La edad dorada de Morgan Freeman

EFE

El recorrido de Morgan Freeman es largo e intenso, tanto en lo personal como en lo artístico. Hombre de grandes contrastes, vive entregado a la búsqueda de Dios, defiende a la vez la legalización de la marihuana, se posiciona en contra de Trump, ama su profesión y, mientras, llega a la edad dorada de los 80, pero sigue sintiéndose joven.

Nacido para ser actor

“Nací para hacer esto”, afirmó Morgan Freeman a Efe en 2013. “Pienso que, si yo creo en el personaje, el público lo hará también” añadió.

Y es que el actor, nacido en Memphis, Tennesse (Estados Unidos) el 1 de junio de 1937, siempre tuvo claro que quería dedicarse justo a eso: la interpretación.

Hijo de una maestra y de un barbero que falleció de cirrosis, es el menor de tres hermanos, y pasó parte de su niñez con su abuela paterna. Vivió en distintos lugares de su amplia nación: Misisipi, donde hizo su primer papel artístico en una obra escolar, Indiana, Chicago… .

Su participación en una obra escolar no fue lo único que, desde la infancia, delató su inclinación artística. Con doce años ganó un concurso de teatro estatal. A esa misma edad actuó también para la radio en Tennesse.

Tras rechazar una beca universitaria y trabajar como mecánico para las Fuerzas Armadas, Morgan Freeman estudió interpretación en Pasadena Playhouse de Los Ángeles, California.

En esta etapa de su vida trabajó también con la compañía de teatro musical Opera Ring en San Francisco, y ejerció de Bailarín en la World’s Fair de 1964, en Nueva York.

Y es que, en lugar de en la gran pantalla hollywodiense, sus primeros papeles profesionales los tuvo en Broadway: en 1968 coprotagonizó “Hello, Dolly!”.

El cine llegaría tres años después, con “Who Says I Can't Ride a Rainbow?”. La fama comenzaría a a venir en la televisión cuando, ese mismo año, en 1971, apareció durante cinco años más en la serie “The Electric Company”.

Sin embargo, Morgan tuvo que esperar a cumplir medio siglo para, por fin, empezar a destacar en el mundo del cine. Comenzó a obtener sus primeras nominaciones y galardones. Su papel secundario en “Street Smart” le valió la primera candidatura al Óscar, estatuilla que también rozaría como protagonista en “Driving Miss Daisy”, aunque le concedieron por ese papel del Globo de Oro. Tendría que esperar hasta 2004 para que “Million Dollar Baby” le hiciera conseguir por fin la figurita dorada como mejor actor de reparto.

Tanto antes de eso como después de lograrlo, acumuló diversos premios y menciones honoríficas. En 2015 se le otorgó el premio Chaplin; en 2016 recibió la Medalla de las Artes; y a principios del 2017 le entregaron un premio honorífico por su carrera en la gala “Películas para Adultos” de la revista AARP (American Association for Real Possibilities). “Mi primer papel de relevancia en el cine lo conseguí a los 50 años y aprendí a pilotar aviones con 65 años, así que es un honor estar aquí hoy con todos vosotros”, dijo entonces.

La carrera del actor incluye muchos más éxitos: “Glory” (1989), “Se7en” (1995), “Bruce Almighty” (2003), la saga de “Batman” (“Batman Begins”, 2005; “The Dark Knight”, 2008 y “The Dark Knight Rises”, 2012); “Now you see me” (2013), y otros tantos “blockbusters”.

Su último trabajo ha sido la comedia “Going in Style”, estrenada este mismo año. Sobre ella, el actor declaró a Efe que creía que muchas personas podrían identificarse con la trama: “esta película tocará a mucha gente”, dijo.

No es de extrañar su entusiasmo por su profesión, a pesar de su avanzada edad. Ya en 2015 lo dijo en una entrevista, también a Efe: “continuaré trabajando hasta que pueda levantarme de la cama”. Y sigue haciéndolo.

Una vida intensa y de convicciones claras

Más allá de su profesión, Morgan Freeman ha vivido intensamente. La muerte, que todavía parece lejana pese a que cumple 80 años, ha llamado alguna vez a su puerta. En 2008 sufrió un accidente de coche que le dejó en un estado grave. Aunque se recuperó, ha vivido con dolores crónicos desde entonces.

Es por eso que una de las causas que más ha defendido el intérprete es la legalización de la marihuana: “La marihuana tiene muchos usos útiles”, dijo en 2015 a Efe, y añadió: “Yo tengo fibromialgia en este brazo (izquierdo) y lo único que me alivia es la marihuana”.

Poco después, su nieta Edena Hines, de 33 años, murió apuñalada durante un exorcismo. El asesinó resultó ser su entonces pareja. Morgan Freeman lamentó que la joven no hubiera podido demostrar todo su talento.

“Quiero agradecer las tremendas muestras de amor y el apoyo que mi familia ha recibido en relación con la trágica, y sin razón, muerte de mi nieta Edena Hines. Gracias desde el fondo de mi corazón”, añadió en un comunicado de Facebook.

Ese mismo año se enfrentó a su segundo accidente, esta vez de vuelo, en su avión privado. Por suerte, no sufrió ningún daño.

En 2016 apoyó abiertamente a Hilary Clinton y apareció en su “spot” de campaña. Sobre ella, el actor dijo lo siguiente: “El trabajo de su vida ha sido romper barreras y también lo será su presidencia. Ella entiende que nuestro país no puede alcanzar su potencial a menos que todos nosotros lo hagamos”.

Cuando en 2017 recibió su premio honorífico otorgado por la revista AARP, habló de la situación política de los Estados Unidos tras la victoria de Donald Trump, sin mencionarle directamente: “como actor siento que tengo la responsabilidad de dejar un mundo mejor cuando ya no esté. Y, ahora mismo, vivimos tiempos duros y de enorme incertidumbre, pero estoy convencido de que superaremos todo lo que venga. Esto también quedará atrás”.

Un camino de espiritualidad

En 2003 Morgan Freeman apareció en la comedia “Bruce Almighty”, donde interpretaba a Dios. En 2016, la serie documental “The Story of God” veía la luz en la cadena National Geographic, protagonizada por el actor.

Los documentales, seis episodios en total, trataban sobre temas relacionados con la figura de Dios y la Fe, desde la perspectiva de distintas religiones y creencias.

“En los últimos meses, he viajado a decenas de ciudades y he podido unirme a la llamada a la oración en El Cairo, he aprendido a meditar con un líder budista, visitado los templos mayas de Guatemala y he discutido sobre razón y fe en la Academia Papal de Ciencia” dijo a Efe al respecto de este proyecto.

Aseguró entonces que creía en Dios de alguna manera, pero que la verdadera pregunta era “¿qué relación tienes con ese Dios?”. Y aclaró: “esa pregunta es la verdadera lucha que uno bate durante toda su vida, sobre todo cuando llegamos a una cierta edad”.

Eso sí, dejó claro también que no cree en la reencarnación: “en el caso de que vuelvas a la vida será en forma de pez o hierba y entonces tampoco vas a tener conciencia de retorno”, bromeó entonces.

También habló en aquel momento del terrorismo religioso: “matar en nombre de Dios no te exime de lo que has hecho”.

La serie documental estrenó su segunda temporada a comienzos del 2017. En una reciente entrevista concedida a medios latinoamericanos, aseguró que, haberla realizado, le había hecho tener “un entendimiento más profundo de las religiones, de Dios y de cómo los diferentes pueblos de la Tierra se acercan a ellas”.

Sin embargo confesó también lo siguiente: “no creo que nada haya cambiado en mi vida espiritual como resultado de esta serie”. Y dijo que lo que ahora era diferente, era “el conocimiento y la apreciación de cómo tanta gente tan diferente entiende la espiritualidad”.

La búsqueda espiritual de Morgan Freeman continúa en activo, pues la tercera temporada de “The Story of God” se encuentra en producción, como también sigue adelante su carrera de actor. Esa misma que hace dos años dijo que no abandonaría mientras pudiera levantarse de la cama, momento en que afirmó a Efe que no se sentía “viejo”.

En la actualidad, sigue sintiéndose joven. Lo dijo cuando recogió su premio honorífico en la gala de “Películas para Adultos”: “soy un maldito adulto, pero no me veo como tal. Cada mañana, cuando me levanto, juego frente al espejo como cuando era un niño. Al final, ese es mi trabajo. Probar. Crear”.

Y de momento, Morgan Freeman llega a los 80 años así: probando y creando, trabajando en su amada profesión y buscando a Dios en el camino.

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