El sorprendente (y provocador) catálogo de libros dominicanos de Ediciones Cielonaranja

(Fuente externa)

SANTO DOMINGO.- Miguel D. Mena es entrañable, pero convierte en riesgo cualquier otra definición. Ideador de Ediciones de la Crisis, hace ya 32 años, ha tenido la valentía de no cejar en el rescate de la que juzga como la mejor literatura dominicana. Su persistencia es –con su permiso— casi misional.

Cuando en 1990 se mudó a Berlín, y solo por cinco años, la tarea casi artesanal cambió de nombre, mas no olvidó el propósito. Surgió entonces Ediciones en el Jardín de las Delicias, homónimas del polisémico tríptico de El Bosco. Acercándose el fin del siglo XX, la tecnología colocará a Miguelín –así lo llaman sus más íntimos— en una nueva perspectiva. Surge Ediciones Cielonaranja.

A caballo entre Berlín y Santo Domingo, cuando regresa a la Isla Miguel D. Mena organiza “fiestas del libro”, aunque ha cedido a la tentación de participar en las ferias.

Pero no nos engañemos pensando que Ediciones Cielonaranja es una simple fábrica a escala de libros dominicanos. No. Es, ante todo, “un espacio de creatividad y pensamiento, dominicano y caribeño, un foro donde se piensa y actúa en el sentido de mejorar la comunidad humana”. Esfuerzo casi sobrehumano en un país donde pensar y leer no gozan de buena salud.

Sorprende la cantidad de títulos de autores dominicanos en tu catálogo. Eres la gran y selectiva imprenta nacional que no tenemos, ¿cómo lo haces?

Dudo que sea algo “nacional”. Digamos mejor, “personal”, porque para mí lo importante es la persona, los amigos, la gente cerca, y si la gente lejos se acerca o algo le llega, muchísimo mejor. Publico libros desde 1982 y firmemente desde 1985. Comencé armando mis libros y haciendo libros de amigos, porque lo más importante es la comunidad del alma. La lectura acerca, porque nos sumerge dentro de una familia intensa y vital. Comenzamos con libros mimeografiados –Juan Sánchez Lamouth, Martha Rivera, G. C. Manuel-, seguimos con fotocopias –René del Risco, Sandy García-, y ahora ya nos damos el lujo de imprimir donde Amazon tenga una oficina.

 Sufrimos un canon impuesto por dos o tres “maestros” que entre ellos se han pasado las mismas bolas. Quien se desinforma o deforma es el lector, los estudiantes, la crítica que emerge.

La poesía tiene un gran peso en las publicaciones de Cielonaranja. ¿Reflejo de una preferencia personal o porque es el nuestro un país de poetas?

Al comienzo fue la poesía, por lo cercano. Luego vinieron los narradores y finalmente los ensayistas. Cada vez publicamos menos poetas porque ya compartimos a los más –injustamente- olvidados.

 De alguna manera también haces arqueología literaria cuando rescatas obras del olvido, como la novela La Sangre, de Tulio Cestero, publicada hace ya cien años. 

Trataremos de recuperar textos que la facilonería de la crítica dominicana ha olvidado, muchas veces conscientemente. Sufrimos un canon impuesto por dos o tres “maestros” que entre ellos se han pasado las mismas bolas. Quien se desinforma o deforma es el lector, los estudiantes, la crítica que emerge. Los nombres esenciales que hemos puesto sobre el tapete son autores prácticamente inexistentes, como Manuel Zacarías Espinal o Ricardo Pérez Alfonseca, aparte de Sánchez Lamouth. También recuperamos otros ámbitos de “autores consabidos”, llamando la atención, por ejemplo, a la narrativa de Fabio Fiallo y Tomás Hernández Franco.

Dime, ¿qué juicio te merece la novelística dominicana actual?

La novelística actual es lo más pobre que tenemos. La mayoría de los textos son como sacados de una licuadora llamada Alfaguara, Santillana, o los autores best-sellers. A los novelistas dominicanos les falta sincerarse consigo mismos y con su espacio más cercano.

Noto, sin embargo, que en el catálogo de Cielonaranja hay poquísimos autores contemporáneos. ¿A qué se debe? ¿Desolación de la literatura?

Los pilares son los autores contemporáneos. En 1985 estuvo Martha Rivera-Garrido, en 1990 Sandy García, en el 2003 Homero Pumarol y en el 2013 Frank Báez. En 1985 también publicamos “Reunión de Poesía, Poetas de la Crisis”, que fue la primera compilación de los entonces poetas más jóvenes y rompientes. Ahora acabamos de recuperar la narrativa completa de Antonio Lockward Artiles. La coronación de todo es un libro de Sherezada –Chiqui- Vicioso, “Miradas caribeñas”, un hermosísimo libro donde por primera vez se trata desde nuestra media Isla la cuestión de género literario en el Caribe.

Una información práctica: ¿dónde se pueden adquirir los libros que editas?

Hay dos vías: Amazon y conmigo. Hay más de setenta de nuestras publicaciones en esa página de internet. Conmigo es bien fácil: sólo me escriben y si estoy en la Isla, entonces los libros se producen, se venden en las Fiestas del Libro Cielonaranja que organizamos. Rimbaud decía que el siglo XIX era un “siglo de manos”. Nosotros somos una editorial que sólo quiere ir “de mano en mano”. Por eso la rareza de todo…

(El catálogo se publica en el enlace "Documentos")

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