Lo que pienso

Es la manera como yo veo el mundo y lo que en él acontece. Es como evalúo mi entorno, sin juzgarlo. Son mis convicciones. Es, sencillamente, lo que pienso.

El tiempo pasa, y no de largo

La obsesión de muchas personas con poder ralentizar el paso del tiempo para evitar envejecer está alcanzando niveles insospechados.

Confieso la desagradable sorpresa que me produjo ver en la prensa internacional la transformación sufrida en el otrora bello y singular rostro de la actriz Meg Ryan.

Hoy resulta imposible reconocerla, completamente distinta y no necesariamente mejor por más que le hayan estirado su piel en aras de borrar las inclemencias inevitables que nos deja el paso de los años.

Lo mismo ha ocurrido con la actriz Renee Zellwegger quien era dueña de un particular rostro que  me parecía fenomenal.

Celebro la vida junto a mis seres queridos, arrugas y flacidez incluidas. Eso es lo que verdaderamente me importa.

 Mujeres que, entiendo, dependen de su apariencia física, desean lucir tan perfectas y demuestran tanto temor a las secuelas del tiempo en nuestro aspecto que terminan recurriendo a cirugías y procesos  que prometen rejuvenecer a costa de perder por completo su personalidad.

Debemos saber envejecer con dignidad,  aceptar el paso de los años sobre nuestra piel. Asumirlo con valentía y entereza.  Siendo honestas,  no es motivo de celebración descubrir arrugas ni pieles flácidas,  pero todo va a depender de nuestra madurez emocional. De ella dependerá la manera en que lo asumimos. Lo que verdaderamente debe importarnos es estar satisfechos con lo que hemos hecho con nuestras vidas llegado el momento de las canas, las arrugas y las pieles flácidas. Si estamos en paz y con nuestra conciencia tranquila, el envejecimiento no debe ser motivo de afán, ansiedad o, en el peor de los casos, depresión.

Nuestro bienestar emocional no puede depender jamás de lo físico, de  las apariencias, este se consigue trabajándonos internamente. No es el botox, ni las cirugías de estiramiento los que nos van a proporcionar felicidad, no.

Si las canas y las arrugas las asumimos como la coronación de los años vividos, bienvenidas sean esas arrugas, esas canas, esa flacidez.

No podemos estar haciendo el ridículo, mucho menos competir con los años, como si fuesen nuestros enemigos. Vamos a hacerlos nuestros mejores aliados. Hay que sacarles provecho. Cada edad tiene su encanto, basta con descubrirla para poder disfrutarlas.

Ser madre a los 21 años como fue mi experiencia fue fantástico pero tener un nieto de once cuando casi cumplo los 56, es toda una bendición. Una fortuna. No importa cuántas arrugas nuevas me acompañen  ni cuan flácida se ponga mi piel, por más que me ejercite. La realidad se impone. Los años pasan, y no de largo, como dice Miguel Bosé. Pero hay tantas cosas que se disfrutan con el paso de los años y no necesariamente tienen que basarse en lo físico. No.

Yo pienso que esas personas que se enfocan en la apariencia, artistas o no, están muy vacías,  suelen ser gente muy insegura, con una baja autoestima.

 No se sienten realizadas, no están satisfechas con lo que han hecho con sus vidas llegado el momento de mirar hacia atrás. Pero eso no cambia transformando su rostro. No.

Qué pena da ver este comportamiento tan generalizado entre la gente de cualquier parte del mundo. Si basta con ser moderados y observar hábitos saludables para proyectar una imagen armoniosa y acorde con nuestros años, que es lo que al final proyecta bienestar físico y mental.

Los únicos beneficiados de esta moda loca de transformación es la industria de la estética, los cirujanos plásticos y afines, empeñados cada vez más en trabajar la apariencia. Solo eso, la apariencia. No olvidemos el sabio refrán: “la apariencia engaña”. No hay nada mejor que la autenticidad. Celebro la vida junto a mis seres queridos, arrugas y flacidez incluidas. Eso es lo que verdaderamente me importa.

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Sobre la autora

Periodista. Ha laborado en los principales medios escritos del país. Fue editora de la revista Madre Única editada por Editora AA y miembro del cuerpo de redactores fundadores de Diario Libre. Especializada en la entrevista, recopiló las publicadas en la revista Rumbo y en el periódico Listín Diario en un volumen titulado "La palabra de los sueños".