José Ignacio Valenzuela, inagotable fuente de ideas y palabras

José Ignacio Valenzuela (Fuente externa)

SANTO DOMINGO (R. Dominicana).- Desde muy temprana edad,  el chileno José Ignacio Valenzuela, también conocido como “Chascas”, se ha dedicado a contar historias.

Escritor y guionista, Valenzuela ha participado en proyectos televisivos, literarios, cinematográficos y teatrales, y ha tenido éxito en el mundo de las telenovelas, entre estas últimas “Amor a domicilio”, “La familia de al lado”, “Dama y obrero” y “Santa Diabla”.

Recientemente estuvo de visita en el país para presentar su la última entrega de su “Trilogía del Malamor” (“Hacia el fin del mundo”, “La raíz del mal” y “El árbol de la vida”), y para impartir talleres de escritura audiovisual.

Mas la pasión por escribir de Chascas no merma, sino que pasa de un género a otro. Así es él.

¿Cómo eliges las historias que vas a contar y el medio en el que las contarás?

No lo sé. En general escribo de lo que me molesta, no de lo que me gusta, porque la escritura en mi caso tiene que ver con darle orden a un desorden, resolver de alguna manera algo incómodo en mi vida. Y además, tengo la teoría personal de que cuando escribes sobre lo que odias, o sobre lo que no te gusta, es cuando vas hacia la tripa, es cuando escribe desde las vísceras mismas. Cuando escribes de lo que te gusta te pones meloso, te pones cursi, no profundizas, pero cuando escribes de lo que odias, de lo que te desagrada, de lo que no te deja dormir, de lo que no te está dejando respirar en paz, escribes para resolverlo y sacártelo de encima. Así es como escribo, así es como nacen mis temas. ¿Qué formato? Me equivoco muchísimo. Siempre me pasa que empiezo a escribir un libro y en la mitad me doy cuenta de que no me da para un libro, sino para un cuento; o empiezo a escribir una película y a mitad del guión me doy cuenta de que no, que es un libro. O estoy escribiendo un libro y me doy cuenta de que no, que es una telenovela. Me pasa mucho eso, que meto la pata, que tengo que corregir el rumbo varias veces.

¿Qué importancia tiene la lectura como herramienta para un creador, guionista o escritor?

Mira, una de las cosas que más me escandaliza hoy en día es que están naciendo generaciones completas de cineastas y escritores audiovisuales que no han leído un libro en su vida. Lo veo terrorífico, eso, terrorífico. Para mí, la lectura es casi más importante que la escritura. No puedo concebir a un escritor que no sea un lector voraz, que no esté devorándose lo que encuentra. Además, y esto es algo más bien ideológico, encuentro que la única solución, siempre, es la educación. No existe otra solución, y estoy hablando de cualquier solución política, económica, social; y dentro de la educación, le doy un rol primordial a la lectura.

Me escandaliza sentir y saber que para los jóvenes, que crecen hoy en día en los colegios, la lectura se asocia al aburrimiento, a una nota o a una asignatura, así como matemática, física y literatura, y donde leer implica tener buena memoria para recordar los detalles del libro y no el gozo que te provoca. Es tanto lo que esto me afecta que me he dedicado, como una cosa personal, a recorrer colegios de Latinoamérica. Llevo cuatro años de gira, prácticamente sin parar, tratando de devolverle a la lectura su función de placer. Tratando de sacarle de encima todas estas etiquetas y todo este peso impuesto por planes educativos súper arcaicos pensados por gente que odia la lectura, y tratar de volver a la lectura, equipararla a un juego de pelota, a chatear, a jugar en Wii, porque debiera de ser lo mismo. Para mí la lectura es la base, es la raíz de todo. ¿Cómo puedes escribir si no lees? ¿Cómo puedes hacer cine si no lees? ¿Cómo puedes hacer teatro si no lees? No voy a poder respetar nunca a una persona que esté haciendo arte y no sea lector.

¿Qué opinas sobre el papel que juegan las musas y la inspiración en el oficio del escritor?

Personalmente no creo en la inspiración. No tengo idea de si existe o no, decidí no creer en ella para no tener que esperarla, sobre todo porque vivo de la escritura, pago mis cuentas con la escritura. Por lo tanto, no puedo no escribir. No puedo depositar algo tan valioso como mi vida entera en un ente abstracto y darle la responsabilidad de alimentarme. No puedo. No sé si existe la inspiración, pero como decía, creo que Unamuno, que me encuentre trabajando. Creo en la disciplina, en el rigor, en el oficio, creo en que un taxista no tiene todos los días ganas de ser taxista, pero no le queda otra más que ser taxista. No tengo ganas de ser escritor todos los días, pero no me queda otra más que escribir todos los días porque es mi profesión, no es un hobby. Me levanto todos los días y, a veces con el aburrimiento más atroz del mundo, voy, me siento y escribo, porque es mi profesión.

¿Crees que ya es obligado que los autores estén preparados para trabajar y crear contenido para distintos medios?

La creación del contenido hoy en día está más fértil que nunca porque las posibilidades de cruce y de generar híbridos es cada vez más grande. Cuando empecé a escribir pensé que con mis libros bastaba y me di cuenta de que no, me di cuenta de que hoy en día es lo que los gringos llaman el mass media. Hoy en día tú tienes que ser un escritor “mass mediático”, y eso implica que tienes que saber escribir, pero tienes que saber promocionar, tienes que saber irte de gira, tienes que saber dar conferencias, tienes que saber contestar entrevistas, tienes que saber cómo no ponerte nervioso cuando vas a la televisión, tienes que ser capaz de hablar frente a cinco mil personas y tienes que vestirte como un escritor.

Hay una especie de cosificación del creador que, muchas veces, es convertido en algo más importante que su libro. Es como una marca, cosa que suena terrible y lo es, porque cuando García Márquez empezó a publicar daba lo mismo qué cara tenía, pero hoy en día en los posters del libro está la cara del autor al lado de la portada. Eso te habla de que hoy en día son casi tan importantes las bambalinas como la obra misma. Entonces sí, es cierto, los creadores de ahora tienen que ser “mass mediáticos” y eso implica manejar códigos nuevos, pasearse por otros géneros, por otros formatos y experimentar, cosa que si lo tomas positivamente, puede ser una gran herramienta, si lo tomas desde el lado del ego, pues es terrible.

¿Cuál es el medio en el que más te gusta expresarte?

Lo que pasa es que para mí el medio tiene que estar íntimamente ligado a lo que estoy contando. Hay cosas que no puedo contar si no es en una telenovela, hay cosas que es imposible contarlas si no es a través de un cuento. No es que yo parta a priori eligiendo un género, sino que el origen es el cuento que yo quiero contar y es ese cuento el que me dice qué camino elegir. Entonces me siento cómodo en cualquier formato y te aseguro que si mañana aparece algo nuevo lo voy a explorar también porque me encanta.

¿Hay algún tema género o formato en el que no haya trabajado pero que le interese?

En general he hecho pocos cortometrajes, y es una cosa que me gusta mucho porque me encanta el cuento. Si pudiera elegir entre escribir una novela o escribir un cuento, preferiría siempre escribir un cuento. De hecho, acabo de publicar un libro de cuentos que me tiene súper contento y me tardé 15 años en escribirlo. Si me preguntan que si quisiera hacer una película o un corto, prefiero hacer un corto, lo que pasa es que lograr esa capacidad de síntesis es un ejercicio bestial y desafiante, y siento que estoy en deuda con el cortometraje. Me encantaría hacer cortometrajes.

Parte del motivo de tu visita al país es la presentación de “El árbol de la vida”, con la que completas tu “Trilogía del Malamor”.

La “Trilogía del Malamor” se completó, está acá en República Dominicana. Es un libro que está dándose a leer en buena parte de Latinoamérica, sobre todo en colegios, cosa que me tiene feliz. En algunos países forma parte de los planes obligatorios, en otros países como la República Dominicana creo que son sugerencias, planes alternativos, pero se va a leer en muchos colegios y eso me tiene dichoso. Promocionar este libro me ha permitido viajar por muchos países de Latinoamérica y conocer su  realidad educativa,  una cosa que a mí me interesa mucho, y que mejor que hacerlo a través de mi libro, que privilegio más grande.

¿En qué trabajas actualmente?

En este momento estoy trabajando en una novela infantil, “Mi abuela la loca”. Es un libro para niños de diez años, voy por la mitad. Ya entregué una sinopsis de una nueva telenovela y estoy esperando que me den la luz verde para empezar a escribirla, y a fines de este año empiezo a escribir una nueva novela grande y gorda que me ocupará una buena parte de mi vida.

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