Lo que pienso

Es la manera como yo veo el mundo y lo que en él acontece. Es como evalúo mi entorno, sin juzgarlo. Son mis convicciones. Es, sencillamente, lo que pienso.

Festejos taurinos, salvajes y crueles

Lo que para mi padre representaba un paseo, una diversión, un motivo de compartir, a mí me parecía todo un salvajismo por demás cruel, que me torturaba.

Siendo muy niña me veía precisada a asistir a los festejos taurinos que se celebraban entonces en la Feria Ganadera.

Mi padre daba por hecho que yo los disfrutaba. Nunca me preguntó y tampoco se me ocurrió decírselo. Veía que todos lo asumían como algo normal. Aplaudían, evidencia clara de que era un gozo para ellos. A mí me parecía horroroso. Primero, lidiar con el tumulto.  Mi papá se veía obligado a llevarme en brazos porque sentía que me faltaba el aire. Mi rostro (y por ende mi respiración) se agolpaba con los muslos y abdómenes de los adultos que se amontonaban a la entrada y la salida de la plaza donde la gente iba a deleitarse viendo a esos animales desangrarse con cada estocada propinada por el torero.

Lejos de enfocarse en medidas de seguridad para disminuir el riesgo del público que asiste, debería trabajarse en la eliminación de tan antigua tradición por mucho público que atraiga

Esta antigua expresión de la cultura hispana, espectáculo de masas en España y otros países, uno de los más antiguos del mundo, que finaliza con la muerte del animal, es para mí un acto de salvajismo, brutal y muy cruel, que tiene como único fin demostrar la valentía y coraje del torero. La bestialidad del hombre en su máxima expresión,  aplaudida como si de una proeza se tratara. Una incitación pura a la violencia.

Desde entonces, esta representación de lidiar toros que se remonta a la Edad de Bronce, me parece un salvajismo, una provocación innecesaria que en la actualidad debería ser abolida. De hecho despierta polémica entre sus partidarios y sus detractores. Para mi resulta un crimen coronado con aplausos del público que se regocija con cada agresión propinada al animal, con cada herida que sufre el toro.

Casi 50 años separan mi memoria de niña de lo que hoy leo en el periódico español El País: nueve personas han muerto este verano durante los encierros y festejos taurinos que todos los años se reproducen por distintos municipios de España.

Según Europa Press, cerca de 70 muertos se han registrado en los últimos 15 años. Los años que más víctimas registraron fueron 2009 (diez) y 2012 (ocho).

Reportaba el diario que una exhibición de recortes de vaquillas en Lerin (Navarra) se cobró la última víctima, un hombre de 29 años, que sufrió una cornada en el abdomen después de resbalar en la arena.

Comparado con años anteriores, durante este el número de fallecidos ha sido elevado y eso ha reabierto el debate sobre la seguridad en estas celebraciones. Hay quienes abogan por su supresión.

Se cuestiona también el método utilizado para sacrificar el animal.

El referido diario reseña que en Pamplona, meca de los encierros taurinos, la seguridad se ha convertido en las últimas décadas en una de las obsesiones de los equipos de gobierno. Que la fiesta y el consumo de alcohol que precede a las carreras, que llega a concentrar a cerca de 17 000 personas en un solo encierro- el 54% de los participantes son extranjeros reseña El País- han derivado en una amplia normativa municipal que sanciona a los imprudentes. Imprudencia es la celebración, a mi entender.

La edición de 2015 dejó diez heridos por asta de toro y 42 traslados hospitalarios.

Al parecer la denuncia por estos festejos que incitan a la violencia poniendo en peligro la vida de las personas y los animales, se quedan en mera denuncias tal y como se queja la presidenta del Partido Animalista, en España, Silvia Barquero.

Pienso que resulta innecesario el maltrato al que son sometidos estos animales hasta el punto de dar con su muerte. Lejos de enfocarse en medidas de seguridad para disminuir el riesgo del público que asiste, debería trabajarse en la eliminación de tan antigua tradición por mucho público que atraiga. Los tiempos cambian y algunas tradiciones deberían cambiar también.

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Sobre la autora

Periodista. Ha laborado en los principales medios escritos del país. Fue editora de la revista Madre Única editada por Editora AA y miembro del cuerpo de redactores fundadores de Diario Libre. Especializada en la entrevista, recopiló las publicadas en la revista Rumbo y en el periódico Listín Diario en un volumen titulado "La palabra de los sueños".