Lo que pienso

Es la manera como yo veo el mundo y lo que en él acontece. Es como evalúo mi entorno, sin juzgarlo. Son mis convicciones. Es, sencillamente, lo que pienso.

¿Muere con nosotros nuestra vida digital?

La mayoría de los usuarios de las redes sociales son jóvenes por tal razón pocos piensan qué pasaría con toda la información que allí se maneja el día que morimos. Esto no es todavía motivo de preocupación. En unas cuantas décadas, cuando estos jóvenes comiencen a envejecer habrá muchas cuentas de gente fallecidas. Talvez, allí nazca la preocupación. Para entonces regirán otras regulaciones distintas a las que rigen hoy.

Recomendable sería dejar todo en orden. De hecho, hay páginas y compañías que se ocupan de dar las pautas de lugar. O bien dejar establecido en un testamento a nivel legal qué queremos se haga con la información que dejamos en la red.

Más tarde o más temprano, para bien de todos, nuestra información servida en la red desaparecerá con nuestra muerte, por lo que no debería ser de gran preocupación su paradero final

Pero, ¿a dónde va a parar nuestra información de la red el día que ya no estemos vivos? Esta pregunta me la hizo mi nieto y yo, al no tener respuesta inmediata ante semejante inquietud, procedí a buscar respuesta precisamente en la red.

Muy basta toda la información que en este sentido encontré, la que comparto con mis lectores.

Entre un servicio y otro, las políticas difieren. Algunos tienen como norma eliminar la información transcurrido un tiempo.

El gigante Google da como posibilidad facilitar el acceso a la cuenta luego del fallecimiento, si se le ha requerido. Ese requerimiento deberá hacerse previamente con la documentación que lo avale como el documento de identidad personal y el vínculo con el difunto. El proceso abarca una orden judicial, lo que aun así no garantiza que Google entregue la cuenta. Este proceso es el mismo para los demás servicios que ofrece Google con ciertas modificaciones.

En Facebook, dado que la información en su mayoría se comparte, a la vista de muchos, la situación es distinta. Si se certifica el deceso, los familiares y relacionados pueden sugerir  una “cuenta conmemorativa”. Solo eso. No pueden mostrarse los contactos ni actualizarse el estado. La privacidad establecida en vida queda intacta así como  los contactos que ya estaban en la cuenta, quienes podrán escribir en recuerdo de la persona que se ha ido. Las cuentas de Facebook no expiran. 

En Twitter no hay perfiles conmemorativos y la cuenta seguirá apareciendo en las sugerencias de a quién seguir. Da la opción a un familiar o persona autorizada para solicitar un backup de la información pública y desactivar la cuenta. No así facilitar los datos de acceso.

En Gmail  si no usas tu cuenta por nueve meses, es eliminada.

Y aunque la mayoría no planifica estas cosas, si se ha tomado alguna acción previa al deceso, como dejar la clave a alguien de confianza, esto implicaría un riesgo porque sería suplantar al usuario original, lo que en términos del servicio está prohibido.

Con Hotmail y Outlook, luego del deceso deberán pasar 270 días sin que nadie acceda a tu cuenta de email para inactivarla comenzando a rechazar los correos que entren. Toda la información se elimina. Con la documentación de lugar, Hotmail y Outlook facilitan una copia en DVD de todos los emails y contactos del fenecido pero no sus claves.

Yahoo! elimina las cuentas a los 4 meses de inactividad. A menos que no sea el dueño, no entrega documentación alguna de sus cuentas. En cambio se puede solicitar el cierre de la cuenta con menos requerimientos que el resto.

Más tarde o más temprano, para bien de todos, nuestra información servida en la red desaparecerá con nuestra muerte, por lo que no debería ser de gran preocupación su paradero final. Aun así, no compartamos nuestros secretos por la red. Por más seguridad que piense se pueda tener.

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Sobre la autora

Periodista. Ha laborado en los principales medios escritos del país. Fue editora de la revista Madre Única editada por Editora AA y miembro del cuerpo de redactores fundadores de Diario Libre. Especializada en la entrevista, recopiló las publicadas en la revista Rumbo y en el periódico Listín Diario en un volumen titulado "La palabra de los sueños".