicana viene a ser consumado de manera unilateral y en secreto por el actual gobierno, y más aún, defendido a capa y espada por el propio consultor jurídico de la Presidencia, César Pina Toribio. En el hecho el Estado transa con responsables de falsificaciones y estafas cuando más bien debieran estar siendo procesados. El terreno en cuestión es la parcela 215-A de una superficie de 36,000 hectáreas, equivalente a más de 3 veces el área total del Distrito Nacional, ubicado en una zona de mucha riqueza en biodiversidad y que concentra un importante porcentaje del litoral de Pedernales, que incluye a Bahía de las Águilas.

Tendré que dejar de lado tanto el aspecto jurídico como el ecológico por no ser mi especialidad, para concentrarme en lo que parece estar al fondo del asunto: el proyecto de convertir a la región sur en el cuarto polo turístico del país bajo un modelo de desarrollo bastante cuestionable.

Hay que recordar que el programa económico del gobierno de Danilo Medina tiene como eje principal el turismo; él mismo ha dicho que es “es el motor del desarrollo dominicano” y en reiteradas ocasiones ha hablado de la meta de elevar la cantidad de turistas que ingresan al país por año de cuatro millones en la actualidad a 10 millones en el 2016. No se necesita realizar ningún tipo de cálculo para saber que recibir una cantidad de turistas por año igual a la población total del país requerirá de una infraestructura habitacional inexistente por el momento.

Aun reconociendo la importancia del turismo en la economía dominicana, hay muchas razones para oponerse a que sea nuestro paradigma de desarrollo, como por ejemplo que es uno de los sectores con la mayor tasa de repatriación de capitales, es decir que los grandes beneficios vuelven al país de origen de la inversión. También es sabida las bajas recaudaciones fiscales que genera porque muchas cadenas hoteleras reportan “perdidas” en las operaciones aun sin haberlas. La estacionalidad y la dependencia del extranjero a la que está sujeto el sector dejan capacidad ociosa en temporadas bajas. Sin mencionar otras externalidades de índole social.

El ministro de Turismo, Javier García, apela a los altos índices de pobreza y desempleo de la región sur para justificar la explotación turística de Bahía de las Águilas como garantía de desarrollo socioeconómico. Pasa sin embargo que las cuatro provincias turísticas del país relatan el fallo de ese modelo en la mejoría social con altos índices de pobreza, teniendo Puerto Plata un 46%, Samaná un 50%, La Romana un 45% y La Altagracia un 49%.

Si la verdadera preocupación del gobierno de Danilo Medina es el desarrollo de la región sur, entonces podrían comenzar por intentar resolver el problema del lago Enriquillo que parece quedar en el olvido, impulsar la reactivación de la agricultura y la ganadería en la zona, y  hasta en el mismo plano del turismo rescatando decenas de playas tradicionales que han quedado en abandono, sin mencionar otras maravillas naturales de la región.

Pero la idea parece ser vendernos un desarrollo a cualquier precio montado sobre la base de la ilegalidad, los negocios turbios, la explotación insensata de los recursos naturales y la justificación de lo injustificable. El “Desarrollo" de Danilo Medina se está pareciendo demasiado a aquel “progreso” de Leonel Fernández. En ese caso cuando nos dicen que “no se tocará una sola pulgada de Bahía de las Águilas”, tenemos una larga lista de antecedentes que indican todo lo contrario. 

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